BLOQUEO ESTRECHO ORMUZ | La UE trata de contener el golpe energético del bloqueo de Ormuz con un acercamiento a Oriente Medio
La Unión Europea y los líderes de trece países de Oriente Medio trataron este lunes de tender puentes para limitar el impacto económico de la guerra en Irán y el consecuente bloqueo del estrecho de Ormuz. La prioridad más urgente en el plano económico es que los bombardeos no alcancen de lleno el comercio, el transporte marítimo y los mercados.
[–>[–>[–>En el centro de la preocupación por la guerra en Irán está «el impacto de los ataques contra infraestructuras energéticas y del cierre del estrecho de Ormuz sobre la seguridad energética mundial», según el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que emitieron una declaración conjunta tras su reunión por videoconferencia con los líderes de Jordania, Egipto, Baréin, Líbano, Siria, Turquía, Armenia, Irak, Catar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Omán.
[–> [–>[–>El objetivo es crear un frente común de presión diplomática y búsqueda de un marco que permita frenar la escalada y su efecto sobre la inestabilidad política y comercial. Para ello, exploraron fórmulas para «reforzar la cooperación con los socios de Oriente Medio a fin de mitigar los riesgos» en referencia, por ejemplo, a la subida de precio del petróleo hasta los más de 100 dólares el barril, límites no alcanzados desde el inicio de la guerra en Ucrania.
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Equilibrios imposibles
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Costa y Von der Leyen presentaron este acercamiento como una nueva muestra de «solidaridad y acercamiento diplomático«, en continuidad con los contactos desplegados desde el inicio de la crisis. Y es que el texto se queda corto a la hora de detallar las medidas específicas que se están explorando, y se limita a ser un gesto para tender la mano y escenificar un frente común y de escucha.
[–>[–>[–>«El diálogo y la diplomacia son la única opción viable para avanzar”, insistieron. Los dos presidentes reafirmaron su compromiso con la estabilidad regional y reclamaron «la protección de los civiles y el pleno respeto del derecho internacional» – unos principios que no han cumplido los ataques de Israel y EEUU a Irán, algo a lo que Costa y Von der leyen no hicieron referencia explícita, en una ambivalencia difícil de gestionar.
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Sin embargo, mantuvieron un tono duro hacia Teherán: condenaron «con la máxima firmeza los ataques indiscriminados de Irán» y «la inaceptable represión y violencia perpetradas por el régimen iraní contra sus propios ciudadanos». Reiteraron además las exigencias históricas de la UE para que el régimen ponga fin a su programa nuclear, limite sus misiles balísticos y cese la represión contra su propia población.
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[–>Y bajo esta difícil petición de contención, acompañada de condenas desiguales a los actores del conflicto, los dos presidentes presentaron la UE como «socio fiable y de larga trayectoria para la región», una idea que contrasta con el rol que Estados Unidos ha tomado en la última década. La UE está dispuesta a «contribuir de todas las maneras posibles para ayudar a rebajar la tensión y facilitar el regreso a la mesa de negociación», insistieron. La formulación es amplia, pero no pierde la oportunidad de tratar de recuperar cierto protagonismo para Bruselas en medio de los vaivenes bélicos de los que prefiere no participar.
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La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen / DATI BENDO / Europa Press
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Von der leyen, cuestionada
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Este intento de ser una voz relevante ya le ha valido a von der Leyen que se cree una polémica por su alto perfil de los últimos días. Varios diplomáticos, funcionarios y eurodiputados citados por ‘Politico’ consideran que, desde el inicio de esta crisis con Irán, la presidenta de la Comisión está excediéndose en sus competencias y asumiendo un papel que corresponde a Kaja Kallas, responsable de articular la política exterior común de los Veintisiete. El malestar no se limita al fondo, sino también a la forma: llamadas a líderes del Golfo, posicionamientos públicos y mensajes que, según sus críticos, no reflejaban el equilibrio interno ni el consenso entre los Estados miembros.
[–>[–>[–>Esa tensión se entiende mejor a la luz de la evolución política de von der Leyen en los últimos años. Su peso ha crecido con cada crisis, desde la pandemia hasta la guerra de Ucrania y las fricciones comerciales con Estados Unidos, donde muchos gobiernos sí han valorado su capacidad de gestión. Pero en asuntos más sensibles, como Oriente Próximo, afloran las reservas: varios países temen que la Comisión proyecte una voz propia en política exterior sin un mandato claro, lo que puede generar confusión externa y acentuar divisiones internas en un momento en que la UE ya tiene dificultades para hablar con una sola voz.
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El debate va más allá del caso iraní y apunta a una cuestión institucional de fondo. También han surgido fricciones por la iniciativa de acelerar la adhesión de Ucrania a la UE y por la participación de la Comisión en iniciativas internacionales como el Board of Peace impulsado por Donald Trump. En ambos frentes, algunas capitales reprochan a Bruselas no haber calibrado bien el clima político ni los límites de su papel. De ahí que empiece a imponerse una idea: la UE necesita aclarar de manera consciente y ordenada cómo se reparten las competencias en política exterior entre la Comisión, la jefatura diplomática comunitaria y los Estados miembros, para evitar una imagen de cacofonía en plena etapa de presión geopolítica. En Bruselas, saben que el margen de maniobra es estrecho.
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