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Estrómboli, La Palma y otros seis lugares a los que viajar para ver volcanes | Lonely | El Viajero

Estrómboli, La Palma y otros seis lugares a los que viajar para ver volcanes | Lonely | El Viajero
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  • Publishedabril 2, 2026



Hay lugares donde la tierra tiembla y se transforma ante los ojos del viajero. Los volcanes son destrucción, pero también construyen islas, modelan territorios y crean espectaculares paisajes nuevos. De Estrómboli, en el Mediterráneo, a las tierras en constante ebullición de Islandia, desde los desiertos volcánicos de Isla Reunión hasta los campos de lava en expansión de Hawái, existen destinos donde la actividad volcánica no es un vestigio del pasado, sino una realidad cotidiana que condiciona la vida, el paisaje y también la experiencia del viaje. Caminatas sobre antiguos ríos de lava, cráteres humeantes, mares que hierven al contacto con el magma o pueblos que conviven con la ceniza forman parte de una geografía viva que cambia constantemente.

Estos son ocho rincones del mundo donde los viajeros pueden contemplar en directo la transformación del paisaje y que nos recuerdan que la tierra está viva.

Estrómboli, el faro volcánico del Mediterráneo

El Estrómboli, tan cinematográfico y visitado, es uno de los volcanes más activos y fascinantes. Emergió hace unos 160.000 años y se alza 924 metros sobre el nivel del mar, con tres cráteres por encima de la llamada Sciara del Fuoco (Camino del Fuego), un flujo de lava que desciende hasta el mar Tirreno. De ellos sale con regularidad escoria piroclástica, magma y material incandescente que iluminan las noches. Para verlos de cerca, basta con calzarse unas botas y empezar a caminar.

La Sciara del Fuoco es una cuesta de poco menos de una hora de camino hasta el mirador. Como el mirador se encuentra a una altitud inferior a 400 metros, es posible llegar a él sin el acompañamiento de un guía vulcanológico. El mejor momento para acudir es justo antes del amanecer o al atardecer, para disfrutar del espectáculo de las erupciones que tiñen de rojo el cielo.

En la isla es especialmente bonito el pueblo de Ginostra, aislado en la ladera del volcán. Es accesible solo por mar y aquí viven menos de 30 habitantes. No hay ni alumbrado público ni agua corriente, pero es un lugar donde sentir los rugidos del volcán, dedicarse a la contemplación y darse largos baños en sus aguas cristalinas.

A un kilómetro de la costa hay un islote coronado por un faro: el Strombolicchio, que es lo que queda de un antiguo volcán que se apagó hace unos 200.000 años. Aunque hay una escalera de caracol que sube desde el mar hasta el islote, no se puede desembarcar, pero dar una vuelta en barca y bucear para admirar su fondo marino es una experiencia imprescindible.

Islandia, la isla donde la tierra nunca duerme

En Islandia hay 32 volcanes activos con erupciones frecuentes. Por ejemplo, las erupciones de la península de Reykjanes, que pueden durar varios años, como pasó en Kröflueldar, en el norte del país, entre 1975 y 1984.

Pero hay muchas otras erupciones históricas, como la del Eyjafjallajökull ―que forma parte de una cadena de volcanes que atraviesa el país―, que dejó en tierra a los aviones de toda Europa en 2010. Las cenizas y las inundaciones causaron problemas a los granjeros de toda la región y parte de la carretera de circunvalación quedó dañada. Debido a esta erupción, este volcán se convirtió en el más famoso de Islandia. En lo alto de su caldera hay un glaciar, muestra de la sorprendente mezcla de paisajes volcánicos y glaciares que es la seña de identidad del país.

Aquí también está el Katla, uno de sus volcanes más feroces e impresionantes. Está rodeado de un geoparque declarado patrimonio mundial por la Unesco que abarca casi el 10% del territorio islandés. El Katla deja claro también que estamos en una isla de hielo y fuego. Su última erupción importante fue en 1918, duró 24 días y afortunadamente no causó víctimas mortales.

El geoparque tiene lugares mágicos como la cueva de hielo de Katla, que permite ver ceniza negra de siglos de erupciones recubierta de hielo (estamos por debajo de una lengua del cuarto glaciar más grande de Islandia). O un cañón mágico como el de Fjaðrárgljúfur, que no parece real: con 1,6 kilómetros de largo y casi 100 metros de profundidad, es un lugar donde el agua cristalina de un río zigzaguea a través de roca que parece esculpida a mano. Hay una ruta de tres kilómetros por el cañón que conduce a las espectaculares vistas de una cascada; un lugar popular para avistar aves, hacer senderismo y correr.

