Gijón escribe su capítulo azul
El mar siempre ha contado historias a quien sabe escucharlo. En Gijón, cuando el Cantábrico respira despacio contra el muro del puerto, parece que cada ola trae una memoria antigua y una pregunta nueva. Es ahí, en ese límite entre tierra y agua, donde la ciudad vuelve a mirarse y a decidir su rumbo. Un rumbo que hoy se escribe, con convicción, en azul.
[–>[–>[–>Desde hace décadas, algunas voces nos han ayudado a comprender ese relato marino. David Attenborough y Sylvia Earle, premios Princesa de Asturias, nos recordaron que el océano no es un fondo infinito, sino un sistema vivo y frágil. Que conocer es el primer paso para cuidar y que proteger el azul es, en realidad, proteger la vida. Mensajes que hoy encuentran eco en una ciudad que ha decidido escuchar al mar y actuar en consecuencia.
[–> [–>[–>Porque el mar Cantábrico ha sido siempre parte esencial de la identidad de Gijón. De él nacieron oficios, saberes y comunidades enteras. Hoy, esa herencia no se queda anclada en el pasado, sino que se proyecta hacia el futuro a través de una apuesta clara por la economía azul como vía de desarrollo sostenible. Gijón entiende el mar como motor de innovación, empleo y cohesión social, desde un equilibrio imprescindible entre progreso económico y respeto ambiental. No se trata de extraer más, sino de hacerlo mejor; no de explotar, sino de convivir.
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En ese camino, la ciencia marca el rumbo. El Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) observa y estudia el Cantábrico con rigor y paciencia, interpretando corrientes, especies y cambios para anticipar escenarios y orientar decisiones responsables. Su labor convierte el conocimiento en una herramienta clave para una economía azul basada en evidencias y no en intuiciones.
[–>[–>[–>Junto a la ciencia, la acción directa y el cuidado toman forma en el Crama Fundación Bioparc, que trabaja en la recuperación y atención de fauna marina herida. Cada animal devuelto al mar es un pequeño gesto de reparación, pero también un recordatorio colectivo de nuestra responsabilidad compartida con el ecosistema marino.
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Y si hay un pilar que garantiza que este capítulo azul tenga continuidad, es la educación. Descubrir el mar es el primer paso para defenderlo. Iniciativas como las Escuelas Azules de la Unión Europea convierten aulas y costa en espacios de aprendizaje vivo, donde niñas y niños comprenden que el océano no es algo lejano, sino parte de su propia historia y de su futuro. Así nacen vocaciones, compromiso y ciudadanía consciente.
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[–>De este modo, Gijón escribe su capítulo azul con palabras que miran al mañana. Un relato donde economía azul, ciencia, educación y comunidad avanzan juntas. Porque cuidar el mar no es solo una opción ambiental: es una apuesta de ciudad. Y en Gijón, el futuro también huele a sal y se escribe al ritmo de las olas.
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