“Esto es lo más grande que hay”
El “pachuzo” volvió a recorrer las calles de los pueblos de Llamera y Sonande, en Cangas del Narcea, gracias al colegio rural agrupado (CRA) Río Cibea. Este personaje tradicional era el encargado de abrir la comparsa antiguamente e iba vestido con pieles de oveja y haciendo sonar los cencerros que lleva atados a la cintura. En estos pueblos cangueses ya pocos tienen en su memoria haberlo visto y los que sí, son recuerdos de infancia o de relatos de sus mayores.
[–>[–>[–>De esas remembranzas tiraron en el centro escolar, con escuelas en Llamera, Carballo y Limés, para recrear al personaje que en la mano portaba un “pachizo” de paja de centeno, que antaño solía llevar con fuego. Asimismo, los escolares, docentes y también muchos padres completaron la comitiva con otros personajes típicos de las mascaradas: filanderas, cardadoras, damas, galanes, cíngaras, curas, la preñada, el médico o el bascachón, que también lleva chuecas, un caperucho y el bascacho, que antiguamente se hacía con ramas de acebo. Todos ellos desfilaron al son de la música de la gaita, el tambor y el acordeón, además de arrancarse bailando con alguna jota y son d’arriba.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Siguiendo con la tradición, la comparsa pasó por cada casa en ambos pueblos entonando el “cantar de antroiro” para pedir el aguinaldo. “Ya estamos en carnaval, ya nos viene la cuaresma y luego vendrá la pascua con salud si Dios nos deja”, comienza el cántico que también fue recuperado de la tradición oral de la zona.
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Bandejas de frixuelos, torrijas, empanadas, tortillas salían de las casas y todos juntos, vecinos y comunidad educativa, lo disfrutaron en una gran mesa al final del recorrido en el pueblo de Sonande.
[–>[–>[–>“Esto es lo más grande que hay”, celebraba la vecina de Sonande Carmen Álvarez González, que revivió recuerdos de infancia. Rememoraba que siendo niña salía a “correr el antroiro, tocando la chueca”. Incluso recuerda alguno de los cantares que entonces entonaban: “El antroioro pandoiro pasó por aquí, pidiendo limosna y yo se la di”.
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Retroceder en el tiempo también convenció a los escolares, que disfrutaron recreando a sus personajes. “En algunos de nuestros pueblos salimos también de carnaval, pero hay muchos que no y no queremos que se pierda esta tradición, porque mola mucho y a los vecinos les encantó que viniéramos”, asegura Mateo Fondón Rodríguez.
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[–>Momento en el que el personaje de la mujer embarazada se pone de parto. / D. Álvarez
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También disfrutó de la jornada María Amago, que asegura que le encanta revivir las tradiciones. De hecho, ella es una de las integrantes del grupo de pandero que tienen en el colegio, quienes pusieron parte de la música a la jornada. “Lo mejor del día es que pudimos tocar el pandero, bailar todos juntos y conocer otros pueblos”, subraya.
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“Hace nueve años lo hicimos en Carballo y ahora nos planteamos que sea anual, para que la tradición perdure más allá de si lo celebra el colegio, nuestra idea es revitalizar las zonas rurales y hacer comunidad con los vecinos”, señala la profesora Sandra Flórez, que valora que la actividad sirvió para despertar los recuerdos en los vecinos. De hecho, recalca que el objetivo era recrear una mascarada de antaño “lo más fiel posible a la memoria que tenían los vecinos de la zona para no desvirtuar la tradición”.
[–>[–>[–>Una actividad que aseguran que responde a los pilares fundamentales del centro: “Valorar nuestras expresiones culturales y reforzar la identidad”. Además, también la han integrado en el proyecto anual dedicado al medioambiente, elaborando los disfraces con “materiales reutilizados, fomentando el consumo responsable y evitando gastos innecesarios a las familias”. Pero, sobre todo, consideran que es “un reflejo de lo que entendemos que tiene que ser la función social de la escuela rural”.
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