Las vidas de varias mujeres y su capacidad para resistir en contextos adversos, al descubierto en Lastres
La Biblioteca de Lastres, en el Centro Municipal El Piqueru, se convirtió ayer en un espacio de escucha y reflexión colectiva en torno a “El jardín de las mujeres”, de la escritora escocesa de origen sierraleonés, Aminatta Forna. La actividad, organizada dentro del Club de Lectura de Literaturas Africanas de la Fundación El Pájaro Azul, fue dinamizada por Cristina Riaño Alonso, doctora en Género y Diversidad, quien guio el diálogo entre integrantes de los clubes de lectura “El Faro”, de Lastres, y “Más que libros”, de Colunga.
[–>[–>[–>La propuesta de dinamización de la actividad nace a través de la colaboración académica y el compromiso social. “La propuesta me llegó gracias a un compañero, Vicente Montes, profesor del área de francés de la Universidad de Oviedo, que lleva mucho tiempo colaborando con la Fundación El Pájaro Azul”, señaló.
[–> [–>[–>Leer en compañía
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Riaño destaca el valor diferencial de los clubes de lectura como espacios donde el acto íntimo de leer se transforma en experiencia compartida. “Los clubes de lectura reúnen a lectoras y lectores que ya tienen una predisposición por acercarse a lecturas que puedan salirse de lo que acostumbren a leer. Sin esa voluntariedad no sería posible plantear iniciativas como esta”, afirma.
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Ese gesto colectivo, añade, cambia la relación con el texto. “Donde la literatura es habitualmente una práctica individual, solitaria, los clubes de lectura crean espacios que favorecen la participación y discusión, lo que permite profundizar en los textos”, explica, subrayando el papel de la conversación como herramienta de aprendizaje mutuo.
[–>[–>[–>El poder de los espacios públicos
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El lugar para el desarrollo de la actividad, la biblioteca también ayuda en el intercambio. La dinamizadora, asegura que el lugar forma parte del mensaje. “Las bibliotecas son espacios públicos que resisten jerarquías, por lo que garantizan la accesibilidad y crean un entorno seguro y amable para el intercambio de ideas”, sostiene.
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En ese ambiente cercano, la sesión comenzó con una pregunta referente al título, que cambia según la versión: “La novela original en inglés se llama, “Ancestor Stones” (las piedras de las antepasadas). En español, se cambió el título a “El jardín de las mujeres”, explica. Preguntando sobre qué título funciona mejor, abre la puerta a reflexionar sobre la temática de la novela: “la importancia de la transmisión oral de historias y la reivindicación de una genealogía femenina, pero también sobre quién tiene el poder de contar y de que su historia sea escuchada. ”.
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[–>A partir de ahí, el diálogo avanza hacia el núcleo de la obra: las vidas de varias mujeres y su capacidad para resistir en un contexto adverso. “Esta novela muestra la capacidad de las protagonistas para resistir, adaptar y encontrar respiro en una sociedad patriarcal”, señala Riaño.
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Una incomodidad necesaria
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Riaño reconoce que el objetivo último de estos encuentros no es ofrecer respuestas cerradas, sino provocar preguntas. “Es generar una incomodidad que no encasille, sino que nos mueva a saber y escuchar más, a reflexionar sobre nuestras propias ideas”, resume.
[–>[–>[–>En ese proceso, la lectura se convierte también en una experiencia personal, y recuerda aprendizajes que estas lecturas le brindaron y las preguntas que le asaltaron: “Cuánto de lo que damos por hecho nos lo han dado hecho. La importancia de leer, cuestionarse y escuchar otras perspectivas”, recuerda.
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La sesión permitió así conectar la literatura con valores como la igualdad, la solidaridad y el respeto a la diversidad, objetivos que forman parte del espíritu del club impulsado por la Fundación. La actividad no solo acercó a los participantes a la riqueza literaria africana, sino que los invitó a repensar sus propias miradas.
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Sembrar nuevas lecturas
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La dinamizadora deja abiertas nuevas puertas para seguir explorando. “La memoria del amor, de Aminatta Forna, si quieren seguir explorando su obra”, recomienda. También propone “Quédate conmigo», de Ayòbámi Adébáyò, sobre las experiencias particulares de las mujeres, en este caso, en el contexto nigeriano”.
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La sesión terminó, pero el diálogo queda abierto. Entre las estanterías de la biblioteca de Lastres, la literatura volvió a demostrar que no solo cuenta historias: también siembra preguntas y despierta conciencia.
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