Ucrania, de triunfar en el Antroxu de Gijón a tomar la calle por el cuarto aniversario de la guerra
Un viento frío, todavía de invierno, barre el kiosko de la música del paseo de Begoña cuando una lágrima parece querer hacer barranquismo por las mejillas de Olga Ostapenko. La mujer la contiene tragando saliva en sus ojos oscuros, pero en sus facciones se adivinan la cascada de sentimientos que se desatan en su estómago al narrar su historia. Olga Ostapenko es ucraniana y lleva ocho meses residiendo en Gijón. La guerra la pilló en los días que tenían que ser los más felices de su vida. Se casó con su marido el 22 de febrero de 2022 en Kiev. La invasión de Rusia, de la que el martes se cumplen cuatro años, les pilló apenas cuatro horas después de que su avión hubiera tomado tierra en su destino de luna de miel, en Polonia. «Aquellos iban a ser los días más felices de mi vida, pero se convirtieron en los más complicados», cuenta.
[–>[–>[–>Mujeres ucranianas vestidas como “Motanka” durante Antroxu.
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La historia de Olga Ostapenko es una de tantas que deja la guerra en Europa. Una de tantas historias que se pueden escuchar en Gijón, ciudad que se ha convertido en el cobijo de muchos ucranianos que encontraron en esta orilla del Cantábrico el mejor refugio a los tanques, las balas y las bombas con la firma de Putin. Cuatro años después, los ucranianos ya forman parte del paisaje de la ciudad. Son ejemplo de integración. Tanto es así que Olga Ostapenko forma parte del Grupo de Mujeres Ucranianas que durante el pasado Antroxu desfiló por las calles de la ciudad representando a la muñeca «motanka», un elemento tradicional de su país. De hecho, no solo desfilaron sino que ganaron un quinto premio. «Ganar ese reconocimiento nos hizo muy felices», cuenta Oksana Ustymenko, otra ucraniana que ya ha echado raíces en la ciudad.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>A punto de cumplirse esos cuatro años del inicio de la guerra, las mujeres ucranianas echan la vista atrás, pero también adelante. Mañana, coincidiendo con la efeméride, tiene n un gran programa de actos que incluye una gran performance por el Muro de San Lorenzo, actos en la arena de la playa y también en la plaza Mayor. «Queremos dejar claro la difícil situación de la población civil en Ucrania en relación a la destrucción que está provocando un país terrorista como Rusia», pone de manifiesto Alla Shrokalova, otra de las ucranianas en la ciudad.
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Unas ucranianas que coinciden en el buen trato dispensado en la capital marítima de Asturias. Lo cuenta Shrokalova, que ha trabajado como jardinera gracias a un programa municipal y que destaca la cantidad de ayuda brindada por sus compañeros. «Mi empleo me gusta mucho, tengo muchos amigos españoles y me aporta mucho», comenta. De su pasado en su país natal habla también con emoción. «Yo pensaba que esto era imposible», dice, por el conflicto. «Mi padre es ruso y mi madre ucraniana, pensaba que esto no podía pasar», lamenta.
[–>[–>[–>De Jarkov es Natalia Churilina, que llegó a España en agosto de 2022, primero a Barcelona y luego ya a Gijón. «No creíamos que esto podía pasar. Que caerían bombas cerca de casa», expresa. Ella habla de cómo están las cosas tras cuatro años de invasión, de un conflicto enquistado. «En las ciudades no hay calefacción. La gente se congela en sus pisos a menos 20 grados. Están en casa con abrigos de la calle. Es casi peor que en la Segunda Guerra Mundial», afirma.
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Victoria Kaluhina, a su vez, se marchó de Ucrania en 2019. O sea, antes de que el conflicto pasara a ser una guerra total. Pero conflicto, recuerda, ya había. Ella vivía en Jerson, ciudad que se ha llevado una de las peores partes de la guerra al ser frontera terrestre con la península de Crimea. «Me costó mucho marchar. Era profesora y acaba de construir mi casa. Tenía una amiga en León y así me fui», zanja esta mujer que, como sus compatriotas, entonará mañana más fuerte que nunca el «Slava Ukrayini».
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[–>Una gran performance en el paseo del Muro
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Para mañana, martes, por el cuarto aniversario de la invasión de Rusia a Ucrania, la comunidad gijonesa de este segundo país prepara un gran programa de actos. Desde las nueve de la mañana, el paseo del Muro se llenará de cintas amarillas y azules en referencia a la bandera ucraniana y en memoria de todas las víctimas de la guerra.
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Para las 13.30 horas, en la playa se dibujarán 206 drones tipo Shahed en tamaño real. Se trata del número que representa la media diaria más altas de aparatos de este tipo «detectados en el cielo de Ucrania», explican los organizadores. Para las 19.30 horas, habrá una gran marcha solidaria con luces. Los participantes irán con linternas y la iluminación pública permanecerá apagada. En esto último ha colaborado el Ayuntamiento. Tras la marcha, y ya como cierre, en la plaza Mayor la ciudad se unirá a la campaña internacional «Las personas son la clave», que pide liberar a los prisioneros de guerra ucranianos, los civiles detenidos, los presos político s y también el regreso de los niños deportados.
[–>[–>[–>Durante este acto, los participantes están llamados a acudir con sus llaves, como «símbolo del hogar y de la libertad». Todos estos actos, explican los convocantes, están abiertos a cualquier persona que quiera participar en los mismos. Con ello, los ucranianos esperan denunciar la situación que padecen sus compatriotas por la guerra.
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