‘Una batalla tras otra’ conquista con seis estatuillas los Oscar
El año en que el cine ha perdido, entre otros, a Robert Redford, Barbra Streisand cantó este domingo en la ceremonia de los Oscar The way we were, Tal como éramos. Y esa mirada nostálgica al pasado se adapta a esta 98 edición de los premios de Hollywood, un Hollywood transformado, cada vez más abierto a miembros y audiencias globales, pero que ha vuelto también a formas antiguas, puede ser que buscando la propia supervivencia de la industria,
[–>[–>[–>La Academia se ha rendido con seis Oscars, incluyendo el de mejor película, a ‘Una batalla tras otra’, la obra de un cineasta de larga y brillante trayectoria como Paul Thomas Anderson. Este recogió sus primeras estatuillas de esa apreciable carrera con el de guion adaptado y luego sumó el de director, un reconocimiento que no le llegó con otros títulos como ‘El hilo invisible’, ‘The Master’, ‘There Will be blood (Pozos de sangre)’ o ‘Magnolia’.
[–> [–>[–>Su película basada muy libremente en ‘Vineland’, de Thomas Pynchon, también consiguió el primer Oscar de la historia al mejor casting, así como el tercer Oscar para Sean Penn, esta vez como actor de reparto y que no estuvo presente y según información de ‘The New York Times’ había ido de viaje a Ucrania. También ganó por el montaje.
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La otra gran ganadora de la noche, que había llegado con un récord histórico de 16 nominaciones y se marchó con cuatro Oscar, fue ‘Los pecadores’. Le valió el premio de guion original a Ryan Cooglar y el de actor protagonista a Michael B. Jordan, que dio la sorpresa ante otros favoritos como Timothée Chalamet, Leonardo DiCaprio o Wagner Moura. Y además de un premio por la banda sonora (el tercero a los 41 años para Ludwig Goransson) logró hacer historia con el Oscar de fotografía para Autumn Durald Arkapaw, la primera mujer, y la primera mujer de color (es hija de afroamericano y filipina), que gana en la categoría y que dejó un momento único en el Dolby Theater al pedir que se pusieran en pie todas las mujeres presentes.
[–>[–>[–>Son Oscar, como el de la actriz Jessie Buckley por su trabajo protagonista en ‘Hamnet’, o el de la septuagenaria Amy Madigan como actriz de reparto en la película de horror ‘Weapons’, que hacen honor a la tradición de Hollywood.
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Las guerras y la política
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Pero estos Oscar no llegaban en el vacío. El mundo está sumido en la guerra abierta por Estados Unidos e Israel en Irán y en las consecuencias aún brutales de la que Israel ha librado contra los palestinos en Gaza así como en la invasión lanzada por Vladimir Putin en Ucrania. El propio EEUU ve degenerarse su democracia a pasos agigantados desde la vuelta a la presidencia de Donald Trump. Pero nada de eso, más allá de la ausencia de Penn, lo habría dicho en los principales galardones de esta noche de fiesta de cine en Los Ángeles. De hecho, Anderson, pese a haber firmado una película de profundo contenido político, que habla sobre quienes quedan atrapados en formas del pasado y quienes cambian con los tiempos para seguir construyendo futuro, acabó sus palabras en el discurso de mejor película no hablando de nada de eso sino llamando a tomarse «un martini».
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[–>La era del más arriesgado y comprometido cine político de Hollywood parece ausente. Incluso a la hora de los discursos. Y quedó en manos de documentalistas y extranjeros el recordarle a los espectadores lo que está sucediendo en el mundo real, ese que el cine tiene capacidad de reflejar y cambiar, como recordaba la cita de Redford que se leyó en una gran pantalla al cierre del segmento en su memoria: “La gloria del arte es que no solo puede sobrevivir el cambio, puede liderarlo”.
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El recordatorio lo hicieron ganadores, perdedores y presentadores como Javier Bardem, que se ganó una cerrada ovación cuando, al salir al escenario a presentar mejor película internacional, clamó en inglés los mismos mensajes que llevaba en la solapa: “No a la guerra” y “Palestina Libre”.
