el negocio físico que sostiene la economía digital
Durante décadas, hablar de infraestructura significaba hablar de carreteras, puertos o redes eléctricas. Hoy, sin embargo, el mapa está cambiando. La economía digital –impulsada por el crecimiento de los datos, la inteligencia artificial y los servicios en la nube– está dando lugar a una nueva generación … de infraestructuras físicas, menos visibles pero igualmente críticas: centros de datos, cables submarinos, redes de fibra o conectividad 5G.
«Estamos viviendo un cambio de paradigma: los datos se han convertido en el recurso esencial de la economía moderna», resume. Juan Luis Vílchez, socio principal de Roland Berger. En este contexto, infraestructuras como los centros de datos o las redes avanzadas son hoy tan imprescindibles como en su día lo fueron las autopistas o las redes eléctricas, hasta el punto de que, como añade, «quien controla los datos, controla el pulso económico y social».
Lejos de sustituir las infraestructuras tradicionales, estas nuevas capas digitales se superponen a ellas y dependen directamente de su capacidad. Porque, aunque la economía digital parezca intangible, su funcionamiento depende de activos físicos: suelo, energía, redes y capacidad de procesamiento. Como se resume Begoña Villacís, directora ejecutiva de España DC, «Internet no es algo etéreo: vive en infraestructuras físicas muy específicas.»
-
tendencias del nuevo curso
Si hay un factor que está acelerando este fenómeno es la IA. El despliegue de modelos cada vez más avanzados está disparando las necesidades de informática, almacenamiento y transmisión de datos, lo que se traduce directamente en una mayor demanda de infraestructuras físicas. No se trata sólo de más capacidad, sino de nuevas configuraciones: infraestructuras distribuidas, mayor proximidad al usuario y redes capaces de operar en tiempo real. En este contexto, la demanda global de centros de datos podría más que triplicarse antes de 2030. según estimaciones recogidas por McKinsey.
Este crecimiento no se limita a una sola capa. Según la misma firma, la inversión global en infraestructuras podría alcanzar los 106 billones de dólares en 2040, de los cuales alrededor de 19 billones se destinarán a infraestructuras digitales, lo que refleja la dimensión del cambio en marcha y el peso creciente de estos activos en la economía global.
Pilar estructural
Para Ana Sánchez Palacios, socia responsable de Tecnología, Medios y Telecomunicaciones de Deloitte, Estas infraestructuras «pueden considerarse ahora un nuevo pilar estructural del crecimiento económico», al mismo nivel que en su día lo fueron las infraestructuras de transporte o energéticas. Su papel va más allá de la tecnología: son la base que permite desplegar la IA, los servicios en la nube o las soluciones de Internet de las Cosas y determinan la competitividad de países y empresas.
Más allá de su dimensión tecnológica, el auge de estas infraestructuras está creando un nuevo nicho de negocio. La construcción y operación de centros de datos, el despliegue de redes de conectividad o el desarrollo de soluciones asociadas al procesamiento de datos se han convertido en áreas de creciente interés para inversores, operadores y empresas tecnológicas. Según McKinsey, algunas de estas áreas concentran ya oportunidades multimillonarias: el despliegue de fibra para centros de datos podría generar entre 30.000 y 50.000 millones de dólares, mientras que los servicios de red asociados al tráfico de datos alcanzarían entre 70.000 y 80.000 anuales.
Pero más allá de las cifras, el impacto es tangible. «Cada vez que hacemos una videollamada, pagamos con el móvil o vemos una serie en streaming, estamos utilizando centros de datos», explica Villacís. «Son infraestructuras críticas, aunque no se vean, y sin ellas la economía digital simplemente no funcionaría». Y añade un matiz clave: «no estamos hablando sólo de tecnología, sino de infraestructuras básicas para el funcionamiento de la sociedad».
Esa invisibilidad es, precisamente, uno de sus rasgos diferenciadores. A diferencia de una carretera o un aeropuerto, su presencia pasa desapercibida para el ciudadano, a pesar de ser imprescindible para el funcionamiento de la vida diaria. «Los centros de datos son literalmente el lugar donde vive Internet». insiste el director de España DC, subrayando el papel central de estas instalaciones en la vida diaria. Además, estas infraestructuras no funcionan de forma aislada. Un centro de datos requiere un suministro eléctrico estable, acceso a redes de alta capacidad, sistemas de refrigeración y proximidad a los puntos de consumo. Esta interdependencia convierte su desarrollo en un desafío complejo que requiere coordinar políticas energéticas, tecnológicas y territoriales, y explica que su despliegue se haya convertido en una prioridad estratégica en numerosos países.
A medida que estas infraestructuras ganan peso, también lo hace su dimensión estratégica. Los centros de datos, las redes de telecomunicaciones o los cables submarinos empiezan a ser considerados infraestructuras críticas, no sólo por su papel en la economía, sino también por su impacto en la autonomía tecnológica de los países. «Un centro de datos es tan crítico como una central eléctrica y un cable submarino tan estratégico como un gasoducto», subraya Roland Berger.
La capacidad de almacenar, procesar y gestionar datos se ha convertido en un factor competitivo clave, en un contexto marcado por la rivalidad tecnológica entre regiones. Europa, en particular, enfrenta el desafío de fortalecer su posición frente a otras potencias. La dependencia de proveedores externos en áreas como la nube o la IA ha puesto de relieve la necesidad de desarrollar capacidades propias.
En buena posición
En este escenario, España empieza a posicionarse como un nodo relevante dentro del desarrollo de infraestructuras digitales en Europa. Varios factores explican este creciente interés: su situación geográfica como punto de conexión entre Europa, América y África; el desarrollo de redes de conectividad; y la disponibilidad de energías renovables. «España puede ser el hub digital del sur de Europa »afirma Villacís, quien también destaca que el país «se encuentra en un momento de clara aceleración en el desarrollo de este tipo de infraestructuras». Deloitte coincide con este diagnóstico y destaca que el país tiene condiciones competitivas difíciles de replicar, como costos energéticos relativamente bajos, disponibilidad de terrenos y una posición estratégica en las rutas globales de datos. En los últimos años, este sindicato ha impulsado el anuncio de nuevos proyectos de centros de datos en diferentes regiones, con un impacto directo en la inversión y el empleo.
Sin embargo, el desarrollo de estas infraestructuras no está exento de desafíos. Destacan las limitaciones en el acceso a la energía eléctrica y en la capacidad de conectarse a la red, que actúan como cuello de botella para proyectos de gran escala. A esto se suman los tiempos de tramitación administrativa, la disponibilidad de suelo en determinadas localidades y la creciente demanda de sostenibilidad. «El desafío no es sólo atraer inversiones, sino poder ejecutarlas en tiempo y forma», señalan desde el sector. «Estamos construyendo las autopistas del siglo XXI, aunque no siempre se ven», concluye Villacís.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí