Lo que más me gusta son las matemáticas
Dolores Campos Brito, conocida por todos como Doña Lola, Tiene 92 años y todavía va a clase. Dos veces por semana acude al Centro de Educación de Personas Adultas (CEPA) de Las Palmas de Gran Canaria, donde se ha convertido en la alumna de mayor edad. Allí aprendió a leer y escribir tras una vida marcada por el cuidado de su familia, responsabilidad que asumió desde pequeña y que la obligó a abandonar los estudios apenas unos meses después de empezar.
Regresar a la escuela a los 77 años
Lola empezó la escuela a los seis años, pero apenas pudo sentarse en su escritorio durante unos meses. Pronto deja las clases para ayudar a su madrina a cuidar a los niños. No vive esta etapa como un sacrificio, sino como un período en el que todos trabajaron juntos para sacar adelante a la familia.
Con tan solo ocho años, Lola abandonó definitivamente el colegio para cuidar de su madre enferma y, años más tarde, de los hijos de su hermana, posponiendo incluso su matrimonio. Durante décadas le dio prioridad a su familia, hoy tiene tres hijos, 4 nietos, 3 bisnietos y una tataranieta, aunque las ganas de aprender siempre han permanecido latentes.
Ese momento llegó alrededor de los 77 años, cuando decidió matricularse en el Centro de Educación de Adultos de Las Palmas de Gran Canaria para recuperar lo que había perdido de niña.
Matemáticas, su materia favorita
Entre todas las materias, hay una que le gusta especialmente: matemáticas. Dice que le ayudan a ejercitar su memoria y a mantener su mente alerta. «Estudio matemáticas: suma, resta, multiplicación… También ciencias sociales, historia… y algo más, pero de momento no lo recuerdo», explica. «Me gusta todo, pero lo que más me gusta es pensar en matemáticas, para que no se me pierda la memoria. Cuanto más estudio matemáticas, más quiero seguir».
Reconoce que no siempre es fácil. «Son pesados, sí. Bueno, tal vez no sean pesados, pero para la gente que no sabe mucho… aunque los repitas varias veces, es difícil. Pero es mejor así, porque ayuda a la memoria». Incluso cuando se va a la cama, continúa practicando. «Por ejemplo, cuando estoy en la cama, hago cálculos. Empiezo a hacer matemáticas y a revisarlas». Busque siempre formas de ejercitar la cabeza. “Igual que cuando me saqué el permiso de conducir: cogía la tapa de un caldero y empezaba a girarla, como si fuera el volante, para practicar”.
La edad también ha obligado a Lola a adaptar su forma de estudiar. A pesar de todo, sigue resolviendo ejercicios y escribiendo ensayos. Hoy continúa asistiendo a clases con entusiasmo. Es uno de los momentos más esperados de la semana. Por eso, cuando piensa en las nuevas generaciones, tiene claro el mensaje que quiere transmitir: «Yo diría a los jóvenes que no se rindan. Que no dejen de aprender. Porque esa es la calidad de vida del mañana».
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