CARLOS TARTIERE OVIEDO EL MOLINÓN SPORTING
En el fútbol se habla a diario de traspasos millonarios, sueldos estratosféricos y polémicas arbitrales, pero a menudo se suele olvidar una parte esencial que no solo influye en el juego, sino también en la economía: el césped. Un elemento que, como se ha visto días atrás con el episodio de Vallecas que llevó a la suspensión del Rayo-Oviedo, puede ser un verdadero quebradero de cabeza para los futbolistas y sus clubes, sobre todo para los más humildes. Asturias no es una excepción y mantener los campos se ha convertido en un reto de supervivencia en el día a día: a los 25 equipos asturianos que juegan en las principales categorías (hasta Tercera Federación), cuidar sus campos les supone un importe total que supera los 1.846.677 euros anuales.
[–>[–>[–>Desde el millón de euros que invierte el Sporting entre El Molinón y Mareo para mantener sus instalaciones a los 6.000 que gasta el Praviano en cuidar su césped hay una gran diferencia. Como es obvio, los clubes dentro de la liga de fútbol profesional son los que más gastan en sus instalaciones. Uno de los motivos más evidentes son sus recursos disponibles, que influyen en el resto de áreas (maquinaria, empleados…), pero también las exigencias por parte de LaLiga y la televisión son mayores. «Los equipos de estas categorías tienen que cumplir una serie de normas de la UNE (Asociación Española de Normalización) tanto de construcción como de mantenimiento de sus estadios», establece Alejandro Lobato, ingeniero técnico agrícola de Urbaser, empresa que gestiona campos como Miramar o el Muro de Zaro. Lobato incluso afirma que los requisitos de LaLiga son mayores que los que marca la normativa UNE.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Para este técnico agrícola no existen grandes diferencias entre jardineros de equipos de Primera y los de Tercera. «Al final ellos ejecutan lo que diga el técnico, que es el especialista», aunque sí reconoce que hay más distinciones en los procedimientos y las posibilidades financieras de estos. «En los campos de los equipos que tienen medios las labores son diferentes por esa maquinaria tan específica y cara. Por ejemplo, las lámparas son un lujo«, expresa, a la vez que explica las grandes dificultades de los humildes. «Cuando tienes pocos recursos es complicado. Algunos equipos abonan solo una vez al año y en Primera se hace cada dos meses».
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La millonaria inversión del Sporting
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Uno de los clubes que más ha gastado en los últimos años ha sido el Sporting. Los rojiblancos han realizado picos muy importantes de inversión en conceptos de reparaciones, obras en el estadio, regeneraciones de terrenos de juego y adquisición de nuevos equipos como las lámparas de calor. Por ello, desde el club se estima que desde el inicio de 2023 hasta agosto del verano pasado, la inversión rozó los cuatro millones de euros en estos conceptos, sin contar el gasto de personal.
[–>[–>[–>Futbolistas del Deportivo Fabril, el pasado domingo, en Miramar. / Mario Canteli
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También el Real Oviedo ha realizado un importante desembolso en el cuidado de su terreno de juego. El club cifra el mantenimiento del césped El Requexón en unos 300.000 euros anuales y cuenta con hasta cuatro jardineros para que los cinco campos de su ciudad deportiva estén en las mejores condiciones posibles. Eso sí, el mayor gasto sigue siendo el Tartiere, que en los últimos años ha tenido una mejora sustancial en su terreno de juego. Para su mantenimiento, el club carbayón cuenta con la ayuda del Ayuntamiento, que aporta más de 167.000 euros anuales.
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Al bajar un peldaño hasta la Primera Federación la inversión es notablemente inferior. El Real Avilés estima un gasto anual de 55.000 euros en conceptos de personal (cuenta con dos operarios de jardinería), agua y tratamientos de césped para que el Suárez Puerta esté en las mejores condiciones posibles. Un importe que se reduce en las siguientes categorías. A partir de Segunda y Tercera Federación, las cifras se igualan y ya están muy lejos de las del fútbol profesional. Aquí entran en juego otros factores, como el tipo de césped (si es natural o no), si los campos cuentan con luz artificial y el gasto en otros conceptos como el personal, en muchos clubes mínimo. Por ejemplo, el coste de mantenimiento de Miramar asciende a unos 35.000 euros y el sueño de su presidente, Luis Gallego, es tener un terreno de juego como el de los grandes de Asturias. «Voy a Mareo o El Requexón y quedo bobo. Para poner uno como esos igual habría que invertir más de 100.000 euros», destaca el histórico dirigente marinista.
