Luis Alberto Fernández González, el guardián de las esencias textiles
Hay una generación de escolares gijoneses que conoció los museos locales –sobre todo el Pueblu d’Asturies– guiados por el entusiasmo, los sólidos saberes y el humor de Luis Alberto Fernández González (Madrid, 1972). Y hay una generación de adultos, sobre todo mujeres y muchas madres de aquellos chiquillos, que aún hoy van al Pueblu d’Asturias y preguntan por aquel educador tan simpático, que tanto sabía y que no dejaba marchar a nadie sin algún piropo.
[–>[–>[–>Quien fuera durante casi dos décadas el encargado de las visitas didácticas del gran centro de antropología de la región (antes lo fue del museo Jovellanos y también del Arqueológico) es desde hace ya varios años director de programas en la Fundación Municipal de Cultura. Y esa pasión que desplegó en el Pueblu d’Asturies con alegría contagiosa, amabilidad elegante y con la capacidad de remar siempre a favor aunque la precariedad laboral fuera durante años su pan de cada día, las disfrutan ahora otros públicos. Que están igual de encantados.
[–> [–>[–>Que se lo pregunten a algunas de las compañías artísticas que acaban de pasar por la feria de Feten, que se fueron de la ciudad con palabras emocionadas para todo el equipo de la Fundación de Cultura y, en particular, de Luis Alberto González.
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Quienes conocen bien y más quieren a este gijonés criado en el entorno del colegio de la Inmaculada –apenas vivió unos días en la capital de España– celebran que, de alguna forma, Luis Alberto González esté ahora en el meollo cultural y educativo de Gijón. Porque ha hecho méritos para ello, como gran currante que es; porque tiene alma para disfrutarlo todo y cabeza y cualidades para que Gijón se beneficie de su trabajo.
[–>[–>[–>Y para muestra un botón. En unos días empezará otra edición de «Moda con historia», un proyecto de la FMCE y UP en el que González tiene mucho que ver. Nació para darle valor y visibilidad al patrimonio y la historia textil asturiana. Tan ensombrecida y minusvalorada. Hasta que llegó él. El primer doctorado en la Universidad de Oviedo en Historia del Arte con una tesis sobre moda, un filón que casi nadie quiere ver, ya que de vestidos y trajes cuelga la vida misma de cada época. «Vio la carencia que había en la historiación de la moda contemporánea y dedicó muchos años a un estudio exhaustivo, con el rigor y la entrega que le caracterizan», cuentan.
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Después de haber dedicado otras ediciones de «Moda con historia» a la vanguardia y los nuevos lenguajes que representa Ricardo Villoria, o al relato colectivo y luchado de Camisas Ike, ahora el protagonismo lo tendrán los «Años veinte del siglo XX: el estilo de la revolución feminista». Un tema muy vinculado, precisamente, a su tesis. Se ha diseñado un atractivo programa para este mes que cumple con una de las máximas de González: fomentar la cultura de proximidad.
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[–>Habrá exposición de vestidos de los fondos del Pueblu d’Asturias, prendas que son testigos del nacimiento de la mujer «moderna» asturiana. Proyecciones de cine, teatro o mesas redondas. Y conferencias magistrales como la de Lorenzo Caprile, diseñador y erudito, además de gran amigo de González. Tiene más amigos en el gremio: María Lafuente, Miguel Marinero, Petro Valverde… Con ellos pudo trabajar varios años de estilista en la Mercedes Benz Fashion Week de Madrid. Experiencias que le acercaron a la que fue su profesión frustrada: el diseño de moda.
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Siempre recuerda Luis Alberto que hubo un tiempo en el que había que ser muy valiente para que un buen alumno de los jesuitas –como fue su caso- se decantara por el dibujo de figurines. Aunque fuera eso lo que él hacía a escondidas y con algo de terror a ser descubierto.
[–>[–>[–>Hace ya tiempo que da gracias de que el arte se pusiera en su hoja de ruta, porque tan cierto como que le gusta el buen vestir, el traqueteo de una máquina de coser de esos que marcaron su niñez en Pravia y San Juan de la Arena, o el olor de los retales, es que le encantan todas las expresiones artísticas -en eso su familia tiene mucho que ver- y valora cualquier vanguardia que tenga detrás buen pensamiento.
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Desde otra de sus grandes y meritorias plataformas de divulgación cultural, su blog «No soy digno de tu amor», que va a cumplir 15 años con publicaciones ininterrumpidas y que coge el título de una frase cinematográfica de su admirada Sara Montiel, Luis Alberto Fernández lo mismo promociona el arte clásico, la moda, el graffiti, la música, el light painting o la tonada. Tan amplio es su arco.
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Con la tonada hay algo más. Para él es hablar de orgullo de familia. Nieto de Juan Menéndez Muñiz, más conocido por Juanín de Mieres, pasó años yendo obligado a festivales artísticos hasta que se rindió a la evidencia de la calidad y valentía de esos cantantes. Les dedicó su tesina. En ese abuelo que le llegó por fortuna de la mano de su hija Julia Menéndez, la mejor madre de crianza que podría haberle dado la vida después de que la biológica, Manolita, falleciera cuando él era muy niño, y en toda la piña que forma con su padre, Alberto, su hermano mayor Manuel y el resto de ramaje familiar, tiene Luis Alberto González su sólido punto de apoyo. Tan sólidos son sus valores familiares como su respeto a las tradiciones, la convivencia y la educación. Es un guardián de las mejores esencias de la vida, donde el buen gusto y la belleza cotizan al alza. Tanto como una camisa blanca.
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