Las niñas no quieren ser ingenieras
«Ya era hora», espetó Hedwig Eva Maria Kiesler, más conocida como Hedy Lamarr (1914-2000).cuando en 1997 recibió el Premio Pionero por sus aportes tecnológicos. La bella actriz austriaca, que llenó las salas de cine en los años 1930 y 1940, protagonizó más de treinta películas y trabajó con directores como Robert Stevenson y King Vidor. También pasó a la historia del cine por protagonizar el primer desnudo completo en la pantalla grande.
Su exitosa carrera como intérprete eclipsó durante décadas su otro gran papel: el de inventora. Aunque no terminó sus estudios de ingeniería, Lamarr siempre mantuvo un intenso interés científico. «La esperanza y la curiosidad por el futuro me parecían mejores que la seguridad del presente. “Lo desconocido siempre fue muy atractivo para mí, y todavía lo es”, dijo una vez. Durante la Segunda Guerra Mundial, desarrolló junto con el compositor George Antheil un sistema de comunicación por salto de frecuencia para guiar los torpedos, la técnica de espectro ensanchado por salto de frecuencia, que Sentaría las bases de tecnologías actuales como el Wi-Fi, el Bluetooth o el GPS.
Lamarr es un ejemplo de que las mujeres tienen el mismo talento que los hombres para las matemáticas, la tecnología o la ingeniería. Precisamente en su honor, El Instituto Español de Ingeniería (IIE) entregó esta semana los primeros Premios Hedy Lamarr al Ingeniero Nacional e Internacional del Añocreado para reconocer el talento femenino en las diferentes ramas de la ingeniería. Pilar Tejo, Mary Cruz Díaz, María Jesús Prieto, Estefanía Matesanz, Teresa Estevan, Isabel Reija, Conxita Villar Mir, Marta Balenciaga, Lola Ortiz y Ana Belén Noriega son las diez ingenieras reconocidas este año.
Incluso con referentes como Hedy Lamarr, la realidad es que Las niñas, o una gran mayoría, no sueñan con ser ingenieras. Eso es, al menos, lo que revelan los datos. La ingeniería es uno de los sectores profesionales más estratégicos para la economía española. En total, España cuenta con alrededor de 750.000 ingenieros, un colectivo altamente cualificado y con una de las tasas de ocupación más altas del mercado laboral, según el IIE. Sin embargo, la presencia femenina sigue siendo minoritaria. Sólo el 20% de los ingenieros en España son mujeresuna proporción que varía significativamente según la especialidad. Las áreas más tecnológicas siguen siendo las más masculinizadas. En Telecomunicaciones, por ejemplo, sólo el 12% de los profesionales son mujeres, mientras que en TI representan alrededor del 16%. En Industrial, la presencia femenina alcanza el 19% y, en Carreteras, el 24%. El área donde la representación femenina es mayor es Ingeniería Agrícola, donde las mujeres representan aproximadamente el 33% del total.
La situación española no difiere demasiado de la de otros países europeos. En Francia, las mujeres representan el 22% de los ingenieros; en Italia, el 18%; y en Alemania, el 17%.
Más allá de la brecha de género, la ingeniería sigue siendo una de las profesiones con mayor estabilidad laboral. La tasa de empleo entre estos profesionales alcanza el 98%, mientras que el desempleo apenas alcanza el 2%. Esta área de actividad también destaca por sus salarios. En promedio, los ingenieros ganan entre 27% y 43% más que el promedio nacional, lo que convierte a estas profesiones en una de las rutas más seguras hacia empleos altamente calificados y estabilidad económica.
Paradoja
El último informe ClosinGap, que mide la brecha de género en España, también pone cifras a esta tendencia. Su sexta edición revela que La desigualdad en educación ha aumentado precisamente por el descenso de las mujeres en los estudios STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Una realidad que, en palabras de Manuel Martín Espada, socio responsable de mercado de PwC –firma que elaboró el informe– “condena a las mujeres a quedar fuera de los sectores con mayor productividad, mejores salarios y menor precariedad”.
Por tanto, se produce una paradoja evidente. Y es que En un momento en el que la inteligencia artificial y la tecnología dominan las inversiones globales, las mujeres se están alejando, precisamente, de los estudios que liderarán esta transformación.
«No podemos vivir en un mundo desarrollado sin ingeniería», recuerda. María Cruz Díaz, presidenta del Instituto Español de Ingeniería (IIE). El desafío, entonces, en su opinión, es convencer a las chicas de que «Ese mundo también les pertenece a ellos».
Cultura
¿Pero por qué las niñas ya no quieren ser ingenieras? Beatriz Corredor, presidenta de Redeia, desvela un dato revelador: con seis años muchas niñas ya empiezan a descartarsey profesiones que consideran «difíciles». Este prejuicio se fomenta tanto en el hogar como en la escuela. Por tanto, la respuesta no está en el ADN, sino en un proceso cultural que comienza muy temprano. Corredor también señala un problema en la formación docente. Y es que muchos estudiantes que optan por la docencia lo hacen precisamente «huyendo» de las ciencias, lo que puede trasladar inconscientemente cierta inseguridad hacia las matemáticas o la tecnología en las primeras etapas educativas.