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[–>Gallego también explica las dificultades que tienen en Miramar en invierno. «No puedes hacer nada porque si metes las máquinas se quedan enterradas», y pone el foco en otro de los problemas que no se suele tener en cuenta: que afecta al estilo de juego. «Estando como está ahora nos perjudica porque tenemos un equipo muy técnico. Fuera de casa este año iríamos arriba y en casa estamos por abajo. Si jugásemos en El Requexón con Joaquín Delgado iríamos líderes», bromea. De Miramar a Les Caleyes la diferencia no es muy elevada. En Villaviciosa se destinan más de 30.000 euros al año, siendo la época veraniega la de mayor inversión, tal y como relata el presidente del Lealtad, Fran Cabal. «La obra del verano es donde más gastas. Tienes que pinchar, resembrar, poner arena de sílice… Arreglar un césped en esa época son unos 10.000 euros y es el gasto más grande», explica.
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El eterno debate: natural o sintético
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El debate entre el césped natural y el sintético sigue muy presente entre los clubes de fútbol asturianos y la división, tanto de terreno de juego como de opiniones, es palpable. La elección de la superficie no solo condiciona el juego, sino también la economía de las entidades y su día a día. En el grupo asturiano de Tercera Federación, ocho son los equipos que juegan en césped artificial y diez aún resisten en el natural, pese a su coste superior en lo económico y lo humano. «En el fútbol puedes enterrar muchísimo dinero en un campo. El caso es encontrar un equilibrio entre la categoría que estás, lo que pueda pagar el club y el nivel de exigencia que quieras tener», interviene de nuevo el ingeniero técnico agrícola Alejandro Lobato, quien destaca el clima asturiano. «El norte de España es buenísimo para el césped, el único problema en Asturias comparado con otras zonas es el déficit de horas de luz».
[–>[–>[–>«El día que Barcelona o Madrid lo pongan sintético lo tendremos aquí en Miramar. En competición prefiero que mi campo esté embarrado seis veces al año que tenerlo artificial, aunque cueste mantenerlo. Para mí, el sintético es fútbol sala y muchos optan por él por comodidad», destaca Luis Gallego. Una opinión que contrasta radicalmente con la del presidente del Caudal, Luis María García, quien asegura que «para los clubes modestos el césped sintético es la salvación. El natural está muy bien para las figuras, pero hay que cuidarlo mucho y tienes que tener a personas para mantenerlo. Es muy caro». El Caudal fue el último club de Tercera en renovar su césped, una inversión de cerca de 300.000 euros del ayuntamiento de Mieres al apostar por un terreno de juego «de última generación» en el Hermanos Antuña.
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Precisamente, la renovación de un terreno de juego artificial es la mayor inversión que realizan los clubes que lo poseen durante toda una década, la media de vida de este tipo de campos. «Nosotros lo renovamos hace cinco años y quita un trabajo desorbitado a las directivas. En el antiguo Nalón era terrorífico, dejar el campo en buenas condiciones era una odisea», reconoce el presidente de L’Entregu, José Luis Cuevas. «Lo bueno que tiene es que el mantenimiento es mínimo, hay que cepillarlo una vez cada unos dos meses y suele cambiarse cada diez años, aunque la gente lo estira», explica el máximo mandatario del Llanera, Miguel López Cedrón, cuyos mayores gastos en la entidad son por el consumo eléctrico: en total, unos 25.000 euros porque todas las categorías inferiores entrenan en el Pepe Quimarán, con actividad hasta las once de la noche.
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En el otro lado de la balanza, los que apuestan por la esencia. «Queremos preservar el campo como una parte sustancial del proyecto. Asturias es un paraíso y es increíble que cada vez haya menos campos de hierba natural. Si en el fútbol profesional se juega en hierba es por algo y es una pena que no se conserven los valores del fútbol», explica uno de los directivos del Colunga, Santi García Barrero, que cifra el gasto de Santianes en unos 10.000 euros. La opinión es compartida por el vicepresidente del Ceares, Xosé Estrada, apunta al riesgo del estado físico. «Se ve que es un gran problema para las lesiones articulares y de gravedad. Nosotros somos muy defensores de la hierba natural para el fútbol que pretende atraer público y que haya un mejor espectáculo», sostiene.
