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11.000 exconvictos luchan ya en las trincheras de primera línea

11.000 exconvictos luchan ya en las trincheras de primera línea
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  • Publishedmarzo 21, 2026



Ahora que la narrativa de guerra se centra en el uso de drones y Ucrania se ha convertido en el oráculo de Occidente sobre cómo derribarlos, Los ejércitos de medio mundo miran al cielo. Pero aquí, en la tierra negra que cubre el frente del Donbás, los combates continúan. Y las fuerzas de zelenski Todavía necesitan desesperadamente más soldados para defender las trincheras.

La falta de personal dispuesto a luchar en primera línea se convirtió hace tiempo en uno de los principales problemas del Ejército ucraniano, que ha tenido que recurrir a la movilización forzosa para poder seguir apoyando el frente de combate.

Consciente de la pérdida de popularidad que supondría esta medida, el presidente Zelesnki retrasó todo lo que pudo la aprobación de la ley de Movilización -que permite detener en plena calle a hombres de entre 25 y 60 años, y enviarlos a un centro de entrenamiento militar-. Pero en abril de 2024 no le quedó más remedio que firmarlo.

De lo que menos se habló entonces es de otra enmienda que se aprobó casi al mismo tiempo que la ley de movilización y que permite reclutar a determinadas categorías de presos que deseen alistarse voluntariamente. Las condiciones son claras: si sirven un año en el ejército, su condena es anulada; pero deben servir en la primera línea de combate, realizando asaltos, algo que casi nadie quiere hacer.

«Sólo reclutamos infantería y infantería de asalto. Ellos van a hacer el trabajo más duro, pero lo saben de antemano. Les informamos claramente que no hay opción de ser conductores o sentarse en una posición tranquila. Reclutamos sólo hombres que lucharán”, explica Valentín Lyaskovsky, el comandante en jefe del Batallón de Alcatraz.

Los reclutas del Batallón de Alcatraz aprenden a utilizar el Kalashnikov durante el entrenamiento

Los reclutas del Batallón de Alcatraz aprenden a utilizar el Kalashnikov durante el entrenamiento

María Senovilla

Un pájaro encadenado

Actualmente existen varias unidades militares que albergan a estos ex presos, pero la primera que se creó fue la Batallón de Alcatraz. El nombre lo dice todo, y si hay dudas, su emblema las aclara: en el parche de su uniforme tienen un águila con un grillete en una de sus patas y una cadena unida a una bola de hierro -como las que llevaban los prisioneros condenados a trabajos forzados en el siglo XIX-.

Pertenecen a la 93.ª Brigada Mecanizada del ejército ucraniano y están desplegados en Donbás. A primera vista, una célula puede parecer más atractiva que ese frente de combate, pero después de casi dos años de funcionamiento, el Batallón de Alcatraz ha cada vez más solicitudes de reclusos que quieran sumarse.

Valentín Lyaskovsky, comandante en jefe del Batallón de Alcatraz

Valentín Lyaskovsky, comandante en jefe del Batallón de Alcatraz

María Senovilla

“No aceptamos a todo el mundo, sólo el 30% de los que se presentan pasan el examen”, revela Lyaskovsky. «Por eso vamos personalmente a las cárceles, para poder hacer entrevistas y ver su nivel físico, moral y psicológico. Y también sus capacidades mentales: necesitamos gente que piense, porque las vamos a formar, les vamos a dar conocimientos y material, vamos a invertir tiempo y recursos en ellas, y queremos que sobrevivan a largo plazo. Entonces no aceptamos a cualquiera”, añade.

La formación incluye clases especializadas en medicina de combate, técnicas de asalto a trincheras, práctica de tiro y todas las enseñanzas que reciben los reclutas que no están en prisión. Pero no se mezclan con ellos. Se entrenan en un campo de maniobras separado.

«Me condenaron a seis años de prisión por robo de una tarjeta bancaria. Cumplí dos años y luego decidí que tenía que hacer algo útil para todos nosotros», dice uno de los reclutas a quien le enseñan a manejar el Kalashnikov, en medio de la nieve, en ese campo de maniobras. Su nombre es Alejandro y tiene 37 años.

«Mi hermano menor estaba sirviendo en el Ejército cuando me condenaron, por eso tomé la decisión de alistarme también», continúa, «porque no me dejarían en una celda. Pero tuve que esperar a que terminara el proceso judicial, y eso duró dos años».

Alexander, recluta del Batallón de Alcatraz.

Alexander, recluta del Batallón de Alcatraz.

