César derrotó a los galos
Vuelve a andar en lenguas el monumento a los «Héroes del Simancas». Seguramente la mayoría de la población de Xixón desconoce de qué se trata tal escultura o nada les importa su significado primigenio, es decir, no cree que tenga hoy un significado, esto es, que lo diga o proclame a los que lo vean. Sin embargo, hay un par de grupos para los que sigue «diciendo»: los que ven en él una apología del fascismo y del golpe del 36 y quieren eliminarlo; los que, por la misma razón, pero por razones inversas, quieren conservarlo.
[–>[–>[–>Viendo una vez más lo enconado de la polémica, me viene a la memoria el poema de Bertold Brecht «Preguntas de un obrero que lee». «César derrotó a los galos -dice uno de sus versos indagatorios-. ¿No llevaba siquiera cocinero?». La razón de esa memoria es que tanto detractores como defensores fundan su postura en razones abstractas y emocionales, sin entrar en el episodio auténtico del Simancas y sus actores reales.
[–> [–>[–>Pinilla se sublevó y encabezó la resistencia, seguramente con algunos oficiales más. ¿Pero quién era la tropa? Pues más de un centenar de reclutas a los que les tocó estar allí, disparar contra los que pretendían matarlos, ser asesinados cuando los asaltantes entraron, hasta que se detuvo la matanza. Después la mayoría de ellos pasaron a ser tropas de la República y sufrieron suertes diversas. Esa fue la tragedia de la Guerra Civil, la de los cocineros de César, en uno y otro bando -donde quisieron, unos; donde les tocó, la mayoría-, y es sobre lo que se evita pensar y reflexionar, sustituyéndolo por la pasión y el discurso abstractos.
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Lo del burka, otra lección hodierna. Se vota no según lo que se propone, sino según quién lo propone. En cualquier caso, no se prohibiría a las mujeres usar esa prenda, sino, a quienes las esclavizan, hacerlo público mediante ella.
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