El Ejército pide a las empresas drones simples, baratos y adaptados a las lecciones de la guerra de Ucrania
En la batalla, cuando se multiplican la confusión y las urgencias, la avería de un dron no puede suponer para el soldado mucho más que sacar una llave y un destornillador y, en un momento, cambiar una pieza. O sea, la máquina ha de ser sencilla; su operativa, fácil; su logística, simple. Esta petición es una de las formuladas por miembros del Ejército de Tierra este miércoles en un encuentro de militares, científicos y empresarios en la base madrileña de El Goloso.
[–>[–>[–>Es también una de las lecciones que se desprenden de los apuros que han ido superando los soldados ucranianos en la actual tribulación de su país. Del frente de Ucrania llega la enseñanza de que la llamada «franja de muerte», ese espacio en el que nada que se mueva se libra de la acción letal de un dron, pasa ya de un ancho de 25 kilómetros a uno de 40. Los robots reinan en la línea de contacto entre ucranianos y rusos, y el Ejército toma nota en su proceso de modernización, la reflexión y pruebas que tiene emprendidas en el proyecto Fuerza 35.
[–> [–>[–>Personal militar de distintas unidades terrestres, en el encuentro celebrado en El Goloso con diseñadores, ingenieros y fabricantes de drones de guerra. / El Periódico
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Ha sido anfitrión del encuentro el acuartelamiento que alberga a la Brigada Guadarrama XII, una de las unidades más potentes de las Fuerzas Armadas, que reparte ahora a la mitad de sus efectivos entre Letonia y el Líbano. Y ha sido el organizador el Mando de Apoyo Logístico del Ejército, el MALE, que tiene un papel central en el debate sobre innovaciones militares. El motivo del encuentro, un intercambio de información entre militares y civiles sobre «Robotización UxS», que es el enunciado de la cita.
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Lecciones del frente
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Las empresas y los diseñadores han recibido las anotaciones del Ejército. Algunas las ha explicado Eloy García, sargento de la Legión experto en drones terrestres recién llegado del norte, donde ha estado aprendiendo tácticas que los militares ucranianos sacan de su experiencia en el combate. Se ha traído aprendido a España que «la mayoría de las bajas en el frente son las del soldado que tiene que ir a retaguardia a por munición, baterías u otras cosas. Por eso implementan allí los drones terrestres».
[–>[–>[–>Reducir bajas es esencial para una defensa ucraniana bajo la presión de la carencia de personal. A la fuerza han tenido que buscar la ayuda de los robots para lo que el sargento denomina «preservación del factor humano». Ahora, en el frente de Ucrania, el 90% de los drones terrestres, o UGVs, se utilizan para tareas logísticas o extracción de heridos.
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Las máquinas se usan preferentemente de noche, para que no las cacen otras máquinas. Y es importante «el impacto crítico», ha contado el legionario; una fórmula de la economía de guerra cuyo mejor resultado es la relación entre un bajo coste del robot y un alto impacto de su servicio. «Por eso allí saben que un dron debe ser sencillo y fácil».
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[–>Robots duros y sencillos
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La intención de estos encuentros es «acercar la industria a las unidades, experimentar con productos, ver materiales… buscar sinergias, y que el mundo académico participe«, explicaba en su salutación en El Goloso el nuevo jefe del MALE, el teniente general Guillermo Ramírez Altozano. El objetivo es también obtener «una idea clara en el nivel táctico» o, lo que es lo mismo, ver los robots con los ojos de los soldados que los tienen que manejar.
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Y de lo que ven los soldados toma nota el Mando de Adiestramiento y Doctrina del Ejército. Uno de sus integrantes, el coronel Bonifacio Gutiérrez de León, ha explicado a los civiles de la industria del dron algunas cosas que enseña la guerra de Ucrania.
[–>[–>[–>La primera, que es preferible tener muchos UAS (aparatos voladores no tripulados) baratos que uno muy sofisticado y caro. Aquí el número importa, tanto como una «tríada tecnológica» que reúnen la navegación, las comunicaciones y la autonomía de la máquina. El fuselaje importa menos que los sensores y el software.
