No lo sería si antes una estafa no hubiera empobrecido a mi padre
A los 28 años dejó aparcada una prometedora carrera como ingeniero de caminos y, a los 35, la venta de Naturitas —una empresa de productos dietéticos creada desde cero— lo hizo millonario. En la vida del emprendedor manresano Josep Casas todo va muy rápido, casi tanto como su pensamiento.
[–>[–>[–>Vende una empresa que factura 60 millones, monta Food for Joe y Europistachios, se pone al frente y crea una sociedad para invertir en startups. ¿Por qué trabaja tanto?
[–> [–>[–>Porque me gusta. Se me da bien (ríe). ¿Por qué sigue trabajando Pep Guardiola aunque ya lo haya ganado todo? Porque es un friki del fútbol y le importa más el equipo que la familia. Sería un caso parecido, aunque yo no llego a tanto. Precisamente, he empezado a ir a terapia para saber decir que no.
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¿Hace terapia para trabajar menos?
[–>[–>[–>Sí. Se me acerca tanta gente para proponerme cosas interesantes que tengo que saber decir basta. Si no, no tengo una vida equilibrada. Mi pareja llevaba dos o tres años diciéndome que tenía que aflojar, y hace un año empecé a ir al terapeuta. Aún no noto ninguna mejora concreta, pero estoy contento con el proceso que voy haciendo. Voy poniendo límites y bajando el ritmo. Al final, se trata de darse cuenta de que el tiempo es lo único que no puedes recuperar.
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¿Hacer negocios no va de hacerse muy rico?
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[–>Tengo la suerte de que, con 35 años, podría haber dejado de trabajar y, además, soy una persona que no necesita gastar mucho. O sea que no lo hago por eso. Hay como mínimo dos tipos de riqueza: la económica y la de experiencias, de familia, de amistades, que es muy importante. Al final, ser rico de verdad es tener libertad.
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«¿Por qué sigue trabajando Pep Guardiola aunque ya lo haya ganado todo? Porque es un friki del fútbol y le importa más el equipo que la familia. Sería un caso parecido, aunque yo no llego a tanto»
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No parece que tenga un trabajo muy liberador…
[–>[–>[–>No, no, es verdad. Tengo 500 inversores en Europistachos, medio centenar en Food for Joe, y los de Real Ventures. Es mucha responsabilidad. Pero, afortunadamente, confían mucho en mí. Me presiono más yo que ellos. La verdad es que voy por las escuelas de negocios explicando que lo mejor es emprender sin tener inversores, como hice en Naturitas, pero no estoy cumpliendo lo que predico. Soy un poco como un cura que da consejos sobre el matrimonio sin haberse casado nunca (ríe).
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¿Por qué dejó la ingeniería y se puso a emprender?
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Estábamos en Grecia con mi mujer trabajando para Ferrovial y vimos que nuestros compañeros expatriados tenían hijos nacidos en países distintos y que habían perdido el núcleo familiar. Nosotros queríamos una familia y una identidad y decidimos volver. Además, estábamos en plena crisis de la construcción. Y, como yo el espíritu emprendedor ya lo tenía de pequeño, pensé que era el momento de hacer el cambio.
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¿Y por qué se orientó hacia la alimentación alternativa?
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Fue por una combinación de hechos. Por un lado, mi padre tenía una empresa de prefabricados de hormigón en el Solsonès y en 1993 su socio desapareció con 300 millones de pesetas. La empresa quebró y mi padre montó una granja en Rajadell, cosa que hizo que yo viviera desde pequeño el mundo ganadero y agrario. Además, como consecuencia de aquel revés, mi madre tuvo una depresión que se ha convertido en crónica y todavía arrastra secuelas, lo que la llevó a descubrir la naturopatía. Y todavía otra cosa: yo desarrollé una intolerancia a la lactosa y eso me hizo buscar en el mercado productos sin lactosa. Con todo eso, acabé viendo en los productos ecológicos y alternativos una oportunidad de negocio.
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Naturitas cubría su propia demanda.
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Exacto. Yo no me habría hecho rico si antes una estafa no hubiera empobrecido a mi padre y él no hubiera montado la granja. Si mi madre no hubiera tenido una depresión, seguramente no habríamos descubierto la naturopatía. Todo está conectado.
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Parece una reflexión sobre la importancia del azar.
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Sí, el azar es muy importante. Los emprendedores lo llamamos ‘timing’. Si hubiera montado Naturitas cinco años antes, el ‘e-commerce’ no habría estado lo bastante desarrollado, y cinco años después ya no habríamos sido los primeros.
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«He empezado a ir a terapia para saber decir que no. Se me acerca tanta gente para proponerme cosas interesantes que tengo que saber decir basta. Si no, no tengo una vida equilibrada»
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¿Ha experimentado la falta de suerte?
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Sí, claro. Y de los golpes se aprende mucho. Al mismo tiempo que creábamos Naturitas pusimos en marcha UnPlis, que era como Glovo pero con trabajadores asegurados. Nuestra aplicación era claramente mejor que la de Glovo, pero no se puede competir contra alguien que trabaja con falsos autónomos. Aquello me hizo ver que el sistema no funciona: quien trataba bien a los restaurantes y a los empleados perdió la competición. Después a Glovo le han puesto multas por valor de 500 millones de euros, pero nosotros ya habíamos cerrado.