María Senovilla

Es de Krivoy Rog, la ciudad natal de Zelensky. Tiene las manos rojas por el frío y desolladas por pellizcarse mientras recargaba cargadores de rifle, pero no deja de sonreír. «Llevo dos semanas aquí y todo muy bien. Me gusta, estoy aprendiendo porque hay buenos instructores. Sinceramente, no me esperaba algo así», admite un poco sorprendido.

Ni traidores, ni violadores

Alexander es uno de los más de 11.000 reclusos que ya se han incorporado al Ejército, según datos oficiales del Servicio Ejecutivo Penitenciario del Estado. “Tenemos la lista de delitos, y si el delito que cometió la persona está entre esos delitos, tiene la oportunidad de incorporarse al batallón”, continúa su comandante.

«Es un proceso largo: tenemos que coordinarnos con la colonia penitenciaria, con la fiscalía, con el tribunal. Y la decisión final de entregar a la persona para pelear con nosotros la toma el juez», añade Lyaskovsky.

Esta lista de delitos a los que se refiere el comandante de Alcatraz incluye robo, fraude, posesión ilegal de bienes o delitos relacionados con drogas. Sin embargo, las personas condenadas por traición, terrorismo, corrupción, violación o asesinato premeditado No pueden cambiar su sentencia por un Kalashnikov.

«Acabé en la cárcel tras un proceso judicial en aplicación del artículo 120-1-2. Eso equivale a causar lesiones corporales graves con resultado letal», explica ‘Malchik’, evitando pronunciar la palabra asesinato para explicar el motivo de su condena. Es uno de los reclutas más jóvenes que veo y prefiere cubrirse la cara antes que tomarle una foto.

“En realidad siempre quise ir al ejército, pero siendo menor no pude, y cuando cumplí la mayoría de edad me metí en otros problemas”, continúa. «Luego estaba en un hospital, en rehabilitación, y cuando salí hubo una pelea. Golpeé a una persona y esa persona murió. Yo tenía 20 años en ese momento».

'Malchik', recluta del Batallón de Alcatraz

‘Malchik’, recluta del Batallón de Alcatraz

María Senovilla

‘Malchik’ -que en ucraniano significa ‘el chico’- tiene hoy 26 años, pero a pesar de su juventud cree que el Ejército es su última oportunidad: «Ahora me motiva estar aquí, me atraen las armas, no sé cómo explicarlo mejor. Para mí, ser soldado es una elección de vida. Porque la otra opción es saltar de un trabajo ocasional a otro o acabar en la calle, y eso no lleva a nada», afirma.

“Ya tuve una conmoción cerebral de segundo grado y múltiples heridas de metralla, pero todavía quiero quedarme aquí”, dice cuando le pregunto si sabe que va a luchar haciendo las misiones más duras de la guerra, esas que nadie quiere hacer.

No hay escapatoria, sólo victoria.

Aunque las sentencias de estos hombres se anulan después de un año de servicio en el ejército, Ninguno de ellos podrá volver a la vida civil hasta que termine la guerra.. Exactamente como el resto de soldados ucranianos.

Y en el campo de maniobras donde los entrena la Brigada 93 no hay rejas ni alambradas. Tampoco hay guardias de seguridad vigilando las entradas, porque ni siquiera hay puertas de entrada. Están en medio de la nada y la pregunta es obligada: ¿No les preocupa escapar?

«No se puede vigilar a un soldado las 24 horas del día. Por eso el proceso de selección es tan importante, para elegir sólo a personas que realmente quieran luchar», responde el comandante Lyaskovsky.

Sorprendentemente, las cifras le dan la razón: Alcatraz tiene menos deserciones que la mayoría de las brigadas ucranianas, que en muchos casos están formadas por soldados que han sido movilizados por la fuerza, y que no querían ir al Ejército voluntariamente.

«Aquí ha habido muy pocos intentos de fuga y todos han sido frustrados. Cuando pasa algo así, la persona pierde nuestra confianza y es vigilada de cerca; si vemos que no tiene motivación, la devolvemos a prisión. Corre el riesgo de perder nuevamente su libertad», afirma.

“La primera motivación de estos hombres es quiero ser libreentonces son hombres muy motivados. Y más disciplinados que la mayoría, porque están acostumbrados a las normas penitenciarias», afirma el comandante de Alcatraz. «Aquí tienen una oportunidad, porque no enviamos gente a morir, no hacemos eso; Aunque la realidad es que unos sobreviven y otros mueren. Es la guerra”.



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