Meloni, ante el fin de su ‘invencibilidad’: purgas internas y el fantasma de elecciones anticipadas
Giorgia Meloni siempre ha sabido que en política el sol de mediodía es el que más quema. Tras cuatro años de un dominio casi incontestable, la «Dama de Hierro» italiana se ha enfrentado a su semana más amarga. La derrota en el reciente referéndum sobre la reforma del poder judicial no solo ha tumbado uno de los proyectos estrella de su mandato, sino que ha rasgado el velo de invencibilidad que la cubría en la recta final de su mandato. Hoy, el Palacio Chigi es un hervidero de ajustes de cuentas, mientras el eco de unas elecciones anticipadas para junio también es visto como una posible estrategia de supervivencia de la líder italiana.
[–>[–>[–>El golpe ha sido demoscópico, pero sobre todo procedente de sectores estratégicos. Grandes ciudades, el sur del país y los jóvenes han manifestado masivamente su rechazo. «El 40% de los jóvenes menores de 30 años votaron por el ‘no'», ha explicado Elisabetta Mannoni, investigadora de Ciencias Políticas de la Universidad Luiss de Roma, en un reciente encuentro con los corresponsales acreditados en Italia. «Y ahí vemos una tendencia de grupos jóvenes cada vez más ideologizados, que se han movilizado masivamente contra Meloni«. Esta «Generación Netflix», que consume política a ritmo de scroll infinito, ha sido el motor de un rechazo que la derecha italiana no vio venir.
[–> [–>[–>Pero el castigo también ha venido desde dentro. Así lo ha explicado Lorenzo De Sio, director del Centro Italiano de Estudios Electorales (CISE): «Los datos y estudios nos muestran que también votantes de centroderecha han rechazado la reforma con un mensaje: ‘Queremos un gobierno de derecha, no uno que pone límites a los otros poderes [el sector judicial]’. No queremos un [presidente estadounidense, Donald] Trump.» ¿Es esto? sector moderado el que ha construido un muro ante el riesgo de una posible deriva autoritariaconvertir un debate técnico en una cuestión de salud democrática, tal como quería la oposición.
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La purga: Santanchè y el factor ENI
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Meloni ha reaccionado de la forma más dura: con puño de hierro. En una maniobra de profilaxis política sin precedentes, la presidenta del Consejo de Ministros ha forzado —en poco más de dos días— la salida del subsecretario de Justicia, Andrea Delmastro, cercado por sus presuntos vínculos con la mafia, y la de Giusi Bartolozzi, jefa de gabinete del mismo departamento. Pero la pieza mayor se la cobró en la cartera de Turismo: Daniela Santanchè, también acosada por escándalos judiciales, acabó cediendo tras un pulso agónico con la jefa del Ejecutivo para evitar que el lodo salpique a la propia Meloni. «No quiero ser el chivo expiatorio de una derrota», dijo la ya exministra Santanchè. De nada sirvió.
[–>[–>[–>Pero la onda expansiva de esta purga podría no detenerse en el Ejecutivo italiano. En los mentideros de Roma ya se habla incluso de una remodelación profunda de los entes públicos, con el gigante energético ENI en el centro de la diana. El diseño estratégico de Meloni, basado en una dependencia de las importaciones que hoy muestra sus costuras, ha saltado por los aires. Los drásticos cortes de gas qatarí por la guerra contra Irán han dejado a Italia en una situación de vulnerabilidad y el viaje de esta semana de la mandataria a Argelia, del que ha regresado con las manos vacías, según lo trascendido, solo ha servido para confirmar el problema energético italiano. De ahí que, ante el riesgo de que el impacto económico sobre la ciudadanía termine por hundir rápidamente su popularidad, la primera ministra pueda estar dispuesta a hacer rodar más cabezas.
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Guerra de guerrillas en la coalición
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En este ecosistema caótico, la estabilidad de la derecha ahora parece ser un espejismo de cartón. La tensión entre los socios ha alcanzado su punto de ebullición con la irrupción de Marina Berlusconi. La heredera del imperio Mondadori ha dado «la sacudida» definitiva a Forza Italia exigiendo una renovación drástica de los cuadros que fundó su padre. La presión es de tal magnitud que el actual ministro de Exteriores, Antonio Tajani, ha llegado a amenazar con el adiós.
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[–>«La coalición es ahora más incierta que nunca», ha advertido Lorenzo De Sio. El analista ha vaticinado también un cambio de marea en el ecosistema mediático, tradicionalmente dócil con el poder en Roma, según él. «No me extrañaría empezar a ver pronto posturas mucho más duras en la prensa«, ha dicho De Sio, sugiriendo que la percepción de fragilidad del Gobierno activará un periodismo más incisivo.
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Para Nicola Lupo, catedrático de Derecho Constitucional, el escenario futuro podría cambiar radicalmente. «Un posible adelanto electoral está sobre la mesa. No descartaría elecciones este mismo junio», ha afirmado. La lógica es cínica pero efectiva: ir a las urnas ahora evitaría a Meloni el desgaste de una ley de presupuestos que se anuncia traumática por el clima de confrontación interna, y «no daría tiempo a la oposición a organizarse», ha añadido Lupo. Con todo, según este analista, el freno a esta huida hacia adelante es el contexto internacional: la inestabilidad en Oriente Próximo aconseja prudencia. Todo ello a pesar de que la parálisis interna es evidente: la coalición lleva dos meses sin lograr un acuerdo para renovar organismos clave como el Consob, el regulador bursátil.
[–>[–>[–>La izquierda: el peligro de la ilusión
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Mientras la derecha se desangra, el centroizquierda celebra. La victoria del ‘no’ ha unido a un campo heterogéneo que va desde el Partido Democrático hasta el Movimiento 5 Estrellas. Pero, como ha señalado el analista de YouTrend, Lorenzo Pregliasco, «la izquierda no debe ilusionarse«. Los millones de votos del rechazo no son cheques en blanco; una parte del electorado podría volver a la abstención en unas generales. Los sondeos también avalan esta cautela: el 37% de quienes rechazaron la reforma desean, aun así, que la primera ministra al menos agote la legislatura.
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En esta línea, Meloni ha perdido una batalla, pero de momento no la guerra. Su «pacto de hierro» con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen en Bruselas y su apoyo inquebrantable a Ucrania son aún algunos de sus grandes escudos internacionales. La pregunta en Roma es si esa habilidad diplomática bastará para frenar el incendio doméstico. Como reza el proverbio italiano, «el peor enemigo de un italiano es otro italiano«. Y ahora mismo, Meloni tiene demasiados enemigos en casa.
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