La solución, apunta, es enseñar ciencia de una forma más práctica y vinculada a su impacto social, como la transición energética o la sostenibilidad, para demostrar que la ingeniería también es una herramienta para mejorar la vida de las personas.
Una brecha, por tanto, que se abre pronto, pero que se amplía con la edad. Según datos de la OCDE, A los siete años, el número de niños que aspiran a ser ingenieros es cuatro veces mayor que el de niñas.y más del doble sueñan con ser científicos.
Investigación publicada en La revista «Science» señala que a la edad de seis años muchas niñas ya perciben sus capacidades intelectuales como inferiores. a los de los niños, impresión que se intensifica en la adolescencia. Así, a los quince años, uno de cada diez chicos se imagina trabajando en tecnologías de la información, mientras que sólo una de cada cien chicas comparte esa aspiración.
La diferencia también se observa claramente en el acceso a la universidad. Materias como Física o Dibujo Técnico atraen entre dos y tres veces más niños que niñas, a pesar de que obtienen iguales o incluso mejores resultados académicos.
Cristina Sánchez de Pablo, ingeniera de Telecomunicaciones y directora del Departamento de Tecnologías de la Información de la Universidad CEU San PabloConsidera que las mujeres han sido tradicionalmente educadas para “cuidar”, por lo que suelen elegir carreras científicas, pero más relacionadas con las Ciencias de la Salud. «Les gusta la parte científica; Sin embargo, no suelen optar por áreas como la informática o las telecomunicaciones”, explica.
Actualmente, en la Universidad CEU San Pablo, entre un 20% y un 30% de sus estudiantes de Ingeniería son mujeres, a excepción de su grado de Ingeniería Biomédica, donde más del 60% son alumnas. «No hay que tener miedo. No hay carreras para niños ni para niñas, sino para los que trabajan y los que no.. Nuestros estudiantes de Ingeniería son brillantes y sus notas excelentes”, añade Sánchez.
Se trata, por tanto, de una preocupación que se enmascara o no se promueve. «Para ser ingeniero se requiere talento, no importa si eres hombre o mujer. La capacidad de hacer matemáticas o de desmontar y volver a montar cosas siempre está dentro depero, a veces, en el caso de las niñas, se enmascara porque no se desarrollan, algo que pasa porque, quizás, no les hemos dicho bien qué significa ser ingeniera y por qué somos importantes para la sociedad», añade María Cruz Díaz.
Pero como ocurre con toda regla, hay excepciones. Julia tiene 18 años y este año ha comenzado la carrera de Ingeniería Mecánica. Desde pequeña ha sido una apasionada del mundo del motor y siempre ha soñado con ser ingeniera de un equipo de Fórmula 1. Su talento y determinación la han llevado a obtener un beca williamuna iniciativa de Williams Racing junto con su principal socio Komatsu para impulsar la Komatsu-Williams Engineering Academy, un programa global que selecciona a jóvenes profesionales prometedores de la ingeniería y los acompaña durante su formación con tutoría y apoyo académico. «Siempre me han interesado mucho los coches y cómo funcionan por dentro. Cuando era pequeño me gustaba entender las diferencias entre un motor diésel y uno de gasolina, por qué unos tenían más cilindrada que otros o cómo los caballos influyeban en la velocidad. Me gustaba desarmar esas cosas en mi cabeza y tratar de entenderlas. Supongo que ahí empezó todo”, explica Julia sobre cómo empezó su idilio con el mundo de la ingeniería.
Sectores masculinizados
Esta falta de vocaciones técnicas se traduce en ciertos sectores muy masculinizados. Y las decisiones educativas se reflejan posteriormente en el empleo. En este momento, Sólo una de cada veinte mujeres trabajadoras ocupa un puesto STEMmientras que entre los hombres la proporción es 2,5 veces mayor.
En el ámbito energético, por ejemplo, la presencia de mujeres en puestos operativos sigue siendo baja. Arturo Gonzalo, director general de Enagásreconoce que en la Formación Profesional técnica «A veces sólo hay una mujer por cada diez alumnos». La energética intenta revertir esta situación con programas en institutos, así como proyectos de captación de talento femenino. Así, en El Musel (Gijón) consiguieron la igualdad de contratación tras un esfuerzo específico para atraer ingenieras de la zona. «La transición energética es el mayor reto irreversible del planeta, y es imposible abordarlo sin el talento femenino», afirma Gonzalo.
Al final, el desafío no es convencer a las niñas de que pueden estudiar una carrera técnica, sino mostrarles que el futuro también es de ellas y que pueden participar en él para que, finalmente, puedan decir: de mayor quiero ser ingeniera.
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