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A finales del año 25, Ucrania quería producir 15.000 drones terrestres, apuntó Ramírez. El país invadido por Rusia ha pasado del robot artesanal a la cadena industrial de montaje. Ahora, las mulas -vehículos autónomos de ruedas o cadenas que les llevan la carga a los soldados- «han revolucionado la logística del último kilómetro», ese espacio y ese momento en el que hacer un CASEVAC -extraer un herido- o enviar baterías, agua, munición, ha costado hasta ahora tantas vidas.
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Un grupo de militares observa unos drones durante la reunión celebrada en El Goloso / El Periódico
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Gutiérrez de León ha transmitido peticiones del Ejército a las empresas en materia de drones terrestres: se necesitan «sistemas agnósticos», que puedan trabajar con los de otras marcas, y no paquetes cerrados. Han de ser modulares, para que se les pueda colocar cualquier añadido, un sensor, una óptica, una ametralladora, según lo requiera la misión; y los necesitan bajos, de no más de 70 centímetros de alto, resistentes y sencillos, pues, si se estropean, no hay tiempo de esperar que venta el técnico de la empresa a repararlos.
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Cuando se despedía del público en el atril, en una pantalla que tenía detrás dejó fijado un lema: «Innovar o perecer».
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Acelerar las compras
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En la Fuerza 35, o Fuerza Futura, como la llaman también en la jerga militar española, se lleva pensando desde 2018. Incluso hay constituido en el Cuartel General del Ejército un centro de pensamiento en torno a esa próxima configuración de las unidades de Tierra. Pero la guerra de Ucrania y la consecuente inyección europea de fondos para la defensa le dan premura. La urgencia no solo viene determinada por la guerra: también por la velocidad a la que corren los avances tecnológicos. «En tecnología, llegar tarde es no llegar», explica el general de Brigada Luis Sanz Muñoz, jefe de la Dirección de Adquisiciones del Ejército.
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Este alto oficial ha explicado a los reunidos en El Goloso que en su negociado están buscando «ciclos de adquisición cortos, de dos años». Se trata de reducir el tempo del proceso, habitualmente lento, paquidérmico, de cinco años de media en la obtención de tecnologías militares. «Es lo que intenta implementar la OTAN», ha explicado. En Estados Unidos quieren darle la misma velocidad, pese a los roces del Pentágono con el Senado. Y en España se trata de hacerlo sin superar los márgenes de la Ley de Contratos del Sector Público.
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Es la velocidad de contratación necesaria en los avances en mando y control, robótica, drones terrestres y aéreos, guerra electrónica… «Las capacidades diferenciales que ha marcado la OTAN en los escenarios actuales», dice Sanz. No habla de «las capacidades conocidas», la artillería de campaña, grandes lotes de munición, carros de combate… sino de drones, software, escudos contra la perturbación electrónica, nubes 5G, robots de asistencia al soldado… la punta de lanza tecnológica que, en Ucrania, marca la diferencia, «las capacidades que nos darían la ventaja y la superioridad en el enfrentamiento».
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Este impulso ha nacido de debates en el Ejército de Tierra, pero se está extendiendo a todas las Fuerzas Armadas en aquellos programas en los que es posible acelerar. Y para ello, el general Sanz Muñoz ve imprescindible el cuidado de lo que llama «el ecosistema»: el espacio -cerrado y algo enmohecido en pasadas crisis- en el que interactúan el Ejército, la industria y los centros tecnológicos universitarios.
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En su alocución, en el salón de actos de la base de la Brigada Guadarrama XII, llegando por las ventanas semiabiertas el rumor de los motores de los blindados, Sanz recordó las condiciones que parte de la brigada está ahora soportando en el Líbano, con «bombardeos cerca de las posiciones, algunos dentro de las posiciones..», y subrayó a los reunidos: «No nos podemos permitir llegar tarde».
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