SECUESTRO EN MURCIA | El ángel de la guarda de Salma: «Llegó a mi casa toda llena de sangre, no hay un centímetro de su cuerpo en el que no tenga un golpe»
«Salma es una criaturita. Yo soy mayor que ella 30 años y la tengo como si fuera mi hija. Cuando la pandemia, lo estaba pasando tan mal la ‘pobretica’… se quedó sin trabajo, no podía pagar el alquiler… y ahí fue cuando la conocí y desde entonces la estoy intentando ayudar con lo que puedo». Así comienza su relato Juan, el hombre al que acudió la mujer que pasó casi dos años secuestrada en una casa de la huerta de Murcia cuando pudo saltar el muro y liberarse.
[–>[–>[–>Juan explica a La Opinión que antaño, cuando Salma «se recompuso un poco y encontró trabajo», continuaron el contacto por teléfono, «pero, desde hace como un par de años, la llamaba y no me contestaba». «Yo pensé ‘qué cosa más rara, qué cosa más rara’… Pero lo que menos podía pensar era lo que estaba viviendo la ‘pobretica’».
[–> [–>[–>Se refiere al calvario que esta mujer de 38 años ha relatado haber sufrido: palizas constantes, agresiones sexuales y amenazas de muerte a ella y a sus allegados por parte de un sujeto al que Juan define como «psicópata» y que ya duerme en el penal de Sangonera, al cual lo mandó la jueza.
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«Ella no quería denunciarlo, estaba aterrorizada porque la amenazaba con matar a sus padres»
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«Si yo lo estoy intentando asimilar, imagínate cómo estará Salma. Tiene que tener un trauma ya para toda la vida», reflexiona Juan, que es consciente de que a su amiga «le va a costar mucho trabajo recomponerse».
[–>[–>[–>El hombre, de 69 años, rememora qué pasó el martes, cuando sonó el timbre de la casa de Murcia en la que vive solo desde que enviudó y se encontró con su antigua amiga (que no pareja, afirma que lo que siente por ella es paternal). «Miro por el telefonillo, por la pantalla, y veo una capucha, una persona pequeña con capucha, pero no le veía la cara. Me dice: ‘Juan, soy Salma’, pero no le salía la voz del alma, del cuerpo».
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«Tómate un Orfidal»
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«Y cuando la veo, cuando sube al piso y la veo… iba toda llena de sangre, chorreando sangre por la cabeza, mareada, turbada… Y viene la criatura y me dice: ‘Juan, es que no sé a dónde ir’», relata.
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[–>La víctima, prosigue el sexagenario, aconsejó a su amigo: «Tómate un Orfidal por lo que te voy a contar». «Sabe que yo también tengo ansiedad», comenta.
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«Tenía tres cicatrices en la barriga de tres cuchilladas que le curó él mismo para no llevarla al médico»
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Salma fue desgranando a su salvador todo lo que había sufrido en la parcela de San José de la Vega, un suplicio que, al principio, «ella no quería denunciar, estaba aterrorizada porque le dijo que iba a matar a sus padres». Su captor «le había quitado toda la documentación, le había quitado el móvil y sabía las direcciones y los teléfonos de toda su familia», apunta.
[–>[–>[–>«Mátame a mí, pero a la gata no le hagas nada»
Juan acompañó a Salma a la vivienda de San José de la Vega porque a ella «le preocupaba su gatita». La mascota, de nombre Carlita, se había quedado aún cuando la mujer logró escapar, y lo que temía era que su captor le hiciese daño al animal.
«Él ya había destripado delante de ella a tres gatos», detalla Juan. Carlita, por fortuna, estaba bien, y ahora vive con el sexagenario en su piso, porque su dueña «en el centro de acogida no puede tener animales».
La gata «está todo el día durmiendo, también ha vivido estrés», comenta el hombre, que le ha instalado «un spa» en su piso.
«Si quieres mátame a mí, pero a la Carlita no le hagas nada», le gritaba Salma a su secuestrador, explica Juan, que ahora tiene «unas mantitas, todo» para cuidar al animal.
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Juan animó a la mujer a que fuese a la Policía, aunque, dado su estado, primero la acompañó al centro de salud. «Cuando llegamos y la doctora la ve, directamente llama a la Policía: se presentaron aquí tres coches en la puerta del ambulatorio», recuerda.
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Además, «cuando Salma se desnudó delante de la doctora, y ella vio cómo estaba, ella misma se echó las manos a la cabeza y la mandó al Reina Sofía. Estaba sangrando por la cabeza, le pusieron cuatro grapas», manifiesta.
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«No se trata de creerla, se trata de verla»
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«Tenía tres cicatrices en la barriga de tres cuchilladas que le había curado él mismo para no llevarla al médico, se las había curado a él. No tiene ni un centímetro del cuerpo sin un moratón, todo son moratones y golpes por todos lados», subraya el sexagenario, al tiempo que afirma que su amiga perdió la vista de un ojo porque el secuestrador «se lo reventó con una barra de hierro», mientras que, en otra ocasión, les estampó una guitarra en la cabeza «y tiene un hundimiento así como en un lado, como un hueco».
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Alberto SM, el sospechoso de secuestrar y violar a una mujer durante casi dos años en su domicilio de Murcia, es trasladado desde comisaría a la Ciudad de la Justicia, para comparecer ante la justicia / Israel Sánchez
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Juan no se explica que, pese a todo, haya quien pueda cuestionar el relato de Salma: «Si no se trata de creerla, se trata de verla. Y yo la vi en el centro de salud, la vi desnuda y tenía todo el cuerpo morado, ¿cómo no voy a creer su versión? ¿Y las cuchilladas en la barriga? ¿Se las ha hecho ella? Yo no sé cómo tienen el cuajo esta gente de defender a esta escoria, es que no lo entiendo», espeta, en referencia a comentarios que escuchó en los pasillos de la Ciudad de la Justicia, mientras aguardaba para declarar en calidad de testigo.
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«Solo quiero ayudarla»
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«Yo estaba escuchando, ellos no sabían quién era yo, y veo que un abogado dice que cómo iba a estar secuestrada, si la llevaron a curarle un ojo al centro de salud. No dijo nada porque fue con la cómplice (en referencia a María, la vecina de Alberto S. M., arrestada, libre con cargos y sospechosa de encubrimiento), que la detuvieron también», recalca Juan, que incide en que su amiga «no podía hablar, estaba amenazada, pero hacía gestos con los ojos a la doctora».
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El hombre, ángel de la guarda de Salma, tiene intención de seguir ayudándola. Además de ocuparse de su gata, Carlita, le ha dado ropa y «un poco de dinerito» para que vaya saliendo adelante.
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«Yo lo único que quiero es ayudarla, nada más que eso», insiste este vecino, que no reclama protagonismo «ni salir en la tele ni nada». «Yo me guío por mis sentimientos. Yo no soy ni mejor ni peor que nadie, pero tengo un sentimiento muy fuerte, y más con ella. La apreciaba muchísimo», sentencia Juan, al que le extrañaba «muchísimo» el silencio de la mujer. «Pensé que estaba en Marruecos con su familia, que ahí habría cambiado de teléfono y por eso no me contestaba. Pero me extrañaba muchísimo que ella no me hubiera dado señales de vida», comenta. «Ahora lo entiendo todo. Ahora me encaja todo…»
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