POLÍTICA EXTERIOR | España apuesta por una diplomacia asertiva frente a Trump, Putin y Netanyahu
A las pocas horas de que se produjera el ataque de Estados Unidos a Venezuela para detener a Nicolás Maduro, el presidente francés Emmanuel Macron puso un mensaje en redes aplaudiendo la operación. «Celebro» la «liberación» del pueblo venezolano, dijo.
[–>[–>[–>Pedro Sánchez optó por una posición opuesta. Dijo que España no respaldaría una acción «que viola el derecho internacional» y «la Carta de las Naciones Unidas», que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de otro Estado.
[–> [–>[–>Dos días después, Francia matizó su posición y aclaró que Macron «ni apoyaba ni aprobaba» la operación, pidió el respeto al «derecho internacional y la libertad de los pueblos» y cargó contra «el método empleado» por Donald Trump.
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No ha sido el único caso de un giro similar entre los líderes europeos.
[–>[–>[–>Cuando comenzó la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, el pasado 28 de febrero, Sánchez afirmó que rechazaba la «acción militar unilateral» porque suponía «una escalada». El canciller alemán, Friedrich Merz, por el contrario, se alineó con los objetivos del ataque. En su reunión en la Casa Blanca con Trump del pasado 3 de marzo, afirmó: «Estamos en la misma línea en lo que respecta a apartar a este terrible régimen de Teherán». Era el quinto día de bombardeos, y el cambio de régimen aún estaba entre las justificaciones del ataque.
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Ahora, ese argumento ha sido abandonado por Washington. Y la respuesta iraní, con el cierre del estrecho de Ormuz, amenaza al mundo con una crisis económica de dimensiones difíciles de calcular. Alemania ha corregido el rumbo. Su ministro de Defensa, Boris Pistorius, ha dicho: «no es nuestra guerra». Merz ha puesto en duda que Estados Unidos e Israel tengan un plan bélico razonable. Y este miércoles, en el Bundestag, ha afirmado: «Una prolongación de esta guerra no redundaría en nuestro interés. Lo mismo puede decirse del posible colapso del Estado iraní o de los conflictos por poder librados en territorio iraní». Giros similares han dado los líderes de Canadá, Francia o Reino Unido.
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[–>Diplomacia a contracorriente
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Este ir por libre y en dirección contraria ha traído consigo riesgos diplomáticos. El presidente de Estados Unidos ha amenazado en varias ocasiones con hacer daño a España por la negativa de Sánchez en llegar a gastar el 5% del PIB en gasto de defensa y seguridad en 2030. Esto también le ha provocado críticas entre sus socios de la OTAN, especialmente del canciller Merz.
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«La política exterior de nuestro país no deja de ser una política absolutamente disparatada. La posición de España en la cumbre de la OTAN ha sido un disparate», ha dicho este jueves en Bruselas el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. «Que España siga contemporizando con el régimen de Delcy Rodríguez es un disparate. La regularización masiva de inmigrantes irregulares va en contra de la política europea. Generar conflictos arbitrarios con Argentina va en contra de nuestra posición histórica. Buscar una confrontación directa, cuerpo a cuerpo, con la Administración norteamericana, no lo está haciendo ningún líder europeo».
[–>[–>[–>13/10/2025 El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), saluda al presidente de Estados Unidos, Donald Trump (d), antes de la ceremonia de firma del plan de paz para Oriente Medio, el 13 de octubre de 2025, en Egipto. POLÍTICA Piscina Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa / Pool Moncloa/Borja Puig de la Be / Europa Press
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El Gobierno español lleva dos años y medio, desde el comienzo de la guerra entre Israel y Hamás, fijando posturas de política exterior contrarias al mainstream europeo y americano. Primero, en soledad; luego acompañado por unos pocos y, finalmente, apoyado por muchos. Así ocurrió con el reconocimiento del Estado de Palestina o las críticas a los bombardeos israelíes de Gaza o está ocurriendo ahora con la guerra contra Irán.