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Sobrevivir a final de mes
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Independientemente de la superficie del terreno de juego, los clubes más humildes tratan de ingeniárselas para ahorrarse un dinero que puede ser fundamental a final de mes. Son muchos los directivos y colaboradores del club que, literalmente, por amor al arte, se ofrecen a brindar ayuda y mancharse las manos por el equipo de su vida. El claro ejemplo es el Praviano, que asume unos 6.000 euros en el cuidado de su terreno de juego y lo hace sin contrataciones. Todas las tareas las realizan directivos de la entidad, relata su presidente Alejandro Martínez. «Yo ya no puedo porque estoy retirado por la espalda, pero el resto de la junta directiva se encarga del césped porque la mayoría de los equipos las pasamos putas para llegar a final de mes y si invertimos mucho dinero no pagamos». Martínez habla de que su junta invierte unas 12 horas semanales para que todo esté bien, mientras que Estrada, del Ceares, apunta lo mismo. «Si tuviéramos que cuantificar eso no sé cuánto sería, pero superaríamos los 40.000 euros seguro (actualmente el gasto en La Cruz es de 25.000)», dice.
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Emilio Alberto García y Amancio Prieto, miembros de la junta directiva de Navarro y encargados del mantenimiento del césped. / Luisma Murias
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El Navarro, el club «más moderno»
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En el Navarro también realiza el mantenimiento la directiva, aunque cuenta con la ayuda de un «amigo» que les hace la vida más amena: un robot inteligente que ya es el operario jefe del mantenimiento de Tabiella. «Es una especie de roomba (el robot aspirador autónomo) que siega y nos ayuda bastante. La verdad que trabaja todos los días, lo tenemos explotadísimo«, dice entre risas su presidente, Juan Carlos García.
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A través de una aplicación, la máquina –de un tamaño muy similar a la aspiradora– va segando día y noche y tritura la hierba de tal manera que puede quedar en el propio césped, permitiendo al club una reducción de los costes. «A través de un GPS le marcamos dónde y cómo queremos que siegue y cuando está cansado se va a cargar a una caseta que tiene. Es el mismo que la gente puede tener en sus fincas, pero este es más potente«, subraya García a la vez que admite que «es complicado utilizarlo en Asturias», sobre todo durante las épocas de fuertes lluvias, donde tratan de disminuir su uso.
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El Muro de Zaro, el más difícil
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Cada campo tiene sus complejidades, pero muy pocos se ven saturados de la forma en la que lo está el Muro de Zaro, donde juegan hasta tres equipos: el Avilés Stadium, el Llaranes y el Pasek Belenos, de rugby, que provoca un desgaste enorme en el terreno de juego. «El drenaje del campo es el mejor de Asturias, pero si metes tres equipos no lo aguanta ni el Camp Nou», comenta el presidente del Stadium, Borja Iglesias.
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Jugar en el feudo avilesino es muy complicado, sobre todo en invierno, y lo sufre el Avilés Stadium en la competición regular. «En meses como enero no podemos jugar con esta lluvia, es barro y así los partidos son solo 0-1 o 1-0. Hemos marcado cinco goles y de los siete en contra, cuatro nos los metió el Covadonga», relata. Un hándicap que también se traslada a los despachos. «Nos afecta mucho a la hora de los fichajes. Lo primero que hacen los jugadores es preguntarnos si va a jugar el rugby y eso condiciona». Por ello, algunos como el Siero alcanzaron un acuerdo con el Ayuntamiento para utilizar en exclusiva El Bayu, previo pago de 27.500 euros (en total cifran su gasto en 42.500 contando personal).
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En definitiva, la relevancia del terreno de juego y su mantenimiento está presente en todos los ámbitos del fútbol: condiciona los fichajes –por el desembolso económico y las preferencias de los futbolistas–, influye en el estilo de juego e incluso determina la calidad del espectáculo. Un coste difícil de cuantificar con exactitud, pero que en Asturias podría superar los dos millones de euros si tenemos en cuenta los datos de todos los clubes (varios no facilitaron cifras). Una factura silenciosa que afecta en el día a día a los clubes.
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