presume de dos Patrimonios de la Humanidad y aire medieval
Este es el balcón de la ría de Bilbao, que se divisa desde su margen izquierda hasta el último tramo, donde el Nervión y el Ibaizábal juntos vierten sus aguas al Cantábrico. También es el legado de lo que alguna vez fue un paraíso para los vacacionistas adinerados. Y, sobre todo, es el símbolo del esplendor industrial que ha quedado asociado para siempre a este rincón de Bizkaia. estamos hablando de Portugalete, el pueblo que combina sabor medieval, arquitectura del hierro y un irresistible carácter marinero.
Comúnmente llamado el Villa Jarrillera por esta costumbre de beber en cántaros pequeños txakoli elaborado en la región, esta ciudad, una de las más antiguas del País Vasco, ha vivido en armonía con el mar desde su origen. Nacido como un pequeño pueblo de pescadores, fue en los siglos XIV y XV cuando se convirtió en uno de los principales puertos del norte. De estos días de gloria tiene una fisonomía encantadora…, y a veces injustamente pasada por alto.
Y Portugalete, que se encuentra a pocos minutos en metro de la ciudad Guggenheim, no puede pasar desapercibido. A su interesante patrimonio histórico y su precioso casco antiguo de piedra se suma su mayor orgullo: el hecho de tener, en un territorio tan pequeño, dos sitios patrimonio de la humanidad.
BELLEZA DE HIERRO
Majestuoso e imponente, visible desde todos los puntos, el Puente colgante que salva la brecha de la ría y une la localidad con Getxo es uno de ellos. Una construcción que recuerda a la Torre Eiffel, que se alza Uno de los ejemplos más sorprendentes de la revolución industrial europea. y que lleva la firma de Alberto de Palacios, arquitecto de la estación de Atocha y del Palacio de Cristal del Parque del Retiro.
Inaugurado en 1893, este puente pionero en su tipo cuenta con una plataforma de la que cuelga una góndola que, cada pocos minutos, transporta vehículos y personas de una orilla a otra. Y también con un puente peatonal de 45 metros de altura, al que merece la pena subir para ver las aguas fusionarse con el mar. Con su estructura metálica y silueta gigantesca, no sólo es el gran icono del lugar, sino que dota a Portugalete de una curiosa belleza férrea. El mismo que también expone la muelle de hierro, ideal para un paseo en días soleados, y el antigua estación de La Canilla, que hoy alberga la Oficina de Turismo en uno de los edificios más bellos de la ciudad.
También condecorado por la UNESCO, el Camino de Santiago, más precisamente el del Norte (o de la Costa), que atraviesa esta ciudad en un recorrido que comienza en Irún y avanza paralelo a la costa. Por eso es habitual encontrarse por las calles de Portugalete con peregrinos llegados de todos los rincones del mundo.
MERCADO SIN DIRECCIÓN
Hay que perderse por el centro histórico para respirar de repente la esencia de otros tiempos. Aquí, donde el las empinadas calles desprenden un aire medieval y el ambiente pétreo contrasta con la estética industrial, encontramos joyas como la Basílica de Santa María, De estilo gótico-renacentista, ubicado junto al mejor mirador de la ciudad. También el Torre Salazar, Perteneciente a una poderosa familia que en su época controlaba el tráfico de mercancías desde arriba (hoy es museo y restaurante). Y a unos pasos de distancia, el plaza solar, con el ayuntamiento neoclásico con sus pórticos bajos y el pintoresco quiosco donde alguna vez bailaron portugueses y portugueses. Pero hoy van a comprar flores. mercado de los aldeanos, montado cerca los martes, jueves y sábados.
Paseando tranquilamente te toparás con los palacetes y casas señoriales construidas por la burguesía bilbaína entre finales del siglo XIX y principios del XX. Uno de ellos, espectacular, es el que alberga Hotel con encanto Puente Colgante. Casa de un indio que hizo fortuna en La Habana con el comercio de la caña de azúcar y que se convirtió, más que en un alojamiento imprescindible en Portugalete, en un promotor social y cultural de la región.
Ubicado al pie del famoso puente, todo en este hotel tiene una impresionante mezcla vasco-cubana. La fachada colonial en azul, las habitaciones con motivos tropicales y el Cromwell Cocktail Lounge con referencias musicales, además de un apartado gastronómico donde las raíces vascas brillan por encima de todo: el Restaurante El Txakoli, con platos tradicionales caseros con productos locales, y El Paladar de Zuriñe García, de la alta cocina vasca con visión creativa, que acaba de decorar con su primer suelo Repsol. A ambos se suma un espacio de lo más singular: A txoko secreto que imita las famosas sedes de sociedades gastronómicas y que se puede reservar para comer o cenar (sin necesidad de alojamiento).
DE PINTXOS POR PORTUGALET
Más allá de la mesa y el mantel, la vida nocturna de Portugalete se vive en las calles empedradas, en las tabernas donde tomar algo y degustar pintxos que ascienden a la categoría de arte. Especialmente en el casco antiguo donde se concentran los grandes templos de esta práctica tan vasca. Clásicos, entre otros, como Bar Txiki (Plaza El Solar, 5) con su especialidad de bacalao desmenuzado a la sidra fresca, o barra del siglo 20 con su huevo bechamel. En cualquiera de ellos podemos solicitar el pintxos por excelencia de Vizcaya: el famoso grillo (patata, cebolla y lechuga), que es, a pesar de su sencillez, un auténtico fiambresy el bilbainito (huevo duro, camarones, mayonesa y yema rallada), símbolo de la tradición culinaria de la región. Estos pequeños bocados, siempre salpicados de txiquitos y el txakoli, son un motivo más para descubrir Portugalete.
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