Sabugo, el barrio que fue «pueblo aparte» de Avilés, con gobierno propio y saltó la marisma
Cuando Pepa Sanz, cronista oficial de la villa, criada en el barrio avilesino de Sabugo, avanza por la calle La Estación, en el cruce con Carreño Miranda, se detiene a contemplar una de las últimas casas de quien llamaban José ‘el capataz’. El viejo chalé se alquila hoy como vivienda turística. Sanz vuelve a frenar el paso en otro punto estratégico del barrio, la «H» que dividía la calle «del medio» (hoy, Carreño Miranda), de la «de delante» (la Estación), lugar en el que finalizaba la zona inundable y la que en su infancia bautizaron como «la de atrás» (hoy, Bances Candamo). Ha cambiado mucho Sabugo, dice Pepa Sanz sobre lo que, de facto, «era un pueblo aparte de la villa, incluso con su propia muralla». Aquel núcleo de «pescadores y carpinteros de ribera» comenzó a ser más atractivo a raíz del incendio del año 1478, cuando bajaron a vivir quienes residían en la calle principal, la Ferrería. Y la cosa, recuerda la cronista, se empezó a animar en Sabugo en los siglos XVI y XVII, aunque el «despegue» fundamental le llegó ya en el siglo XIX y XX, aclara.
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Un paseo con la cronista local por este emblemático espacio de la villa permite describir pinceladas de la vida de antaño que explican el presente. Tal era la autonomía de los ‘sabugueros’ que llegaron a tener su propio gobierno, parroquia – la del Carbayo–, e incluso escuela. Y la actual plaza donde hoy se concentran varios negocios de hostelería «era el núcleo». La iglesia, –pendiente de una reforma que estiman iniciar ya en primavera– fue construida por los propios vecinos, «de ahí los cambios de estilo, del románico al gótico», explica Sanz, quien recuerda la belleza de dos puertas de estilo neoclásico que daban acceso al aulario construido a modo de anexo del templo. Alrededor de esa iglesia, apunta la cronista, se vivieron muchas desgracias. «A raíz de la guerra, llegó la tuberculosis, murió mucha gente joven». Y el médico Antonio Artime veía en el lavadero de la avenida de los Telares «un foco de contagio», porque «la gente llevaba a los enfermos a lavarse», abunda Sanz. También sufrieron los fusilamientos, «porque este era un barrio republicano, y lo pagó caro».
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Aún a pesar de todo, esta avilesina de 1947 recuerda que en Sabugo se «convivía y no pasaba nada grave». Nombra, por ejemplo, la cuadra de María Cavada, de donde salían los carros para cargar el pescado de los almacenes de conservas, había incluso un caserío y una panera, últimas huellas de un «Sabugo rural» que según Pepa Sanz estaba en la zona del «martillo», aún por edificar, en la esquina del Carbayo con Marcos del Torniello. Y con la proximidad del 8M trae a la actualidad el carácter reivindicativo de los residentes en este barrio marinero. «De aquí salieron mujeres poderosas: «la Parrochera», «la Pipiola», «la Coronela»… Y la red de colaboración vecinal era firme: «Antes del Instituto Social de la Marina, el auxilio estaba en la Cofradía de la Virgen de las Mareas, gracias a ella se iban supliendo las necesidades», rememora Sanz.
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Sabugo, el barrio que era un «pueblo aparte» y saltó el pantano / Lne
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Al avanzar hacia Bances Candamo desde El Carbayo, donde los niños, en otra época, acudían a beber leche recién ordeñada donde había cuadras, la cronista oficial de la villa y catedrática en Ciencias y Técnicas Historiográficas aclara una curiosidad sobre la altura de las aceras. «Eran, y siguen siendo así de altas, porque por aquí corría el agua». En el tramo final de esta emblemática calle soportalada, se comenzó a construir a finales del siglo XX sobre lo que en otra época fue marisma. Y en el Bances Candamo de los noventa «estaban todos los bares de la ‘movida’», dice Sanz y que cita algunos emblemáticos como «El Greco» mientras avanza por un calle en cuyos soportales se ve de forma esporádica instalados a algunos sintecho.
[–>[–>[–>Avanzar desde el corazón de Sabugo hacia la zona de la estación y Marcos del Torniello «era un viaje al extrarradio», apunta la cronista antes de encaminar sus pasos hacia lo que fue el antiguo convento de la Merced donde hoy se levanta la iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, la ‘catedralina’ de Avilés. «Aquí recibí todos los sacramentos», dice orgullosa, antes de dar un salto atrás en el tiempo para recordar el momento en el que el barrio saltó la marisma, dando paso al parque del Muelle. A los pies de la escultura de Pedro Menéndez y mirando hacia la estación, Sanz sugiere una mejora completa para Emile Robin, finalizando el cambio de cara que próximamente comenzará en el edificio que hace esquina con la avenida de los Telares. «Que arreglen el edificio al otro lado de La Botella», expone.
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Sabugo, el barrio que era un «pueblo aparte» y saltó el pantano / Lne
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Las sidrerías y las casas de comidas, igual que las tiendas de ultramarinos, fueron una constante en diferentes etapas de Sabugo. Y cita Casa Lin, Casa Cabo, el restaurante de la calle la Florida a imagen del Marchica de Oviedo, el emblemático Germán… En ese entorno, los domingos eran días para disfrutar de la Banda de Música y junto a la farola de la plaza de Pedro Menéndez –donde tiempo después se instaló la fuente– los niños acudían «a la tómbola del Real Avilés».
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[–>Hoy quedan pocos signos de aquella vida de barrio, pero se ha mejorado la estética de zonas como el parque del Muelle. «Las aceras no resbalan», precisa Sanz. Los chalés han sido sustituidos por edificios de oficinas y los almacenes de vinos de la segunda mitad del XX son hoy viviendas. «Sabugo va reviviendo», sentencia Pepa Sanz desde la óptica de la niña que vio crecer un barrio «que era muy cantarín» y la mujer que volvió de Sevilla para verlo evolucionar. El próximo cambio que espera es la conexión desde la plaza del Carbayo hacia el parque de Luz Casanova. «Aquí tuvimos hasta tres cines al tiempo: el Clarín, el Iris y el Florida«, recuerda sobre la etapa de esplendor cultural de Sabugo.
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