Trump y el bitcoin: por qué el respaldo de EEUU no frena las caídas
El primer año de Donald Trump en la Casa Blanca ha reescrito el manual de instrucciones de las criptomonedas. Lo que comenzó como un idilio electoral ha derivado en una realidad compleja: una legitimación política sin precedentes que, paradójicamente, ha coincidido con un “baño de sangre” en los precios. El bitcoin, que en octubre de 2025 tocaba el cielo con los 125.000 dólares, cotiza ahora casi un 50% por debajo de esos máximos.
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Sin embargo, a diferencia de crisis anteriores marcadas por el fraude o el colapso de plataformas, este “criptoinvierno” es el primero de la era profesional. Ya no mandan los entusiastas de internet, sino los flujos de capital de Wall Street, los tipos de interés de la Reserva Federal y una regulación que busca convertir a Estados Unidos en el hub global del sector.
[–> [–>[–>Este giro de 180 grados tiene raíces profundas. Antonio Javier García Martínez, analista de Inteligencia Cibernética en Telefónica, explica que el cambio de Trump no es solo electoral, sino personal. Según el experto, la familia Trump sufrió la “desbancarización” por motivos políticos, lo que les llevó a descubrir en el bitcoin “el único activo que redefine el concepto de propiedad y lo convierte en absoluta”, al carecer de emisores centrales que puedan bloquear cuentas.
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Esta filosofía ha permeado en la administración, que ha pasado de la hostilidad de la era Biden (con acercamientos de Kamala Harris) a considerar estos activos como palancas de innovación y competitividad nacional.
[–>[–>[–>El fin de la “persecución” y el inicio de las leyes
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La señalización política ha sido clara. La Orden Ejecutiva 14178, firmada a inicios de 2025, ordenó a las agencias federales fomentar la innovación y redactar un marco coherente para los activos digitales. Víctor Sáez, director de Expansión y Estrategia en Kraken, destaca que “el tono ha cambiado de la confrontación al diálogo”, reduciendo el estigma y permitiendo que bancos y empresas de pagos se relacionen con el sector con mayor confianza.
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En este cambio de clima también insiste Javier Garcia de la Torre, director de Binance España, quien señala que en el último año hemos visto un “cambio de tono relevante en el debate público”, que ha girado hacia liderazgo y competitividad en activos digitales, con “un discurso más explícito de apoyo a la innovación responsable”. Según explica, los criptoactivos han pasado de percibirse como un fenómeno periférico a situarse “dentro de la agenda tecnológica y financiera de primer nivel”.
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[–>Este clima ha cristalizado en hitos legislativos como la ley GENIUS, que regula las stablecoins (criptomonedas estables vinculadas al dólar), y la ley CLARITY, que busca delimitar las competencias entre los reguladores SEC y CFTC para eliminar la incertidumbre jurídica.
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Para Maik Brodowski, vicepresidente comercial en Bitpanda, esta seguridad jurídica es vital: “No es un concepto teórico, sino un factor que incide directamente en la asignación de capital y la ubicación del talento”. Estados Unidos quiere evitar que la innovación tecnológica y el dominio de la IA se fugue a otras regiones, como la Unión Europea con su normativa MiCA, y consolidarse como el referente mundial del sector.
[–>[–>[–>El presidente norteamericano incluso puso sobre la mesa la creación de una Reserva Estratégica de Bitcoin, un movimiento que, según los expertos, posiciona al activo como una cobertura similar al oro en un contexto de deuda soberana disparada.
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La paradoja de la madurez
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Si el respaldo político es tan fuerte, ¿por qué el bitcoin ha sufrido este descalabro? La respuesta, según los entendidos, está en su propia madurez. Al integrarse en los mercados tradicionales a través de los ETFs (fondos cotizados), el bitcoin ha dejado de ser un activo “aislado” para comportarse como un activo de riesgo más. David Tercero-Lucas, doctor en economía y profesor en Comillas-ICADE, señala que “la institucionalización no garantiza inmunidad frente a las caídas”, sino que vincula el precio a los grandes flujos de capital internacionales.
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Los gestores institucionales operan bajo reglas estrictas de gestión de riesgo; si aumenta la volatilidad, reducen su exposición de forma coordinada
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Esto ha creado una espiral de desapalancamiento: cuando el precio baja, se activan ventas automáticas para cubrir garantías, acelerando el desplome. Ya no es un pánico emocional de pequeños inversores, sino un ajuste técnico de carteras diversificadas.
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Javier Molina, analista de eToro, coincide en que ha sido un año de transición: “Bitcoin se comporta cada vez más como un activo macro estratégico dentro de carteras profesionales”, sensible a la liquidez global y a las decisiones de la Fed.
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En este contexto de ajuste tras la euforia inicial, se suma la lectura de Javier Cabrera, analista financiero de XTB, quien apunta que parte de la corrección responde a expectativas sobredimensionadas.