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En otros dosieres, como el de Rusia, España se ha situado en el mismo carril que el grueso de sus socios europeos. Esta misma semana, el dirigente español ha reiterado al ucraniano Volodímir Zelenski su apoyo contra la invasión rusa: «Nada ni nadie nos va a hacer olvidar lo que ocurre en Ucrania (…) Una guerra injusta, ilegal e injustificada», dijo tras un encuentro el miércoles en el Palacio de la Moncloa.
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«La política exterior está determinada por el sentir público»
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En un contexto internacional de desorden. ¿Cómo debe comportarse la diplomacia española? Con Trump, ¿es mejor apaciguar o confrontar?
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«La política exterior de España en este momento está muy determinada por las características del país y por el sentir de la opinión pública. Hay algo de antiamericanismo pero, sobre todo, los españoles tienden a primar unas relaciones internacionales solidarias y humanistas. En el Eurobarómetro, por ejemplo, España es siempre uno de los países donde más se considera importante dedicar fondos a la cooperación al desarrollo y a la ayuda humanitaria», opina para EL PERIÓDICO Eduard Soler, profesor de Relaciones Internacionales en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador del Institut Barcelona d’Estudis Internacionals (IBEI). La oposición a las guerras de Gaza o Irán es mayoritaria, igual que el envío de armas a Ucrania contra Rusia, según el barómetro de Elcano.
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Sánchez habla con Merz y Von der Leyen tras los roces por la guerra de Irán / .
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España es una potencia media. Eso quiere decir que es un país que tiene recursos y vocación de tener influencia, pero que sabe que no tiene las capacidades suficientes para defenderse sola en un mundo sin reglas y sin instituciones, explica Soler. «En ese sentido, la política exterior que despliega el Gobierno, tanto en acciones como en narrativa, en defensa del multilateralismo, del derecho internacional y del derecho internacional humanitario, es coherente».
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Lo mismo hacen otras potencias medias, como Canadá, Japón, Corea o Australia. Tienden a comportarse con mayor adhesión al multilateralismo, a las reglas y a las instituciones. «Y eso no es casual: es racional. Es aquello que les permite defender mejor sus intereses. Por eso también tienden a construir una imagen de sí mismos que en inglés llaman the good citizen, como un ‘buen ciudadano global’: uno que se comporta, no solo en función de sus intereses, sino también de aquello que se considera apropiado y de aquello que se espera de él», añade el experto.
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El problema es que el viejo entramado institucional y legal internacional, trazado al final de la Segunda Guerra Mundial, ahora está en entredicho, porque la potencia garante, Estados Unidos, ya no lo considera útil: ni el Consejo de Seguridad o la Asamblea General de Naciones Unidas, ni la Organización Mundial del Comercio o la Organización Mundial de la Salud, y mucho menos los tribunales internacionales de La Haya, la Corte Penal Internacional o la Corte Internacional de Justicia. Defenderlos si están rotos, ¿no es caer en la melancolía?
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Hay dos vías de acción diplomática ante ese dilema. Conservarlo todo tal y como está, o intentar reformarlo y crear instituciones o foros de diálogo nuevos. Nuevas áreas comerciales, nuevos socios.
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España ha optado por la vía reformista, y su diplomacia propugna, por ejemplo, un cambio del sistema de distribución de asientos en el Consejo de Seguridad o una modificación del sistema de votación del Consejo Europeo, desde la unanimidad actual a la mayoría cualificada, que permita eludir el veto de los países díscolos como Hungría o Eslovaquia.
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La llegada de Trump a la Casa Blanca ha supuesto un golpe casi mortal a la diplomacia internacional, tal y como se la entendía. La duda ahora está si países como España van a tratar de coaligarse con otros ‘like-minded’ (de pensamiento similar) para aguantar el pulso a las grandes potencias, de Gaza a Ucrania pasando por Irán.
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