la opinión de Toño Bernardo
Antonio Bernardo Díaz es de los que sale del Tartiere tras una derrota y no se aguanta a sí mismo. No lo exteriorizo. No me escucharán ir hablando en alto contra todo y contra todos. Tan solo me sumo en mi pesimismo internamente. Silencio. No tengo ganas de hablar, pese a que todo el mundo me quiere contar cosas que a mí en absoluto me interesan. La gente de mi entorno lo sabe. La llamada de los domingos a mi madre cuando perdemos es mucho más corta y seca de lo normal. Mi mujer me habla de los disfraces de Carnaval para el próximo fin de semana y a mí, en el mejor de los casos, tan solo se me apetece quemar cosas.
[–>[–>[–>Envidio profundamente a esa gente que sale del Tartiere feliz y relajada, camino a una plácida tarde de domingo en sus hogares o en los bares, tras ver cómo el Athletic más flojo de las últimas décadas nos condenaba al abismo, sin haber hecho prácticamente nada. Oviedistas igual que yo, ni más ni menos. Que la capacidad de asumir derrotas no te hace querer más o menos a tu equipo, pero oviedistas a los que los resultados deportivos no condicionan su vida. Envidia de la buena.
[–> [–>[–>A mayores, con el asunto de escribir este artículo semanalmente, voy dándole vueltas a cómo enfocarlo y me doy cuenta de que me he convertido en todo un oportunista. Si hubiéramos ganado, habría glosado la figura de Almada, excelso revulsivo azul, en el que tan solo Jesús Martínez confiaba. Como nos han remontado y hemos vuelto a perder, tan solo veo los aspectos negativos del planteamiento del míster. Eugenio Prieto se refería a un periodista que seguía la actualidad del Oviedo durante la década de los 90 como «el forense». Siempre sabía lo que iba a pasar, una vez ya había pasado. En eso me he convertido yo.
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Y es que me van a perdonar los entendidos del fútbol, pero a mí me tienen que explicar lo de sacar el balón jugado desde nuestra área, que ya nos ha costado tres goles en los últimos tres partidos. No entiendo esa manía de tocar y tocar cerca de nuestra portería, con jugadores sin excesiva habilidad en esos menesteres, poniendo en bandeja al rival recuperar muy cerca de la zona de peligro y, por lo tanto, provocar una ocasión clara de gol, como la que este domingo supuso el empate bilbaíno. De ir como flechas a por la victoria y cosechar tres puntos que nos metían de lleno en la pelea por la salvación, pasamos a poner alfombra roja a una nueva derrota que nos aleja a 9 puntos del objetivo. De verdad que no lo entiendo.
[–>[–>[–>En Barcelona tuve la oportunidad de presenciar el encuentro junto a dos entendidos de la materia, como son Diego Méndez, a la sazón presidente de la peña Naranco Afayaizu, y Juan Antonio Anquela, exentrenador azul que casi nos asciende con Mariga, Owusu y Valentini a sus órdenes. Cuando el Barcelona nos marcó el segundo gol, nuevamente en una pérdida de balón cerca de nuestra área, el jienense nos comentó que en el fútbol actual, si no sacas el balón jugado, dando pases cortos entre el portero y los defensas, no eres moderno.
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Yo pensaba que moderno era ir en invierno con tu gorro de lana, guantes, abrigo y los pantalones por encima del tobillo y los calcetines que no se vean. Algo así como cuando te levantas de la cama y el pantalón del pijama te queda por en medio de la pantorrilla. Bien calentito por arriba, pero el tobillo se luce.
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[–>Pues sucede que en el fútbol de hoy en día viene a pasar lo mismo. Juegas de tú a tú contra el Athletic y el Barcelona. Presión alta, recuperación de balón, llegadas al área rival, defensas que se anticipan a sus delanteros, pero no nos podemos olvidar de que Vidal, Carmo y Sibo se pasen la pelota continuamente cerca de Aarón, porque si no lo hacemos no estamos a la moda. Gol en contra. Me tienen que hacer un croquis para que lo entienda.
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Es un hecho que el equipo ha mejorado notablemente con la llegada de Almada. Por fin hemos podido celebrar goles y hemos competido en todos los encuentros. El problema es la falta de puntos. No ha mejorado a Paunovic y por poco al innombrable.
[–>[–>[–>Dice el míster que si hubiéramos empezado con él la temporada, el Oviedo iría mucho mejor de lo que va ahora. Si a mí no me gustaran las patatas con huevo y chorizo podría haber sido un maratoniano olímpico, pero aquí estoy agotado por ir desde el sofá hasta la cama. Al señor Almada lo ficharon en diciembre para sacarnos de esta situación y la asfixiante realidad es que seguimos igual que estábamos.
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Desde la llegada del uruguayo nos hemos puesto por delante del rival en seis ocasiones y tan solo en una de ellas hemos conseguido mantener la renta. La lectura de los partidos tras adelantarnos en el marcador no está siendo la correcta y nos está penalizando, de manera que no encontramos el camino hacia la victoria. Incida ahí, lea mejor los encuentros, la forma de conservar la ventaja y déjese de suposiciones que a nada conducen. Hágame caso, que yo ya he tenido oportunidad de analizar el cadáver.
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