El ovetense Ángel Rojo ingresará en la Real Academia de Jurisprudencia de España con un discurso sobre los derechos del socio
El ovetense Ángel Rojo Fernández-Río (1947) ingresará este lunes en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Aunque fue elegido por unanimidad hace ya varios años, el ingreso se materializa ahora con la lectura del discurso, que tratará sobre los derechos del socio en las sociedades de capital. «Es un reconocimiento que exige intenso agradecimiento y voluntad de trabajo. Hay muchos excelentes juristas que no están en la Academia y quienes lo estamos tenemos el deber de contribuir al prestigio de esta Corporación fundada en 1730», afirma el prestigioso jurista, miembro de la llamada «Escuela asturiana de Derecho mercantil», fundada por el también ovetense Rodrigo Uría y continuada después por el gijonés Aurelio Menéndez, ministro en el primer Gobierno de Adolfo Suárez.
[–>[–>[–>Ángel Rojo Fernández-Río acredita una dilatada trayectoria en el mundo del derecho. «No tengo antecedentes directos en el mundo del Derecho. Mi abuelo paterno, Francisco Rojo-Cortés, era comerciante mayorista, con establecimiento abierto en Oviedo, primero en la esquina de la calle del Rosal y el Fontán y luego en Suárez de la Riva». Por parte materna, sus orígenes se remontan a una familia de indianos de Quinzanas (Pravia). «Uno de mis bisabuelos y varios de sus sobrinos, entre ellos mi abuelo, emigraron a Cuba en la segunda mitad del siglo XIX y con trabajo y esfuerzo fundaron en La Habana la que habría de ser una muy prestigiosa joyería, Cuervo y Sobrinos».
[–> [–>[–>[–>[–>[–>El Instituto Alfonso II fue el escenario de los primeros estudios de Rojo, «un instituto bajo la impronta de Pedro Caravia, discípulo de Ortega y Gasset, un personaje fundamental que ha dejado huella indeleble en muchos de nosotros». Luego estudió Derecho en la Universidad de Oviedo, donde tuvo como maestros a José Aparici en Derecho romano, a Manuel Iglesias en Derecho civil, y a Aurelio Menéndez en Derecho mercantil. Se licenció con el premio extraordinario Fin de Carrera. Gracias a una beca del Real Colegio San Clemente de los Españoles de Bolonia, se trasladó durante dos cursos a aquella prestigiosa universidad, en la que se doctoró con una tesis sobre la responsabilidad civil del fabricante. Al regreso enseñó algunos años en la Universidad Autónoma de Madrid pero, con una beca de la Fundación Alexander von Humboldt, se integró en 1975 en el departamento de Derecho Económico de la universidad alemana de Friburgo.
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Esas dos etapas en el extranjero fueron cruciales. «Para las actuales generaciones es difícil imaginar el choque cultural, social y político tan intenso que producía la inmersión en la realidad italiana, con una economía mucho más desarrollada y unos políticos de extraordinaria talla. Pasar del horizonte del monte Naranco a ese mundo nuevo y apasionante constituyó una experiencia inolvidable».
[–>[–>[–>Alemania
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En Alemania, conoció el pensamiento social, político y filosófico centroeuropeo. «Fue una etapa dedicada a estudiar a fondo los fundamentos de mi disciplina desde la tranquilidad de la Selva Negra y pude apreciar los efectos devastadores que había tenido el Nacionalsocialismo y la Segunda Guerra Mundial. Desde mi casa, en una pequeña colina sobre Friburgo, se veía la del filósofo Martin Heidegger, a quien muchos, pese a la obra científica excepcional que había construido, todavía no perdonaban cuarenta años después el haber aceptado el Rectorado de la Universidad en los primeros años del gobierno de Adolf Hitler», comenta Rojo.
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El por entonces joven jurista ovetense también trabajó en esta etapa alemana con un profesor que había sido hecho prisionero en el frente ruso y permaneció internado en un campo de concentración de Siberia durante ocho años. «El tiempo que debía haber dedicado a estudiar y formarse como científico lo había perdido picando piedra bajo temperaturas gélidas, pero dada su fortaleza consiguió sobrevivir», destaca Rojo, quien recuerda cómo en Alemania «los acontecimientos de España, como las manifestaciones por las que habrían de ser las últimas ejecuciones, se seguían con enorme atención».
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[–>Al regreso de Alemania, Rojo oposita y logra con el número uno la condición de profesor agregado de Derecho mercantil y elige la Universidad de Oviedo, pero al no dotarse una nueva cátedra de esa especialidad concursa a la de Salamanca, donde permanece cuatro cursos como catedrático, para luego ir a la de Alcalá de Henares y, tras la jubilación de Aurelio Menéndez, ocupar esa cátedra en la Universidad Autónoma de Madrid, donde es profesor emérito en la actualidad.
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A lo largo de su trayectoria, Rojo se ha labrado un enorme prestigio como uno de los grandes mercantilistas españoles. Ha participado en la gestación y producción de importantes leyes como miembro de la Comisión General de Codificación, organismo clave en la reforma y modernización legislativa de España. También ha participado en el diseño de instrumentos para atender a entidades de crédito en crisis y en la elaboración de legislación de emergencia en materia de sociedades e insolvencia para hacer frente a las consecuencias de la pandemia.
[–>[–>[–>Arcelor Mittal
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El profesor Rojo también conoce bien la práctica como abogado, árbitro y experto ante tribunales y cortes arbitrales nacionales y extranjeras. Ha sido consejero de sociedades, entre ellas Arcelor Mittal hasta 2010, delegado de España ante comités de la Unión Europea y está en posesión de cinco doctorados honoris causa por universidades extranjeras. Pero nunca ha querido ser socio de grandes despachos: «Me gusta la independencia y la libertad», argumenta.
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En su discurso de ingreso, titulado «Los derechos del socio en las sociedades de capital», hablará de «la posición de los socios en las sociedades anónimas y limitadas».
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Sobre si este ámbito del derecho está a la altura del desarrollo económico y social de España, es claro: «En términos generales sí, pero en el ámbito de la Unión Europea se echa de menos una mayor decisión a la hora de avanzar en el proceso de unificación del Derecho del tráfico. En el derecho privado español el problema no es tanto el de la calidad, sino el de la aplicación del Derecho. Las empresas españolas no pueden esperar años y años a que los tribunales dicten las sentencias».
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Y concluye con un diagnóstico claro: «Se necesitan más medios personales y materiales, y un proceso más ágil. Ese es el principal problema».
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A sus 78 años, también se pronuncia sobre el impacto de la inteligencia artificial en el derecho. «Es un reto que hay que asumir, ineludiblemente, y saber utilizar. Es un instrumento de trabajo formidable para el abogado y para el investigador. Yo la utilizo cada vez más. En cuanto a su uso por la judicatura existen pautas muy acertadas dadas por el Consejo General del Poder Judicial, que habrá que ir ajustando con el paso del tiempo», afirma este jurista de los pies a la cabeza, a las puertas de recibir un reconocimiento al alcance de pocos.
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