Día de la marmota en las conversaciones de Abu Dabi sobre Ucrania
«Los temas complicados se mantienen; Ucrania confirmó una vez más su posición sobre el Donbás». Con esta sucinta frase, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, corroboró que las conversaciones tripartitas con representantes de Rusia y EEUU para un cese de las hostilidades y que han tenido lugar esta semana en Abu Dabi siguen estancadas, sin que se vislumbre luz alguna al final del túnel. Y pese a constatar que, de momento, siguen existiendo distancias insalvables entre ambos bandos, se ha convocado ya una nueva ronda negociadora bajo el mismo formato, que se celebraría la semana que ahora arranca en Miami (EEUU). Muchos observadores se preguntan por la razón que está empujando a ambos bandos a continuar negociando en un marco de bajas expectativas y mínimas posibilidades de obtener algún resultado concreto, más allá de acuerdos para la liberación de prisioneros de guerra.
[–>[–>[–>«Las conversaciones son en realidad una puesta en escena en la que todos participan», valora para EL PERIÓDICO Peter Zalmáyev, director de Eurasia Democracy Initiative, una organización sin ánimo de lucro con sede en Nueva York dedicada a la promoción de la democracia y el estado de derecho en las sociedades poscomunistas. En su opinión, ello sucede porque ninguno de los dos bandos, por diferentes razones, puede permitirse romper la baraja, y prefieren mantener su presencia en ellas evitando negociar lo que denomina este analista como el «nudo gordiano«, es decir la cuestión territorial, un «tema intratable» por el momento, valora el experto.
[–> [–>[–>En el caso de Rusia, valora Zalmáyev, Putin sigue considerando que puede lograr sus objetivos en Ucrania «por la vía militar«, que eventualmente el Ejército ucraniano «se desmoronará» o que los habitantes de Kiev se levantarán en algún momento contra Zelenski, hartos de soportar el frío y las privaciones. Pero a juzgar por las encuestas, el líder del Kremlin no está obteniendo los resultados esperados, sino que, más bien, el efecto está siendo el contrario. Según un sondeo reciente difundido por ‘Kyiv Independent’, un 65% de los encuestados están dispuestos a continuar afrontando la guerra «cuanto sea necesario», en comparación con el 62% registrado en diciembre y el 54% del pasado marzo.
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Al igual que la delegación rusa, los representantes ucranianos tampoco abandonan la negociación, porque EEUU sigue teniendo un papel fundamental para apuntalar la defensa del país ante la invasión rusa. «EEUU sigue enviando armas que compran los europeos, además de compartir inteligencia con los ucranianos; Zelenski no se puede permitir alienar a Trump», continua Zalmayev.
[–>[–>[–>Datos concluyentes
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Los datos son concluyentes, y pese a los anuncios de nuevas rondas negociadoras, el escepticismo está firmemente anclado entre la población ucraniana. De acuerdo con el mismo sondeo citado anteriormente y realizado a finales de enero, un 43% de los ucranianos descarta que 2026 sea el año en que acabe la guerra, 14 puntos por encima de la cifra registrada el pasado diciembre. Un 18% cree que el cese de hostilidades podría producirse a mitad de año y un 20%, en la segunda mitad del ejercicio en curso. Con todo, el calendario electoral estadounidense podría acabar influyendo en el desarrollo de los acontecimientos. Tal y como ha revelado el presidente ucraniano, Trump quiere alcanzar un acuerdo de paz antes del mes de junio, con la esperanza de que un eventual cese de hostilidades en Ucrania tenga un resultado positivo en las perspectivas electorales del Partido Republicano de cara a las elecciones legislativas de medio mandato en EEUU, que podrían entregar el control de la Cámara de Representantes e incluso del Senado al Partido Demócrata.
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El escepticismo de la ciudadanía está basado en la extendida creencia de que ninguna cesión territorial frente al invasor será suficiente para saciar al Kremlin, y en particular al presidente ruso. «Para Putin no es una cuestión territorial, todo esto es un juego táctico; cuando obtenga el Donbás, añadirá Zaporiyia, y después Khersón: su objetivo es lograr cerrar la salida al mar a Ucrania», continúa. Solo podría contentarse y ordenar a su Ejército que cese de disparar si Ucrania se quedase reducida a un pequeño estado sin salida al mar, «como Eslovaquia, formado por la región de Galizia, los Cárpatos y la ciudad de Lviv», concluye Zalmayev.
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[–>Las recientes conversaciones de Abu Dabi han sufrido un sobresalto con el atentado contra la vida del teniente general Vladímir Alekséyev, vicejefe del GRU, el temido servicio de inteligencia militar, quien fue alcanzado por varios disparos el pasado viernes cuando salía de su apartamento en un edificio de la carretera de Volokolamsk, en el noroeste de Moscú. El último parte médico señala que el militar ha sido operado y ha recuperado la consciencia, y no se teme ya por su vida. Se da la circunstancia, tal y como recuerda a EL PERIÓDICO Andréi Kalitin, periodista de la publicación independiente rusa ‘Nóvaya Gazeta’, de que el superior de Alekséyev es precisamente Ígor Kostyukov, al frente del GRU y líder de la delegación rusa que trató con Ucrania esta misma semana, por lo que se ha especulado que ambos acontecimientos pudieran estar relacionados. El ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, ha acusado a Ucrania de intentar sabotear las conversaciones con esta acción, mientras que el bando ucraniano atribuye extraoficialmente el atentado a contenciosos internos en la élite que gobierna Rusia.
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