El voto del comprador
Votar periódicamente es uno de los principios de la democracia, aunque no es el único. Vivimos en un período especialmente complicado para que se cumplan todos los elementos de este sistema de gobierno, que como es conocido por la frase atribuida a Winston Churchill (1874-1965), se trata del peor de los modelos de gobernanza, si exceptuamos todos los demás. Existen varios tipos de votación (presencial, por correo, telemática) y de voto (válido, nulo, en blanco) y actualmente disponemos de un nuevo sistema, en este caso indirecto, pero de gran eficacia electoral. Se trata del voto del comprador.
[–>[–>[–>Es evidente que nos movemos en una sociedad donde la mayoría de acontecimientos giran alrededor del consumo. Incluso elementos tan esenciales como la educación o la salud, no están exentos de un elevado grado de consumismo. Las fechas más personales (aniversarios) o sociales (Navidad) se han convertido en una incitación para adquirir, sea lo que sea. La globalización, unida a la facilidad de circulación del dinero, los desplazamientos masivos de las personas, la gran diseminación de la información y la deslocalización de los canales de producción, han hecho que comprar sea una cosa sorprendentemente fácil. La publicidad, en sus diferentes formas, es el gran inductor de esta fiebre consumista. Por todo ello, el voto del comprador es una manera de elegir, mucho más fácil que depositar una papeleta en una fecha determinada. Comprar o no comprar, «that is the question».
[–> [–>[–>No adquirir determinados productos fabricado en ciertos países o por algunas empresas, puede convertirse pues en una clara manifestación pública frente a algunas decisiones políticas. Valga el ejemplo de alguien que quiera preservar el medio ambiente y decida no consumir artículos con alta capacidad de contaminación. O quien crea que cargar el precio con aranceles es una práctica abusiva y decida no adquirir las mercancías elaboradas en el país que los procura, por no mencionar aquellos objetos que han sido manufacturados bajo una evidente explotación laboral o infantil, para mayor vergüenza. Sin duda, estas decisiones pueden tener una gran repercusión en las ventas y en la economía que las sustenta. En mi opinión se trata de una manera muy sencilla y práctica de ejercer el voto, que deberíamos tener muy en cuenta y practicar con mayor frecuencia, ya que no depende de una fecha concreta.
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Sin embargo, el sistema neocapitalista que nos envuelve se protege magníficamente de estas posibles decisiones y ha aprendido a disfrazar el nombre, la ubicación y la titularidad de las grandes empresas, bajo diferentes banderas. Por no citar la gran dispersión del capital entre entidades que abarcan todas las facetas del consumo. La vieja consigna de no depositar todos los huevos en el mismo cesto, se cumple sobradamente en la actualidad ¿Alguien conoce al dedillo a los principales accionistas de las multinacionales que nos rodean? ¿Acaso los denominados «fondos buitre» no son los dueños de muchos de los productos que usamos a diario? Para algunos ciudadanos de ciertas zonas de España, resulta imposible levantarse, desayunar, moverse hacia el trabajo y conectarse con el mundo, sin haber contribuido reiteradamente a los beneficios de determinadas entidades. Agua, electricidad, gas, autopistas, conexiones informáticas, etcétera, pertenecen a diferentes empresas, agrupadas bajo denominadores bancarios comunes.
[–>[–>[–>La razón fundamental de recordar la fuerza de nuestro voto de comprador reside, como mencionaba anteriormente, en ejercerlo frente a los abusos manifiestos y conocidos que nos rodean. Este voto silencioso es tremendamente eficaz. No existe campaña publicitaria que logre neutralizar los efectos de una abstención reiterada en la compra de todo lo que atente contra la verdad, la justicia y la paz entre las personas. Disponemos de información suficiente para dirigir el voto de castigo frente a los abusos de ciertos países y algunas multinacionales desprestigiadas por sus acciones. Bienvenido sea el partido político que mantenga activas las fuentes de datos sobre la procedencia de ciertos productos de consumo. Por otra parte, la compra de proximidad favorece la integridad de nuestros barrios y ciudades, a la vez que hace más humana la vida cotidiana.
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La gran fuerza que se opone a nuestras decisiones en este terreno, está encerrada en las diferentes formas que adquiere la publicidad. Sin ir más lejos, en el mundo artístico se impone el denominado «music branding», que no es más que una estrategia de comunicación que emplea la música para desarrollar una marca única que conecte emocionalmente con el público. Los sonidos se utilizan para generar una conexión entre el producto que quiere venderse y el consumidor. Se trata de hacernos llegar la idea de que lo que vamos a comprar está pensado personalmente para cada uno de nosotros y constituye un buen ejemplo de publicidad engañosa que favorece la adquisición. Esta técnica contiene lo que se denomina las «5Cs» de la venta (contenido, confianza, consistencia, coherencia y constancia) y ha demostrado sobradamente su éxito comercial. Sirva el ejemplo de la presentación pública del nuevo disco de Rosalía para valorar todas las consecuencias, no sólo musicales, de este procedimiento. En cualquier caso disfruten, en lo posible, del elevado fondo artístico de esta estrella de la música actual.
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