No es un bulo, ministro Albares
Esta semana borrascosa también ha dejado tormenta dentro de la sede del Ministerio de Exteriores en Madrid. José Manuel Albares y su equipo de comunicación han tenido un choque frontal con los corresponsales diplomáticos (los periodistas que siguen la actualidad de Exteriores) a cuenta de las presiones y el trato a los medios del ministro. El embate ha terminado con el amparo a los periodistas de la Asociación de la Prensa de Madrid y la Federación de Asociaciones de Periodistas de España. El asunto ha llegado al Congreso de los Diputados.
[–>[–>[–>Déjenme que se lo cuente cronológicamente, para que no se pierdan ningún detalle.
[–> [–>[–>3 de febrero. Palacio de Viana, residencia de Albares y el lugar donde suele recibir a sus homólogos extranjeros y otras autoridades. Los periodistas habían sido convocados a una rueda de prensa tras el encuentro del ministro con su homólogo griego, Giorgos Gerapetritis. Nadie esperaba nada especialmente noticioso de esa reunión. Pero era una ocasión especial: se trataba de la primera convocatoria de rueda de prensa en Viana en ocho meses, una interrupción sin explicación alguna por parte del Ministerio. En ese tiempo, Albares ha recibido a una docena de autoridades, incluidos ministros de Exteriores o el vicepresidente chino. Se han producido crisis internacionales relevantes, como Venezuela, Irán o Groenlandia.
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El equipo del ministro dio un solo turno de palabra. La periodista agraciada fue la corresponsal diplomática de Europa Press, que aprovechó para subrayar al ministro la anomalía: “Dado que es la primera rueda de prensa que tenemos con usted en ocho meses, me va a permitir que le traslade preguntas también de mis compañeros, esperando que desde ahora tengamos más ruedas de prensa”. El jefe de la diplomacia española despachó esas tres preguntas en 28 segundos y se fue, aparentemente enfadado. Poco después llamó al presidente de Europa Press para quejarse. Según las fuentes consultadas por este diario, conocedoras de primera mano, el ministro y su director de comunicación anunciaron a los directivos del medio que la periodista quedaba vetada desde ese momento. Para ella se hacía imposible, de hacerse efectivo ese veto, ejercer su trabajo.
[–>[–>[–>Los compañeros de Europa Press y el resto de corresponsales diplomáticos se solidarizaron con la agraviada. Empezaron a aparecer los primeros titulares sobre el choque. “Indignación de los corresponsales diplomáticos con Albares por pedir la cabeza de una periodista”, publicó El Confidencial Digital.
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6 de febrero. La Oficina de Información Diplomática (OID, una suerte de gabinete de prensa del Ministerio) difunde unas “fuentes de Exteriores” (una respuesta oficial achacable al departamento en su conjunto) en las que se lee: “Desde Exteriores no se ha pedido ni la retirada ni el cambio de sección de ningún periodista en ningún medio. Las convocatorias de Exteriores son, han sido y serán siempre abiertas y libres para el profesional que quiera acreditarse”. Esas fuentes no negaban que la llamada se produjera ni que en ellas se anunciara un veto. El hecho cierto es que ambas cosas ocurrieron.
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[–>9 de febrero. 14:15. La Asociación de la Prensa de Madrid publica un comunicado y un mensaje en X: “La APM denuncia las violaciones del Ministerio de Exteriores a la libertad de información. La Asociación condena los intentos de tratar de que determinados periodistas sean apartados de la cobertura de las actividades del Ministerio, así como las presiones y la actitud hacia los periodistas, que les impide ejercer su trabajo de informar”. La Federación de Asociaciones de Periodistas de España se suma al comunicado.
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Cuatro minutos después, el Ministerio publica este otro mensaje en la cuenta oficial en X: “Frente al bulo: datos y transparencia. En 2025, el ministro Albares realizó 80 atenciones a medios: 7 al mes. 138 entrevistas, a 45 medios distintos, españoles y extranjeros. Compareció 29 veces en el Parlamento”. De nuevo, no respondían a la crítica formulada: la suspensión durante ocho meses de las ruedas de prensa para los corresponsales diplomáticos. Es cierto que Albares se prodiga en los medios, especialmente televisiones y radios, en su mayoría públicas o de línea editorial afín, en entrevistas por presentadores generalistas. Pero limita drásticamente las opciones de preguntar y la información que transmite a los periodistas especializados, los corresponsales diplomáticos. No solo no hay ruedas de prensa. No hay briefings, casi no se da información por correo, se acosa a los embajadores o diplomáticos que hablan con los medios, se oculta la acción de los Secretarios de Estado. Del último viaje a India nos enteramos casi cuando estuvo allí, no se explicó en ningún momento para qué iba. En la cumbre con Marruecos en Madrid no permitieron preguntas en ningún momento, lo que también provocó las quejas de las asociaciones de periodistas.
[–>[–>[–>11 de febrero. La cuestión llega al Congreso. La diputada popular Cayetana Álvarez de Toledo critica al ministro durante la Sesión de Control: “La APM condena sus vetos y presiones a la prensa. Usted pidió la cabeza de una periodista. Usted se refugia en las redes”. El ministro responde: “Veo que usted se suma a los bulos. Ha sido desmentido por el Ministerio de Exteriores. En el Ministerio no se veta a nadie”.
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No es un bulo, ministro. Ejerció presión en contra de la periodista llamando a la dirección del medio. Y no es la primera vez que ocurre. Él lo sabe, lo sabe su equipo y lo saben los corresponsales diplomáticos.
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Hay mucho más. Los periodistas del ramo están al límite, sin distinción de la línea ideológica. El ministro ha cosechado muchos éxitos al frente del Ministerio, por ejemplo en la política hacia Gaza y la repercusión en los países árabes o la consumación de un acuerdo para derribar La Verja de Gibraltar. Es meramente un tema profesional, y de libertad de expresión, mermada. Es un tema de calidad democrática.
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Los periodistas ya pedimos a la Oficina de Información Diplomática en 2024, por carta, una serie de mejoras del trato del Ministerio hacia los medios: normalizar las ruedas de prensa, que se permita un número razonable de preguntas y derecho de repregunta; que se atiendan las peticiones de información en tiempo y forma; volver a los briefings informativos que solía hacer el Ministerio; retomar el envío de la agenda semanal de actividad del ministro; recuperar la interlocución directa con expertos del Ministerio (directores de área, embajadores, secretarios de Estado) sobre dosieres clave… Todo esto es habitual en los países más avanzados, del Estados Unidos de Trump a la Alemania de Friedrich Merz.
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¿Atenderá el ministro las reclamaciones de la prensa?
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