Un respeto para empezar
En la apremiante tarea de devolver prestancia a la verdad conviene ir en plan modesto y con los pies en el suelo. Dejemos a un lado las grandes «verdades» sobre el sentido de la vida, el origen de todo o el más allá, que son asuntos de cada uno. Quedémonos con la verdad de los hechos del pasado y, sobre todo, del presente, o sea, la verdad en la información, mucho más a mano y que se encuentra asediada por el bulo y la desinformación. El mundo de las redes la cerca, y la falta de independencia de algunos medios, rendidos a un poder, un partido o unos intereses, la manipula. Pero hay modos mucho más veniales de erosionarla y hacernos desconfiar de ella, como esos programas en que los filetes de información van emparedados entre risas y chistes (casi nunca con gracia) o mezclados con anuncios sin cambiar de registro. Esas faltas de respeto a la información le quitan respetabilidad.
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