[–>[–>[–>La noruega ‘Valor sentimental’ dejó sin el Oscar en la categoría a ‘Sirat’, la película de Oliver Laxe, que se fue al teatro con un broche de media sandía que representa también a Palestina y que vio como ‘F1′ dejaba también a su trabajo sin el Oscar a sonido. Y Joachim Trier dio al público un aplaudido mensaje en el que parafraseó a James Baldwin: “Todos los adultos son responsables por todos los niños. No votemos por políticos que no tengan esto en cuenta”.
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El discurso más directamente político se escuchó cuando ‘Mr. Nobody contra Putin’ se alzó con el premio al mejor documental y habló David Borenstein, el estadounidense nacido en Miami que ha dirigido este trabajo construido con el material que grabó un educador en una pequeña localidad de Rusia cuando empezó la invasión de Ucrania y arrancó también el adoctrinamiento y la propaganda. “La película trata sobre cómo pierdes tu país”, dijo. “Lo pierdes con incontables pequeños actos de complicidad. Cuando somos cómplices cuando un gobierno asesina gente en las calles de nuestras ciudades. Cuando no decimos nada cuando los oligarcas toman control de nuestros medios y controlan cómo podemos producir y consumir. Todos enfrentamos una elección moral”, remarcó. “Pero, por suerte, incluso un don nadie es más poderoso de lo que crees”.
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Cuando dio la palabra a Pavel Talakin, el protagonista del documental, imploró: “en nombre de nuestro futuro, en nombre de todos nuestros niños, paremos ahora todas estas guerras”.
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O’Brien
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En unos Oscar donde hubo también tres premios para ‘Frankestein’ (dirección de producción, vestuario y maquillaje y peluquería) y dos para ‘Las guerreras de K-Pop’ (película de animación y canción) volvió a ejercer de maestro de ceremonias Conan O’Brien. Y lo hizo como el año pasado con efectividad y tino, y él sí dejó caer en sus intervenciones notas políticas, pero nada especialemente directo.
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Abrió la gala caracterizado como el personaje de la tía Gladys de ‘Weapons’ que le valió el Oscar a Madigan en un montaje que le llevó por varias de las películas nominadas y ya en directo en el escenario del Dolby brilló con su humor. Se refirió a la desafortunada declaración de Timothée Chalamet dando casi por muertos el ballet y la ópera diciéndole que había dejado fuera el jazz. Y hasta se atrevió a sacar unas risas a Ted Sarandos bromeando con que era la primera vez que el jefazo de Netflix estaba en una sala.
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O’Brien se atrevió también a hacer comedia con temas espinosos de la actualidad como el caso del pederasta y criminal sexual Jeffrey Epstein, remarcando que aunque este año no había actores británicos nominados la respuesta de un portavoz del Reino Unido es “al menos nosotros arrestamos a nuestros pedófilos”. Y sin citar a Donald Trump dejó clara la referencia al ególatra presidente cuando dijo en broma que se retransmitía en directo desde “el teatro de los penes pequeños”. “Veremos si se atreve a poner su nombre delante de eso”, soltó. Trump ha rebautizado en esta segunda presidencia edificios gubernamentales en su propio honor.
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A lo largo de la ceremonia fue dejando más pinceladas cómicas, desde al contar cómo en 2029 los Oscars pasarán a YouTube y viéndose interrumpido por anuncios al hacerlo o al presentar una supuesta empresa que destroza clásicos al prepararlos para la verticalidad del móvil. Pero O’Brien dejó espacio también para poner en el monólogo inicial una nota sensible y seria. Y optó por no citar la guerra, o problemas concretos de Estados Unidos o de otro país, sino por poner una pincelada de esperanza.
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“Toda la gente viendo en todo el mundo es muy consciente de que estos son días muy caóticos y aterradores. Es en momentos como estos en los que creo que los Oscar resuenan particularmente”, dijo. “31 países de seis continentes están representados esta noche, el producto de miles de personas que hablan distintos lenguajes, trabajando duro para hacer algo de belleza”, “Rendimos tributo esta noche no solo al cine sino a los ideales de arte global, colaboración, paciencia, resiliencia y la más escasa de las cualidades hoy, optimismo”, concluyó. “Así que, por favor, celebremos, no porque creamos que todo está bien sino porque trabajamos por y esperamos que sea mejor”.
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Fue apropiado para este Hollywood, donde las batallas ya no son tal como eran.
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