No puedo ir al Parlamento y romper raquetas
Hubo un tiempo en que marat safin Era la encarnación perfecta del tenista impredecible: enorme talento, un físico imponente y un carácter volcánico que transformaba cada partido en un espectáculo.
Fue número 1 del mundo, campeón de Abierto de Estados Unidos 2000 y de Abierto de Australia 2005y dejó una huella imborrable tanto a través de sus victorias como a través de sus arrebatos de ira y las más de mil raquetas que destruyó a lo largo de su carrera. A los 29 años, agotado física y mentalmente, decidió abandonar el circuito mientras aún podía seguir compitiendo, fiel a esa personalidad radical que marcó toda su carrera.
Lo que pocos imaginaban entonces era que los rusos acabarían sustituyendo el tribunal por la cámara. Años después de decir adiós al tenis, Safin dio un giro inesperado en su vida y se presentó a las elecciones legislativas de 2017. Rusiaentrando al Duma estatal bajo los auspicios del partido de Vladimir Putin.
El propio Safin ha explicado en repetidas ocasiones el shock que supuso esta transformación. «Cuando eres tenista y tienes una profesión completamente diferente, especialmente como funcionario del gobierno, es un gran cambio», admitió, hablando de sus primeros meses en la Duma.
Acostumbrado a un mundo en el que todo giraba en torno a él, el próximo torneo y el próximo rival, tuvo que adaptarse a reglas, protocolos y jerarquías muy distintas a las del vestuario.
Marat Safin, tenista ruso.
EFE
En este paso de «loco del raqueta» a político disciplinado dejó una frase que define perfectamente su nueva vida: «No puedo ir al Parlamento y romper raquetas, tengo que ser político y educado».
Safin siempre se ha definido como alguien que tiene su propia opinión y no tiene miedo al qué dirán. «Soy un tipo inteligente y tengo mucho que aportar y muchas ideas sobre cosas y qué hacer. Estoy muy comprometido con ello», dijo cuando se le preguntó por qué decidió dedicarse a la política.
Para él, no se trataba sólo de sacar provecho de su fama como ex deportista, sino de influir en un sistema que conocía «desde fuera» y al que, según sus propias palabras, había llegado con la intención de aprender «cómo funciona realmente».
Este compromiso también tuvo un contexto biográfico. En varias entrevistas recordó lo difícil que fue abrirse camino en sus primeros días en Rusia: «Era realmente imposible abrirse camino: no podíamos comprar pelotas, no teníamos canchas, ni raquetas, ni nadie con quien entrenar», explicó recordando su adolescencia antes de partir a España en busca de mejores condiciones.
A lo largo de los años, Safin teje una vida híbrida entre deporte y política. Paralelamente a su paso por la Duma, en 2025 se incorporó al equipo técnico de Andrei Rublevregresando al circuito ATP desde el banquillo y aportando su experiencia a la nueva generación rusa.
Hoy, a sus 46 años, la imagen de Marat Safin sentado en su asiento, escuchando discursos y negociando comisiones, contrasta con la del joven furioso que destrozó sus raquetas en Melbourne o Nueva York. Pero en el fondo, la historia es la misma: un tipo que no soporta la mediocridad y que prefiere arriesgarse a cambiar su vida antes que vivir de recuerdos.
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