Jürgen Habermas, un símbolo europeo que desaparece a los 96 años
El sábado pasado falleció Jürgen Habermas. Fue un influyente prescritor de teoría, que mereció el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2003 . Su obra gira alrededor de la relación entre el pensamiento y la acción en el estadio actual de nuestra civilización globalizada. La hizo desde el corazón infartado de Europa, Alemania, cuya trayectoria acompañó desde 1930. Fue precoz analista, dotado para la escritura, de labio leporino y voz metálica, que impresionó a Theodor Adorno , maestro suyo, quien lo fichó para la que unos llaman Escuela de Frankurt y para otros «Gran Hotel Abismo». Este último nombre se lo puso otro filósofo marxista, Lukács, acusándolos de contemplativos, de admirar la profundidad del abismo sin intentar rellenarlo. Se defendieron: eran constructores de teorías, no fabricantes de dinamita para ponerlas en práctica. Habermas se dedicó a crear un modelo interpretativo del mundo actual, valiéndose de la tradición ilustrada y dio una pautas para renovarla, probándola en la acción transformadora mediante el acuerdo comunitario frente a la coacción.
[–>[–>[–>Como orientador de la ciencia social Habermas influyó en la Geografía, disciplina holística que utiliza dos enfoques para tratar sus dos sujetos: la diferenciación de los lugares y la relación sociedad-naturaleza. Ambos son el empírico-analítico y el dialéctico, el primero se formula como teoría de sistemas, siendo la teoría y la realidad realidades separadas que el observador, mediante la ciencia, puede unir; mientras que el segundo no aísla la realidad del observador que intenta conocerla. Habermas intenta unir los dos enfoques en su obra final Teoría de la acción comunicativa. En el camino polemizó con los que le salieron al paso. Ya fuera Luhmann, que avala la versión cibernética de la ingeniería social para encarar el desarrollo; o Lyotard, quien según Habermas defiende la «metanarrativa de la emancipación» que, como las anteriores, intenta explicar con validez universal lo verdadero; o con la Nueva Izquierda a la que llama «fascismo de izquierda». Esta independencia de criterio también le hace evolucionar, con el prestigio de su alta cátedra, constituyéndose en el epígono de la Escuela en la que se formó; pero no lo hace como un acto de soberbia intelectual, pues no reniega de la influencia de escritores como Walter Benjamin, cuya traza sigue para resaltar la importancia de la formación de competencias en los jóvenes. Sitúa los pilares de la sociedad en la familia y el trabajo. Discute desde la cercanía con el cardenal Ratzinger, reconociendo como aliada a la Iglesia católica en el proyecto de hacer funcionar las modernas sociedades multiculturales. Incita a la superación del modelo de estados en Europa, a la que ve amenazada por el colapso, por una confederación de Estados Unidos de Europa.
[–> [–>[–>Su concepto de sociedad lo cifra en «todos los sistemas que, por medio de acciones lingüísticas coordinadas (instrumentales y sociales) se apropian de la naturaleza exterior (por medio de procesos de producción) y de la naturaleza interior (por medio de procesos de socialización)». La sociedad no es un sujeto genérico, se concreta en regiones. Ellas son la forma territorial de las sociedades , las protagonistas del desarrollo. El territorio integra dos grandes dimensiones «la del mundo de la vida» y «la del sistema», «la urbs» (el artefacto) y «la civitas» (tradición cultural) en las que se visualiza la evolución de las sociedades. Habermas intentó explicar los procesos de cambio, que se convierten en desafíos para la supervivencia explícitos en la práctica cotidiana de los participantes, «la gramática de la vida», cuyo análisis requiere del hermenéutico y del sistémico, pues la acción es simbólica, pero también funcional.
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Para Habermas, las decisiones para la lucha política no pueden justificarse teóricamente de antemano y luego imponerse organizativamente, sino en la acción práctica, a través del consenso de los que participen en ella, quienes conscientes de sus intereses comunes y conociendo las circunstancias, las consecuencias que cabe prever, pueden saber qué riesgos están dispuestos a aceptar y con qué expectativas, pues no puede haber teoría alguna que asegure de antemano a las víctimas potenciales una misión histórico-mundial.
[–>[–>[–>Separa las tres funciones que median entre teoría y práctica, y que en Europa han sido atribuidas tradicionalmente a la organización partidista, pues la formación de teorías sólo puede realizarse si los que trabajan en ello tienen libertad para formular teorías; la utilización de tales teorías sólo puede asegurarse si quienes realizan tal trabajo organizan un campo de juego limpio; por último, la lucha política sólo se guiará de manera legítima si las decisiones importantes «están en relación con el discurso práctico de los interesados. Las tres tareas no podrán ser llevadas a cabo por una misma organización, y aún teniendo éxito en la tarea, gracias al concurso de una historia despiadada, tanto la sociedad como la organización acabarán pagando el precio necesario por ello». Habermas dixit. Descanse en paz.
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