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¿Cómo monta Naturitas sin dinero?
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La inversión era nuestro trabajo. La web la hizo Esteban Humet, mi socio. Pusimos miles de referencias de productos que no teníamos, porque en una tienda tienes que llenar las estanterías, pero en una web no. Y el sistema era pagar al proveedor cuando ya habíamos cobrado del cliente, cosa que se conseguía garantizando la entrega en 48 horas.
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¿Fue un éxito inmediato?
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Sí, más de lo que esperábamos. Durante el primer año nos dedicamos más a UnPlis, pero Naturitas iba creciendo. Cuando llegamos al millón de euros de facturación nos dimos cuenta de que aquello podía llegar lejos, pero nunca nos habríamos imaginado que podría llegar a los cien millones de hoy.
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¿Cuál fue la tecla mágica?
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Teníamos una web más bonita y más fresca que las demás. Y supimos hacer bien la operativa. ¡Éramos un ingeniero de caminos y uno de telecomunicaciones! Eso y acertar el momento fue la clave. Y el ‘boom’ llegó con la covid, cuando mucha gente probó la compra online.
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“Hay como mínimo dos tipos de riqueza… Al final, ser rico de verdad es tener libertad”
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¿No da pena vender cuando se tiene tanto éxito?
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No; si rechazas la oportunidad y acaba yendo mal te arrepentirás toda la vida.
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¿Qué le hizo pensar en crear Food for Joe?
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Una trabajadora de Naturitas. Su perro, para ella, era un hijo. Y cada vez hay más gente que se comporta así. Eso me hizo pensar que una alimentación de mucha calidad para gatos y perros sería una buena idea.
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¿Los animales son un gran negocio porque son los nuevos niños?
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Aún más. El niño crece. Solo compras potitos un año y solo compras un cochecito; eso no pasa con una mascota. Y siempre querrás darle lo mejor que puedas porque, cuantos más años convives con él, más lo quieres. Además, dar pienso industrial hecho con harinas a un animal que viene del lobo es antinatural, es un invento americano muy reciente. Antes a los perros los alimentábamos con restos de nuestra comida o cocinábamos cosas para ellos.
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¿Y qué ofrecen como alternativa?
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Comida de verdad cocinada con un sistema de alta cocina y envasada al vacío. Ocho recetas para perros y tres para gatos. Es más caro, pero alimentar a un perro pequeño cuesta unos 20 euros al mes. Mucha gente lo puede pagar, sobre todo si no tienen hijos, que es el caso de muchos de nuestros clientes.
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¿Dar comida premium a los animales con la pobreza que hay no le genera un poco de dilema moral?
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Es que aquí el problema de la pobreza no lo tenemos con la comida, lo tenemos con la vivienda. Una persona humilde no tiene problemas para comprar comida, sino para tener un lugar correcto donde vivir.
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«Aquí el problema de la pobreza no lo tenemos con la comida, lo tenemos con la vivienda»
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¿Perros y gatos son diferentes en todo?
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Sí. Uno es omnívoro y el otro es carnívoro. El perro elige la receta de pollo; el gato, la de cerdo. El problema con los gatos es que son neofóbicos. El 50% rechaza Food for Joe porque prefiere una comida peor, pero conocida.
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Gatos, perros y también pistachos. ¿Por qué?
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Cuando has cobrado mucho dinero, todos esos bancos que nunca te habían hecho caso te llevan a un edificio muy alto, te explican que la clave es diversificar y que ellos tienen activos diversos donde invertir. Pero los expertos me dicen que no, que los bancos quieren que muevas el dinero para ir cobrando comisiones. Un amigo ingeniero agrónomo me hizo ver que, a largo plazo, la agricultura puede ser un gran negocio, y eso me llevó al pistacho. Empecé con 50 hectáreas, muchos inversores se interesaron y ahora tenemos 2.000. El objetivo es producir la mitad de los pistachos de España. Además, es muy exportable, y no solo a Europa, que va a la baja, sino también a Estados Unidos o China.
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¿Qué tiene que tener una empresa que empieza para que acepte invertir en ella?
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Sobre todo, un buen gestor, muy austero, y también alguna barrera de entrada, que no sea fácil de copiar rápidamente. También hace falta que todos los fundadores tengan los mismos valores; si vemos que acabarán divorciándose no queremos estar en medio. Una startup es un niño que aprende muy rápido, por eso puede adaptarse más rápidamente a los cambios que los abuelos de su sector, pero también es muy frágil y, por tanto, los factores personales son muy importantes.
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Tiene instalaciones en Massanes, en Tàrrega, en Galicia, en Mataró… Nada en Manresa. ¿Por qué?
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Allí tengo a la familia, pero me fui muy joven y no me ofrece ninguna ventaja. Además, el hecho de que esté muy cerca de Barcelona hace que mucho talento se vaya, cosa que no pasa tanto en Lleida o en Girona. Pienso que la proximidad ha acabado siendo perjudicial.
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