los 60 asesinatos de la Transición
Juan Mañas y dos amigos viajaban en mayo de 1981 desde Santander a Almería, donde se celebró la comunión de su hermano. Evento al que no llegaron porque fueron detenidos, torturados, asesinados y, posteriormente, sus cuerpos quemados y arrojados a un barranco. Eran agentes de la Guardia Civil que los confundieron con terroristas e intentaron ocultar lo sucedido. Este, sin embargo, es sólo uno de los 60 casos que analiza el Gobierno para reconocerlas como víctimas de la violencia durante la Transición y que aún no lo son porque la Ley de Memoria reconoce este tipo de actos hasta 1978.
Entre estos está el caso de Yolanda González Martín. Tenía 19 años, estudiante de electrónica y militante del Partido Socialista de los Trabajadores cuando un grupo de ultraderechistas entraron en su casa haciéndose pasar por policías y se la llevaron porque creían que pertenecía a ETA. La subieron a un auto, la maltrataron y cuando se cansaron le dispararon dos veces en la cabeza a quemarropa. Incluso, para colmo, cuando ya estaba en el suelo le dieron otra.
Hechos ocurridos en 1980 y durante los cuales los ultras también mataron Vicente Cuervo en protesta contra un acto de extremistas y asesinado Arturo Pajuelo y Joaquín Martínez por asistir a los eventos del Primero de Mayo. Un año antes, en 1979, algunos ultras ya habían matado José Luis Alcazo.
Alcazo, en cambio, no venía de ninguna manifestación, ni iba a protestar contra nada ni nadie. Simplemente estaba paseando con unos amigos por el Parque del Retiro de Madrid y un grupo de ultras lo mató porque supusieron que era rojo u homosexual o drogadicto. Todo por tener barba y pantalones acampanados. Allí se despidió de sus compañeros, ya que regresaba a su localidad oscense tras finalizar la carrera de Historia.
Casos como estos, en los que se vulneran los derechos humanos de quienes reclamaron libertades y acataron la Constitución de 1978, son los que estudia una comisión creada por el Ley de Memoria Democrática. En él, hay historiadores y asociaciones que cifran en unas 300 víctimas de este periodo.
De esta forma y aunque se desconoce el número exacto de este tipo de historias, lo que sí está claro es que el franquismo no acabó con la muerte del dictador francisco francoque los abusos no terminaron con la Carta Magaña y que la lucha por las libertades no terminó en 1978. De hecho, todavía hay quienes no lo creen y matan para frenar la democracia.
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