Tratar de encontrar un hueco en un avión era misión imposible
La gijonesa Esperanza Montes escribió el pasado viernes una carta al lector en LA NUEVA ESPAÑA en la que resumía su calvario para volver a casa desde Indonesia, tras estallar la guerra en Oriente Medio. Lo que parecía un viaje tranquilo de regreso a Asturias acabó convirtiéndose en una pesadilla para ella y otros cinco amigos, quedando atrapados durante días en Omán. A continuación se reproduce su testimonio:
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Atrapada en Oriente Medio
[–> [–>[–>Comencé a entender la dimensión de lo vivido tras el primer reencuentro, a las pocas horas de llegar a casa. Una amiga me hizo una visita fugaz y, tras darme un abrazo, rompió a llorar de alivio. En ese momento comprendí la dimensión de la angustia vivida por las personas cercanas y fui consciente de la mía propia.
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Estos días recordé algo que aprendí en el máster de comunicación política e institucional: en momentos de crisis, la información y el acompañamiento son claves. Y nosotros carecimos de ambas, tanto por parte de la Embajada de España en Omán, como del Gobierno del Principado de Asturias, como de Qatar Airways.
[–>[–>[–>Nos pusimos en contacto con la Embajada de España en Omán de manera inmediata tras aterrizar el sábado 28 de febrero en el país. Nos enviaban un correo todas las tardes con los mismos mensajes: que Omán era seguro, que el espacio aéreo estaba abierto, y nos invitaban a consultar la web del aeropuerto. También nos decían que, en caso de poner en marcha planes de evacuación, nos lo comunicarían a través de correo. Llamamos a la Embajada varias veces preguntando por posibles planes de evacuación, sin obtener una respuesta concreta, ni siquiera un «estamos trabajando en ello».
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La respuesta de Grecia e Italia fue más ágil. El lunes los griegos ya sabían que su Gobierno había fletado un avión para evacuarlos al día siguiente e incluso podían seguir por internet la ubicación en tiempo real de la aeronave. El martes trabajadores de la Embajada italiana indicaban en el aeropuerto de Mascate a sus conciudadanos los trámites para subir al avión que les esperaba en la pista. Sentimos envidia y pena a la vez. Desconozco, aunque puedo imaginarme, la complejidad de poner en marcha estas operaciones y entiendo que en situaciones así dar falsas esperanzas es contraproducente, pero es incomprensible ver el titular de Albares en redes sociales antes de que los propios afectados hubiésemos recibido una confirmación oficial que llegó por correo 12 horas después.
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[–>Del Gobierno del Principado no tuvimos noticias en ningún momento, salvo por los titulares huecos de los medios en los que comprometían un apoyo que nunca recibimos. En la madrugada del lunes una compañera de la TPA me envió un audio de WhatsApp en el que me decía que la habían llamado de Presidencia porque Adrián Barbón estaba tratando de localizar a los asturianos que estábamos en Oriente Medio y me preguntaba si quería facilitar mi contacto. Mi sorpresa fue mayúscula. No solo porque la Embajada ya tenía mi contacto y el de todos mis compañeros, sino porque por mi trabajo como periodista mi teléfono está en la agenda de Presidencia. Tanto es así que esos días recibí mensajes de ánimo a título personal de jefes de gabinete y de responsables de prensa del Principado, pero ninguna comunicación oficial.
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Qatar Airways tampoco nos facilitó información. Ni siquiera nos comunicó la causa del aterrizaje forzoso en Omán. Transcurridas 48 horas y tras convocarnos dos veces a un vuelo a Doha que nunca salió, nos devolvieron el equipaje y nos dieron dos opciones: devolvernos el dinero o reubicarnos en un vuelo dentro de los siguientes 14 días. Eso en medio de un conflicto bélico en escalada libre, con las comunicaciones limitadas, donde cientos de personas llegaban cada día a Omán para tratar de conseguir un asiento en cualquier vuelo que les sacase de allí sin la garantía de que fuese a despegar, donde tratar de encontrar hueco en un avión era misión imposible y donde salir por carretera estaba descartado. Y donde la tensión, la incertidumbre y la desinformación eran caldo de cultivo perfecto para la rumorología.
[–>[–>[–>Estoy infinitamente agradecida a mis compañeros de viaje. Gracias, Fernando, Nuria, Miguel, Óscar y Carlos, por vuestra camaradería, ánimo y aliento. Gracias a Pablo y a Rubén (gijonés residente en Dubái), que pudieron llegar antes a casa, desde donde nos animaban y tranquilizaban. A Alejo, que volaba más tarde y se quedó de vacaciones forzosas en Kuala Lumpur. Y a la valiente y genial Marita, que pudo salir de Doha gracias a la solidaridad de una familia italiana que involucró incluso a su Embajada en su rescate. Gracias a Natalia, de Viajes El Corte Inglés, y a Juanma, de Azul Marino Viajes, por ayudarnos a buscar una salida. Gracias a Nadzir por guiarnos por la compleja maraña del aeropuerto de Muscate en pleno Ramadán y por remover cielo y tierra para tratar de meternos en un avión. Gracias a los responsables y trabajadores del hotel Marriott por su cortesía y preocupación sincera. Y gracias a los compañeros de los medios de comunicación por darnos la oportunidad de contar nuestra situación y por vuestros mensajes de ánimo.
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Confío en que quienes aún estén atrapados en Oriente Medio puedan regresar a casa cuanto antes y espero que se imponga el sentido común y esta locura bélica termine cuanto antes. Por los afectados y sus familias. No a la guerra, siempre.
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