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el nuevo dilema del antidopaje

el nuevo dilema del antidopaje
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  • Publishedmarzo 7, 2026


El sexo puede ser una droga. La frase parece provocativa, casi un titular sensacionalista para generar clics. Pero en los últimos años esto ha dejado de ser una exageración y se ha convertido en un argumento legal en varios casos reales del deporte profesional.

Uno de los más recientes es el de la triatleta suiza Imogen Simmonds. El especialista en media distancia, considerado uno de los mejores del circuito internacional, dio positivo a Ligandrol en un test realizado en diciembre de 2024. Ligandrol es un modulador selectivo de los receptores de andrógenos (SARM) que favorece el aumento de la masa muscular y está prohibido por la Agencia Mundial Antidopaje.

Desde el primer momento, Simmonds defendió que no había consumido la sustancia de forma voluntaria. Aportó documentación, peritajes y un relato detallado de los hechos. Así, tras meses de investigación, el organismo competente concluyó que la presencia del compuesto se debía a una contaminación por contacto íntimo con su pareja, quien tomó esta sustancia. La decisión fue clara: no hubo culpa ni negligencia. Resultado: absuelto y sin sanción.

Ginny Fuchs también fue absuelta

El caso no es aislado. La boxeadora olímpica estadounidense Ginny Fuchs también fue exonerada tras alegar que su positivo se debió a una transmisión durante relaciones sexuales sin protección con su pareja, que estaba en tratamiento con una sustancia prohibida. Las autoridades antidopaje aceptaron esta explicación tras analizar el contexto y la evidencia científica aportada.

Incluso en el fútbol se han extremado las precauciones ante este tipo de escenarios. La pareja de Vinícius, Virginia Fonseca, envió al Real Madrid un ungüento vaginal que le había recetado su ginecólogo para su análisis, por temor a que un componente pudiera generar un resultado indeseable durante un control. Más allá de la anécdota, esto refleja hasta qué punto el entorno de los deportistas es hoy consciente de una posible contaminación.

El límite entre responsabilidad y privacidad

Estos episodios abren un debate incómodo, cada vez más presente en el deporte de élite. El principio de responsabilidad objetiva establece que el deportista es responsable de todo lo que aparece en su cuerpo, independientemente de su intención. Sin embargo, los casos de contaminación por contacto íntimo hacen necesario matizar esta rigidez cuando la ciencia respalda la versión del deportista.

Y el dopaje ya no se asocia sólo con jeringas o pastillas escondidas en un vestuario. También plantea interrogantes sobre la privacidad, la convivencia y los límites de la responsabilidad individual. ¿Hasta qué punto un deportista debe ser responsable de una sustancia que nunca quiso consumir y que entró en su organismo sin saberlo? El debate está abierto.

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