Marcos Alonso continua la tradición familiar de sidra casera en un llagar con medio siglo de historia
La sidra es la bebida por excelencia de Asturias. Pese a que otras regiones cuentan con sus propias variedades, la de Principado es la única que no falta nunca en una fiesta de prao ni en encuentros con familiares o con amigos. Además, y pese a que existen numerosas marcas que ofrecen sus propias elaboraciones, en las aldeas y pueblos aún se sigue produciendo sidra casera, cuyas recetas, con matices, han pasado de generación en generación. En Salas, la Asociación de Sidra Casera se encarga de agrupar a los elaboradores caseros además de difundir una tradición que siempre pende de un hilo: el deseo de las nuevas generaciones por mantenerlo. Uno de los encargados de hacerlo en el concejo es Marcos Rodríguez, vecino de Otero que atesora varios reconocimientos por su sidra.
[–>[–>[–>«Esto es tradición familiar de toda la vida. Primero mis abuelos, luego mi padre y al final yo, que seguí con ello», señaló Rodríguez en el interior de su llagar, en el que actualmente almacena cerca de mil litros en fermentación.
[–> [–>[–>Tal y como señaló Rodríguez, desde joven se sintió atraído por la elaboración de sidra. «Me gusta hacerla y beberla, es diferente», bromeó el productor salense, que detalló que es «una tradición de los pueblos que poco a poco se ha ido perdiendo». Y es que la falta de relevo generacional, como en otros ámbitos, golpea duro a la sidra casera: «En Otero somos doce vecinos y cinco hacemos sidra». Sin embargo, la edad media es elevada, y tan solo Rodríguez, con 45 años, y otro vecino, la reducen.
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Marcos Rodríguez, junto al lagar adquirido por su abuelo. / Christian García
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Aun así, Rodríguez sigue dedicado a la producción de sidra, la cual compagina con su trabajo como maquinista. «Esto es un trabajo diario. Todos los días tienes algo que hacer, revisar cómo va. Es otro trabajo», señaló. Y esta dedicación ha dado sus frutos. El pasado mes de octubre, Rodríguez logró en Villaviciosa el tercer puesto en el campeonato de Asturias de sidra casera. Antes ya había logrado el primer puesto en el certamen salense, el cual le habilitó para acudir a una cita en la que se ven las caras las mejores sidras del Principado.
[–>[–>[–>«Fue algo que, a día de hoy, todavía no me lo creo», aseguró Rodríguez, que explicó que «si vas a participar a estos concursos, primero de todo vas a pasarlo bien, a echar el día, y si quedas entre los doce primeros, ya es un triunfo». No obstante, para Rodríguez, el tercer puesto «fue un subidón enorme». Tal y como indicó, estos reconocimientos «recompensan el trabajo que requiere».
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Y es que el esfuerzo no se ciñe solo a la elaboración de la sidra en sí, sino también al cuidado y mantenimiento de su plantación de manzanos, la cual prevé ampliar próximamente en una hectárea gracias a 20 pumares que ha logrado en los concursos y con los que suplirá a los manzanos propiedad de sus padres que, con el paso de los años, fueron muriendo.
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Barriles de almacenamiento de sidra. / Christian García
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Además, la maquinaria de Rodríguez cuenta, sin duda, con una de las joyas de la corona. Además de los dos recipientes de fermentación de cerca de 500 litros cada uno, el salense cuenta con un llagar que adquirió su abuelo en la feria de muestras de Gijón por 28.000 pesetas. «Yo tengo 45 años y siempre lo he conocido», rememoró Rodríguez por la pieza, de medio siglo de antigüedad. «Juntar tanto dinero en aquella época para esto era un lujo», apuntó.
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Tras cinco décadas, el llagar sigue cumpliendo la función que tuvo desde el principio: ser una pieza clave para la elaboración de sidra, la cual entonces se repartían entre su abuelo y sus hermanos, y que ahora es un producto indispensable en las parrilladas que Rodríguez organiza con familiares y amigos.
[–>[–>[–>Y si algo no falla en un productor de sidra casera es su buen paladar a la hora de saber el momento en que está lista. «Depende de la manzana que metes, dulce, ácida o semiácida. Hay que combinarlas para que coja sentido al probarla», explicó. En el caso de la sidra con la que resultó tercero en Villaviciosa, esta era una sidra «muy completa» que «daba un gustín especial en la boca».
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En cuanto a su relevo generacional particular, Rodríguez tiene tras él a dos posibles futuros elaboradores: sus hijos. Sin embargo, afirmó que «son aún muy pequeños» y que «no los quiero obligar». Y es que con apenas 6 y 11 años «aún tienen que ver lo que es y el trabajo que da». «Si el día de mañana quieren seguir, seguirán», concluyó Rodríguez, que ultimaba la revisión diaria de su sidra almacenada en sus enormes barriles de acero.
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