la trayectoria internacional de la química Raquel González de Vega
Raquel González de Vega nació en Avilés, aunque su trayectoria personal y profesional la ha llevado a recorrer medio mundo. Tras pasar una etapa en Alemania y otra en Australia, esta experta en Química Física y Analítica ahora lleva cuatro años asentada en Austria, donde desarrolla su carrera científica. Casi coincidiendo con la conmemoración del Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, ha recibido el prestigioso galardón «Spirit of Styria» en la categoría de Investigación Aplicada por su trabajo sobre la presencia e impacto de los microplásticos en el medioambiente, especialmente en el agua y en los sedimentos.
[–>[–>[–>El reconocimiento es una iniciativa de la revista «Spirit of Styria», que «trata de promover y dar visibilidad al papel de las mujeres en este ámbito», cuenta la galardona. Para González de Vega, que su trabajo reciba este respaldo supone también «dar un impulso a una línea de investigación cada vez más relevante a nivel internacional». El proceso hasta alzarse con el premio no fue inmediato. Primero fue seleccionada como nominada y después tuvo que pasar por una doble evaluación: la votación del público y la deliberación de un jurado especializado compuesto por profesionales del ámbito científico y empresarial. Este martes, durante el evento de entrega de premios, se enteró de que era la ganadora: «Es un honor y un gran reconocimiento a mi carrera y a todo el trabajo que he hecho».
[–> [–>[–>Que la entrega de los galardones coincida con esta fecha señalada «puede que sea algo más simbólico que otra cosa, pero es evidente que es necesario que se siga promoviendo la ciencia en las escuelas y que las niñas puedan verse más interesadas por este mundo», afirma. «Es fundamental que existan referentes visibles y cercanos que ayuden a romper estereotipos y a demostrar que la investigación científica es un camino posible y apasionante para las mujeres», sostiene.
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Una química muy antroxera
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Más allá de su faceta investigadora, González de Vega presume con orgullo de sus raíces avilesinas. Desde que era muy pequeña, recuerda que «mis padres me enseñaron que el Antroxu en Avilés es grande y hay que vivirlo«. En su casa, el Carnaval siempre fue una cita ineludible marcada en rojo en el calendario. Siempre le gustó mucho disfrazarse y disfrutar de «el ambiente que hay en la calle, que la gente se involucre tanto en la fiesta y que desde días antes ya se huela a carnaval con los avilesinos creando y fabricando todos los artilugios con los que participarán en el Descenso de Galiana».
[–>[–>[–>Para ella, el Antroxu no es solo una fiesta, sino una forma de identidad colectiva, una tradición que combina creatividad, humor y convivencia. Guarda con especial cariño los recuerdos de su infancia y adolescencia recorriendo las calles llenas de color, música y espuma.
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Además, González de Vega protagonizó un hecho casi histórico para el Carnaval avilesino. En 1993 participó en el videoclip del himno del Antroxu, que se estrenó en la extinta cadena local Canal 21. Sale junto a su hermana gemela, Claudia González de Vega, y el «culpable» de su irrupción televisiva fue de su tío. «Formar parte del vídeo fue una gran experiencia para poder hablar sobre el Antroxu», admite. Aquel rodaje fue, recuerda, una aventura divertida que les permitió sentirse parte activa de la promoción de una celebración que ya entonces vivían con entusiasmo.
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[–>Desde que se mudó al extranjero no ha podido venir a celebrar el Antroxu «más que un par de veces». La distancia y los compromisos laborales no siempre se lo permiten, aunque intenta mantener el vínculo con su ciudad. Sin embargo, procura venir «siempre que puedo, me gusta mucho hacer este tipo de escapadas». Cada regreso es una reconexión con su gente, sus calles y sus tradiciones.
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La última vez que pudo disfrutar de esta celebración fue hace cuatro años y lo vivió «como si fuera una niña otra vez», disfrutando, cómo no, del Descenso de Galiana: «Ya no me meto como antes pero sí lo veo desde fuera lo sigo disfrutando tanto como entonces», asegura entre risas. Aunque su vida esté ahora en Austria y su día a día transcurra entre laboratorios y proyectos de investigación, Raquel lleva el Antroxu muy presente, como una parte inseparable de su historia personal.
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