El mercado y las pautas para reforzar confianzas, incluso en tiempos de guerra
Uno de los grandes retos de la inversión bursátil es determinar las pautas que determinan el futuro de los precios en un mercado dado. Los grandes operadores contratan a matemáticos y emplean excelentes programas de inteligencia artificial para adelantarse a los acontecimientos. Existen apóstoles por doquier, catecismos de toda índole y creyentes confesos para dar y vender. Pese a que el contexto tiende más a ser impredecible, el ser humano es crédulo con las ofertas de confianza en el más allá del conocimiento y tiende a ceder responsabilidades y convencimientos por mantener la tranquilidad espiritual y las otras.
[–>[–>[–>Las bolsas viven estos días altibajos, terreno abonado a grandes pérdidas y grandes ganancias, de la mano de la guerra de Irán. Es un conflicto premeditado pero poco controlado, quizá estudiado pero previsto con escaso tino. Volatilidad al cubo.
[–> [–>[–>Pero entre los buscadores de pautas, algunos hay que siguen convencidos en que el ciclo actual es alcista. Otros siguen creyendo en que el ciclo es bajista hasta final de año. Pero el temeroso cortoplacista solo es capaz de ver continuos sube y baja al ritmo impredecible de Trump.
[–>[–>[–>
Un informe de Gesinter de este martes llama la atención entre los optimistas. Señala que los movimientos actuales «encajan dentro del comportamiento habitual de los ciclos bursátiles alcistas, que históricamente avanzan mediante fases alternas de corrección y recuperación». Y pese a que algunos advierten para resguardarse por opinar en caso de batacazos aquello de que rentabilidades pasadas no aseguran las futuras, Gesinter apela a la historia sin ambages: «Según datos históricos del mercado estadounidense, desde la Segunda Guerra Mundial se han registrado 12 grandes mercados alcistas en Estados Unidos, con una duración media aproximada de 67 meses. El actual ciclo comenzó en octubre de 2022, tras las caídas registradas ese año, y acumula alrededor de 40 meses de duración».
[–>[–>[–>Se trata de creer o no creer, esa es la cuestión. Es cierto que ninguna tendencia es una línea recta, ya que siempre existen inversores crédulos que dejan de creer y venden. Eso se traduce en dientes de sierra y en incertidumbres continuas. Gesinter obvia el temporal que llega del estrecho de Ormuz y explica la situación actual también por razones políticas: «Uno de los factores que tradicionalmente introduce mayor volatilidad en los mercados estadounidenses es el calendario político. El llamado año ‘mid-term’, correspondiente al segundo año del ciclo presidencial en Estados Unidos, ha sido históricamente el periodo en el que se registran correcciones más intensas en las bolsas. Según datos recogidos por distintos estudios de mercado, las caídas medias en el año intermedio del ciclo presidencial superan el 17%, frente a descensos cercanos al 12% en los otros tres años del ciclo electoral. Este patrón histórico explica por qué los mercados pueden experimentar fases de incertidumbre más acusadas durante ese periodo».
[–>[–>[–>
La conclusión en clara por lo que es necesario redundar. La cuestión es creer o no creer y abonarse al convencimiento mayoritario y ocultar las dudas en pro del contexto colectivo que arrastra.
[–>[–>
[–>La cuestión es que las bolsas viven momentos de incertidumbre y con ello hay que apañarse: «Pese a la incertidumbre geopolítica, las tensiones comerciales y los cambios en la política monetaria global, el sentimiento predominante entre los inversores sigue siendo de cautela más que de euforia. Históricamente, este tipo de escenarios no ha impedido el avance de los mercados, que a menudo continúan desarrollando su tendencia alcista en entornos de dudas». Lo dicho. Nadie sabe nada, pero las creencias son de cada uno. Unos ganan y otros pierden.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí