ATAQUE A IRÁN | Opositores iraníes en España apoyan la ofensiva de EEUU e Israel: «La inmensa mayoría del pueblo iraní estaba pidiendo a gritos que alguien hiciera algo»
Zina no pegó ojo la noche del viernes al sábado. «No sé por qué, yo sabía que iba a pasar algo», cuenta a EL PERIÓDICO esta activista iraní por los derechos humanos, exiliada en España. Le dieron las seis de la mañana, pendiente de las alertas de noticias en las redes sociales. Y cuando consiguió conciliar el sueño, apenas dos horas después, la despertó la vibración de un mensaje de su familia, en Irán. «Han atacado. Punto. Ya está. Nada más», relata esos momentos de tensión, aún con la voz queda.
[–>[–>[–>Aunque Zina admite que el alivio convive con el miedo, insiste en que la expectativa de un final pesa más que la incertidumbre. «Es imposible que haya una guerra y que no haya víctimas», afirma. «Claro que habrá muertos, pero no puede ser peor que las 40.000 personas que ellos mismos [el régimen iraní] «Han matado», dice. Para Zina no queda otra opción que asumir el riesgo de una guerra, ante el peligro mayor de la inacción ante violencia normalizada. «Estamos cansados de decir y decir que esto no es normal», exasperó.
[–> [–>[–>Se refiere al movimiento ‘Mujer, vida, libertad’, del que forma parte y que protesta cada sábado en algunas de las principales ciudades españolas. Este fin de semana, se espera una asistencia más alta. «Todo el mundo está como loco. De verdad que es triste, es extraño, pero es así. Todo el mundo está contento de que nos hayan atacado», admite la contradicción mientras acude a la concentración de la diáspora iraní en la Puerta del Sol de Madrid.
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La ‘esperanza’ en EEUU
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Mientras, en Barcelona, Nilufar Saberi, activista iraní por los derechos humanos, se apresura a la concentración de la plaza Universitat. La escena se repite en la tarde del sábado, también en Alicante. Más de 200 personas se concentran en cada una de las ciudades en las últimas semanas para visibilizar la diáspora iraní en España, entre banderas, pancartas pidiendo libertad y fotografías de los presos políticos.
[–>[–>[–>En sus retinas, las imágenes de las protestas en Teherán, donde los manifestantes han vuelto a salir a la calle este fin de semana para celebrar el inicio de los ataques contra las autoridades islamistas «con júbilo, con baile, con aplausos, entre risas nerviosas y pánico», en palabras de Saberi. «La inmensa mayoría del pueblo iraní estaba pidiendo a gritos que alguien hiciera algo. Nos están masacrando a diario y el mundo está mirando para otro lado», asegura. A su juicio, muchos iraníes interpretan que el golpe va dirigido contra la cúpula del poder y no contra la población.
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«La teocracia islamista nos da más miedo que Israel y Estados Unidos juntos», enfatiza Saberi, que matiza que nadie en Irán se hace ilusiones sobre una intervención internacional con motivaciones humanitarias. «Sabemos de sobra que ningún país del mundo va a mover un dedo para salvar al pueblo iraní», afirma. Sin embargo, se apoya en la esperanza de que, en este momento, «los intereses internacionales coinciden con los intereses del pueblo iraní» en su objetivo de debilitar a la teocracia.
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[–>La esperanza de Saberi está en que este ataque sea mortífero para el régimen. «Que se carguen a todos los altos rangos de nuestros verdugos debilita muchísimo las unidades de represión», sostiene. Pero admite que el escenario es imprevisible y que la alegría está atravesada por la angustia de un posible fracaso: si el régimen no cae, «para nosotros es la mayor desgracia que nos podría pasar».
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En ese contexto, lanza una alerta sobre el riesgo inmediato para los presos políticos, a los que define como «las personas más indefensas» en un clima de guerra y represión. Para ello, pide que se promuevan campañas internacionales, ante el temor de la imposición de condiciones «infrahumanas» y posibles ejecuciones masivas, como ha sucedido anteriormente, si el régimen se ve acorralado.
[–>[–>[–>Una joven sostiene un cartel que dice ‘Irán libre’ durante la manifestación en Barcelona contra el régimen iraní tras la muerte de Mahsa Amini, el 15 de octubre de 2022, en Barcelona (España). Unas 300 personas se han reunido en Barcelona para defender los derechos de las mujeres en Irán tras la muerte de Mahsa Amini, que falleció bajo custodia tras ser detenida por la ‘policía de la moral’ por llevar un código de vestimenta inadecuado. / Lorena Sopêna / Europa Press
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La «ayuda» prometida
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En Málaga, la activista Galin Shirzad ha contado los días —40 días— desde que comenzó la masacre en Irán y Trump prometió «enviar ayuda» en una publicación en redes sociales. «Desde entonces estamos esperando con muchas esperanzas y también miedo. Necesitamos ayuda, necesitamos apoyo y, por fin, [Trump] Ahora lo ha logrado».
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Y aunque ese apoyo haya empezado a materializarse, admite la angustia de la incertidumbre. «Todo el mundo tiene miedo a la guerra», pero insiste en separar el objetivo de la gente: «Esa guerra no es una guerra contra los iraníes, es una guerra por los iraníes», justifica.
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Shirzad también subraya lo que interpreta como un gesto político cargado de significado en las protestas fuera de Irán: «Miles de personas han salido con la bandera de Israel», porque, afirma, «Israel y el pueblo iraní tienen un enemigo común, que es el régimen de la República Islámica».
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La activista describe un clima que califica de paradójico y perturbador, por cómo se solapan amenaza y celebración. «La gente está resguardada en refugios y, a la vez, bailando en las calles, celebrando», describe para ilustrar lo que califica de «una de las guerras más raras de la historia».
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Nada es gratis
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Zina trata de ser pragmática: da por hecho que ninguna intervención es desinteresada, tampoco la de EEUU, y que habrá contrapartidas políticas o estratégicas. En su lectura, ese cálculo forma parte de la lógica internacional, y lo acepta como un «mal menor» si eso abre una ventana para que la población pueda «respirar».
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«Entiendo que EEUU tiene que obtener beneficios, no hay nada gratis», resume sin rodeos. Pero sus pensamientos están en una idea fija: «Estamos aliviados y solo queremos que esto termine de una vez por todas», concluye.
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