Todos tienen miedo de no usarlos
En Washington, una ciudad donde casi todo gira en torno a la política, los presupuestos y las elecciones, la moda rara vez protagoniza titulares. Pero esta vez el tema de conversación en los pasillos del poder son unos zapatos oxford negros de cuero, discretos, clásicos y con un precio relativamente moderado: 145 dólares (125 euros, al cambio).
[–>[–>[–>El responsable de esta inesperada tendencia estilística es Donald Trump, que según cuenta ‘The Wall Street Journal’ se ha encaprichado con un modelo de la histórica marca estadounidense Florsheim y ha empezado a regalarlos de forma sistemática a miembros de su entorno político. La idea es que el equipo vista casi de uniforme, parece.
[–> [–>[–>Regalo con nota
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La escena se repite en reuniones y encuentros informales. Trump observa el calzado de su interlocutor, intenta adivinar su talla y pide a un asistente que haga el pedido. Días después, una caja marrón con el logotipo de Florsheim llega a la Casa Blanca con el nombre del destinatario. A veces incluso incluye una nota firmada por el propio presidente.
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Con el tiempo, los zapatos han terminado funcionando como una curiosa señal de pertenencia al círculo presidencial. Ministros, asesores, políticos aliados e incluso figuras mediáticas cercanas al trumpismo han recibido su par.
[–>[–>[–>«Todos los hombres los tienen», explica una funcionaria de la Casa Blanca en el citado diario. Otra broma: «Es divertidísimo porque todos tienen miedo de no usarlos». Tal es la obsesión de Trump.
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A juego con el uniforme clásico
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El modelo elegido por Trump responde a uno de los pilares del estilo masculino clásico: el oxford negro, de cordones y horma limpia, pensado para acompañar trajes oscuros. Es un zapato sobrio, tradicional y prácticamente invariable desde hace décadas. Encaja perfectamente con el uniforme habitual del presidente: traje azul oscuro, camisa blanca y corbata roja.
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[–>La marca elegida tampoco es una desconocida en la historia del estilo masculino estadounidense. Florsheim, fundada en 1892 por la familia del mismo nombre, se convirtió durante el siglo XX en uno de los referentes del calzado formal americano.
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Pero detrás de esta anécdota de estilo hay también una paradoja económica.
[–>[–>[–>No a los aranceles
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La compañía, fundada en Wisconsin en 1892 por la familia Florsheim, presentó una demanda contra el Gobierno estadounidense por el impacto de los aranceles impuestos durante la política comercial de Trump. Según la empresa, esos gravámenes encarecieron la producción, ya que buena parte de sus zapatos se fabrican fuera del país.
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Calculan que las tarifas provocaron pérdidas de unos 16 millones de dólares y obligaron a subir el precio de algunos modelos alrededor de un 10%.
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Es decir: el presidente que ahora reparte zapatos Florsheim como si fueran parte del uniforme oficioso de su equipo es también responsable indirecto de que esos mismos zapatos sean hoy algo más caros.
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En la tradición política estadounidense, los presidentes suelen tener pequeños gestos simbólicos con su entorno: desde monedas conmemorativas hasta gemelos o fotografías oficiales. Trump ya era conocido por repartir gorras MAGA, monedas presidenciales o rotuladores Sharpie firmados.
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Pero el regalo de zapatos de vestir lleva esa tradición un paso, nunca mejor dicho, más allá.
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