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El mercado esperaba movimientos más agresivos por parte del gobierno estadounidense, pero el avance regulatorio ya supone un respaldo importante
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Cabrera también ‘celebra’ el buen clima de aceptación que hay hacia la critpomoneda reina. “Lo positivo es que la adopción del bitcoin se está normalizando y cada vez más inversores institucionales lo incorporan como activo estratégico”, afirma el experto.
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En este cambio de clima también insiste Javier Garcia de la Torre, director de Binance España, quien señala que en el último año hemos visto un “cambio de tono relevante en el debate público”, que ha girado hacia liderazgo y competitividad en activos digitales, con un discurso más explícito de apoyo a la innovación responsable. Según explica, los criptoactivos han pasado de percibirse como un fenómeno periférico a situarse “dentro de la agenda tecnológica y financiera de primer nivel”.
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Garcia de la Torre subraya que el debate sectorial ya no gira en torno a si la industria tiene cabida en el sistema financiero, sino a cómo integrarla: “La conversación ya no se centra únicamente en riesgos o cumplimiento, sino en competitividad, infraestructura y casos de uso”. A su juicio, la evolución regulatoria —tanto en EEUU como en Europa— ha elevado el listón de controles y transparencia, reforzando la madurez del ecosistema
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¿Oportunidad histórica o burbuja pinchada?
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A pesar del color rojo en las pantallas, los fundamentales del sector parecen más sólidos que nunca. Carlos Molinillo, analista financiero de Learning Heores, apunta que los indicadores técnicos están en niveles de infravaloración récord.
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El RSI (Índice de Fuerza Relativa) ha tocado mínimos que, históricamente, han marcado suelos antes de subidas parabólicas. Además, Molinillo destaca el concepto de “pólvora seca”: hay más de 314.000 millones de dólares en stablecoins esperando en los intercambios, listos para ser invertidos en cuanto la volatilidad se asiente.
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Esta visión es compartida por Rubén Ayuso, managing partner en A&G Global Investors, quien subraya que el mercado de las stablecoins ya no es pura especulación. “Su volumen anual de transacciones ya es superior al de Visa y Mastercard combinados. Es infraestructura financiera funcionando a escala global”, afirma. Ayuso también pone el foco en la tokenización de activos reales (bonos o fondos monetarios), que ya supera los 20.000 millones de dólares y que gigantes como BlackRock consideran el futuro de los mercados de capitales.
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Un futuro basado en la implementación
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En 2026, el debate ya no es si las criptomonedas sobrevivirán, sino cómo se implementarán de forma responsable. Según un informe de WisdomTree, la fase de descubrimiento de precios ha dado paso a la fase de asignación de carteras. “El objetivo no es maximizar la exposición, sino optimizarla dentro de un marco de riesgo global”, explican desde la gestora. El bitcoin se analiza ya como un activo de escasez digital, comparable al oro, pero con la agilidad de la tecnología blockchain.
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Incluso el mundo de las finanzas descentralizadas (DeFi) está cruzando el puente hacia el sistema tradicional. Un hito reciente ha sido el uso de la plataforma Uniswap por parte de BlackRock para liquidar su fondo de tesorería tokenizado, validando la eficiencia de estas redes para mover capital de forma instantánea y segura. Esto demuestra que, mientras el precio sufre, la infraestructura sigue construyéndose en silencio.
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Un nuevo escenario
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Este primer año de Trump deja una lección clara: el bitcoin ya no es aquel “experimento” de unos pocos informáticos. Se ha convertido en una pieza del tablero geopolítico y financiero. La llegada de regulación clara en EEUU y Europa (MiCA) ofrece una mayor protección al consumidor, reduciendo el riesgo de fraudes como los del pasado. Sin embargo, la volatilidad sigue ahí.
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El inversor medio debe entender que ahora el bitcoin baila al son de la Reserva Federal. Si los tipos de interés bajan y la liquidez fluye, el activo tiende a brillar; si hay tensiones arancelarias o aversión al riesgo, el bitcoin es de los primeros en sufrir. Como concluye el profesor David Tercero-Lucas, el mercado es ahora “más profundo, pero también más sensible a shocks sistémicos”. La recomendación de los expertos es clara: formación y prudencia.
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La era Trump ha abierto las puertas de par en par a las criptomonedas, pero esa libertad conlleva una nueva responsabilidad para el inversor: entender que el bitcoin ya no corre solo, sino que es parte integral del engranaje económico mundial.
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El ecosistema cripto ha pasado su “prueba de resistencia”. A pesar de la caída del 45%, la convicción institucional se mantiene firme. Las salidas de capital de los ETFs han sido mínimas (apenas un 5%), lo que sugiere que el dinero profesional ha llegado para quedarse con una visión de largo plazo.
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Estados Unidos ha sentado las bases; ahora queda ver si la geopolítica, este marco regulatorio y el apetito institucional son suficientes para que el bitcoin recupere su corona y supere, en el próximo ciclo, los máximos históricos que la euforia política prometió en su día.
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