El asturiano que se escapó del infierno tropical de la Guayana Francesa antes que «Papillón»
El profesor de Secundaria jubilado Luis Arias González y el empresario Luis Rojo Medina han contado en “Alas y cadenas” (Ayuntamiento de Castrillón, 2026) la historia de Manuel Menéndez Valdés, un castrillonense que en los 49 años en que anduvo por el mundo tuvo tiempo de ser ingeniero industrial, pionero de la aviación española y conocer a Roland Garros, el del “grand slam” de tenis y as de los cielos franceses. Fue espía germanófilo al final de la Primera Guerra Mundial. Le condenaron a muerte y, bajo la mediación de Alfonso XIII y del diputado avilesino Manuel Pedregal, le conmutaron la pena por otra peor: trabajos forzados en la Guayana Francesa. Se escapó y su aventura, anterior a la de Henri Charrière “Papillón”, la dejó escrita en un reportaje de los que hacen época: “Siete meses condenado a muerte”. Lo editó el socialista “caballerista” Luis Araquistáin en la editorial España, la de la revista del mismo nombre.
[–>[–>[–>Manuel Menéndez con uno de sus aviones. / «Alas y cadenas»
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El libro de Arias González y Rojo Medina se presenta este viernes (19.00 horas) en el salón de sesiones del Ayuntamiento de Castrillón, en Piedras Blancas. El Patronato de Cultura del municipio en el que vino al mundo este 007 de la Restauración se ha encargado de su publicación. “A quinientos metros de la pista de aterrizaje del Aeropuerto de Asturias nació uno de los pioneros de la aviación española. Nuestra ilusión, la de Luis Rojo Medina y la mía, es que llevara el nombre de Manuel Menéndez Valdés”, invoca el primero de los dos autores del libro.
[–> [–>[–>Cuenta Arias González que estableció un vínculo con Menéndez Valdés “una mañana en el Rastro”: “Fue de manera casual: me interesa Luis Araquistáin y vi el libro. El prólogo era suyo, del escritor socialista. Al llegar a casa empecé a leerlo y no pude parar”, confiesa el profesor jubilado.
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Luis Arias González y Luis Rojo Medina junto a un avión / «Alas y cadenas»
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“Siete meses condenado a muerte” es una especie de libro de memorias, una crónica periodística y un genuino relato de aventuras. “Menéndez fue el ‘Papillón’ español, aunque precedió a Charrière en el tiempo; de hecho, el asturiano estuvo allí cuatro años antes que el conocido escritor francés”, aclara Arias González.
[–>[–>[–>A Charrière le condenaron por haber matado a un proxeneta en 1931 (no lo hizo). A Menéndez Valdés, la condena le llegó antes: durante la Gran Guerra. Se da la circunstancia, recuerda Arias González, de que la Guayana Francesa —hoy sede de la Agencia Espacial Europea— fue también el lugar de condena del capitán Alfred Dreyfus, el del “Yo acuso” de Émile Zola, el primer condenado de renombre “en el más puro infierno”.
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El presidiario que era de Santiago del Monte
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“Habiendo leído su libro, empiezo a interesarme por el personaje y a ver las referencias en la historiografía española. Me doy cuenta de que son escasísimas y casi todas relacionadas solo con su etapa como piloto”, cuenta Arias González.
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En el centro, Menéndez, el rey Alfonso XIII, con un gran abrigo. A la derecha, la reina Victoria Eugenia. En Getafe, 1915. / «Alas y cadenas»
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Luis Rojo Medina, el otro autor, es quien estudia la peripecia del asturiano como ingeniero y pionero del aire. “Menéndez Valdés nació en Santiago del Monte y, habiendo nacido allí, fue un ciudadano cosmopolita. Sin embargo, nunca renunció a sus raíces. Cuando se hace masón decide llamarse ‘Santiago’”, cuenta Arias González.
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“Nace en el seno de una familia indiana, con una posición económica que le permitió acceder a los estudios de ingeniero. Eso le abre la puerta a obtener la beca que creó Alfonso XIII para poder ser, junto con otros tres compañeros, los primeros pilotos civiles españoles”, relata el biógrafo del pionero asturiano. “Voló en todos los raids que hubo en España. Era un piloto que salía en los periódicos”, añade Arias González.
[–>[–>[–>Menéndez estudia aeronáutica, se hace profesor, pero nunca pierde sus vínculos con Asturias y con Avilés. “Es amigo de Carlos Larrañaga, el fundador de la Cámara de Comercio, el abuelo del actor y bisabuelo de Amparo Larrañaga”, señala el coautor de “Alas y cadenas”.
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Su estancia en Francia
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En 1917 cierra la Escuela Nacional de Aeronáutica y “él se queda sin trabajo” (había sido profesor). Arias González cuenta que le consiguen un nuevo empleo en Francia. Allí es donde conoce a Roland Garros. El nuevo empleo del castrillonense fue de piloto probador, “en plena Guerra Mundial”, recalca el investigador.
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“A la semana de llegar a Francia llaman a la puerta de su habitación de hotel, le detienen por espía y le condenan a tres penas de muerte”, cuenta el coautor de la biografía. ¿Y era espía? “Yo no lo puedo afirmar documentalmente; están sin desclasificar los documentos del servicio secreto de aquel momento. Pero creo que sí tenía alguna vinculación. Probablemente de forma indirecta, porque era un hombre muy mujeriego, y a través de espías dobles, algo muy típico en la época, pudo tener alguna relación con el espionaje. ¿Por qué digo esto? Porque tres de los principales espías alemanes en España fueron alumnos suyos en la Escuela Nacional de Aeronáutica de Getafe”, determina Arias González.
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La estancia en la Guayana
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Cambió la guillotina por el trópico. “Cambió la sartén por la llama”, explica el biógrafo. “La esperanza media de vida de alguien que iba a la Guayana Francesa no superaba los cinco años”.
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Menéndez cuenta en su libro “el sistema, la corrupción, la violencia, la comida y las enfermedades tropicales; en definitiva, el infierno auténtico que era”, continúa Arias González. “Su hermano Jesús se mueve para procurar sacarle de allí: soborna a funcionarios de la prisión, indígenas que cobraban tanto por ayudar a escapar a los presos como por capturarlos; la familia se endeuda para poder pagar todo eso y él consigue escapar. De una manera rocambolesca, un preso que le acompaña mata a un guardia”, añade.
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Manuel Menéndez Valdés no tuvo una vida, sino tres o cuatro vidas; incluso tres versiones distintas de su muerte. A su vuelta a España tuvo que reinventarse: “Fue trabajador autónomo de una empresa de seguros, se presentó a una plaza de ingeniero en el Ayuntamiento de Gijón que no consiguió, y también presentó un proyecto para la traída de agua de Gijón que tampoco prosperó. Finalmente entró en Campsa. Participó en el Ateneo Obrero dando conferencias y se inclinó hacia los sectores que en Gijón y en Asturias empezaban a oponerse a la dictadura de Primo de Rivera”, concluye.
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