Isla Reunión, viaje al corazón ardiente del Índico

Esta isla en medio del Índico está formada por grandes volcanes. Tres de ellos están extintos (quedan sus cráteres: el Cirque de Mafate, el de Cilaos y el de Salazie), pero hay uno, el Piton de la Fournaise, que continúa en activo. De hecho, es de los más activos del planeta: lanza con regularidad explosivas fuentes de magma que los turistas acuden a ver. Se puede conducir hasta su borde, recorrer el cráter, atravesar su desierto de arena y entrar en sus túneles de lava. El Piton entra en erupción cada ocho meses aproximadamente. Las erupciones suelen quedarse dentro de la caldera, pero a veces fluyen por el flanco oriental.

Hay muchas formas de acercarse al fenómeno volcánico que es la razón de ser de estas islas. En el museo La Cité du Volcan, en Bourg-Murat, se descubren infinidad de datos sobre la lava en exposiciones interactivas. También se puede recorrer en coche la carretera de la lava por el ennegrecido paisaje del Grand Brulé, un río de lava solidificada, o entrar en el oscuro y caluroso túnel de lava de Bassin Bleu, uno de los más antiguos de la isla.

Ir a ver la llanura volcánica Plaine des Sables es un poco como viajar a Marte: un desierto rojo. Apareció hace 65.000 años tras un gran derrumbe, y las escorias de color rojo que cubren la zona surgieron del Piton Chisny, uno de los tres volcanes de la zona, que ya no entra en erupción.

Hawái y el parque de los volcanes, donde la lava crea tierra nueva

Uno de los lugares del mundo más alucinantes para ver volcanes activos es Hawái, con un increíble parque nacional que tiene como protagonistas absolutas la lava y las formas volcánicas. La naturaleza está muy viva y en constante movimiento, especialmente en la Isla Grande.

Desde la cima a menudo nevada del Mauna Loa, el volcán activo más grande del mundo, hasta la costa hirviente donde la lava se derrama en el mar, este parque nacional es un microcontinente de bosques pluviales, desiertos volcánicos, prados de alta montaña, llanuras litorales y maravillas geológicas. En su corazón se alza el Kīlauea, el volcán en escudo más joven y activo de la Tierra. La East Rift Zone del Kīlauea lleva desde 1983 en erupción casi ininterrumpida por la fisura de Pu’u ‘Ō‘ō, lo que ha añadido terreno nuevo a la isla. El Kīlauea es un lugar increíble, con un cráter humeante y un aspecto impresionante. Cuando “el pequeño Kīlauea” se abrió en un infierno de fuego en noviembre de 1959, el cráter se llenó de un lago de roca fundida alimentado por un surtidor que iluminó el cielo nocturno con millones de toneladas de lava a chorro. El lago tardó más de 30 años en solidificarse por completo.

Si solo se puede hacer una excursión, debería de ser la del sendero Kīlauea Iki Trail. Es un circuito circular de 7,2 kilómetros que atraviesa un increíble microcosmos: desciende por bosques de ‘ōhi‘a hasta un humeante lago de lava de 1,6 kilómetros de ancho, creado hace relativamente poco por una fuente que arrojaba millones de litros de lava por segundo. Fue en 1959 cuando estuvo expulsando lava durante cinco semanas. El increíble espectáculo se tornó terrorífico cuando se convirtió en un fenómeno explosivo. Otro lugar imprescindible es el mirador del Halemaʻumaʻu, desde donde se puede contemplar un cráter lleno de lava caliente que envía una columna de vapor hacia el cielo.

Indonesia, volcanes sagrados entre selvas y cenizas

En Indonesia hay más volcanes activos que en cualquier otro país del mundo y es el lugar perfecto para escalar uno. Los más populares están en Java, Sumatra y Bali, pero hay cantidad de opciones por todo el país. Eso sí, antes de ir hay que comprobar el estado de la actividad volcánica.

La mayoría de los volcanes en el país tienen significado religioso y algunos, como el Gunung Agung de Bali —que permite hacer senderismo a través de un frondoso bosque y ascender entre las nubes hasta la cima—, son considerados centros espirituales. El cráter del Gunung Bromo, en el este de la isla de Java, es también un destino de peregrinaje al que cada año llegan los locales para dejar ofrendas a sus dioses. Y en el norte de Sumatra está el Gunung Sibayak; una de las experiencias más emocionantes de subir a su cima (atravesando una selva con preciosas cascadas) es contemplar a su vecino, el activo volcán Gunung Sinabung.

El Sinabung, también en Sumatra, es un volcán muy activo, impresionante y volátil. Su espectacular forma emerge de un valle cubierto de verdes arrozales y ondulantes maizales, muy fértil gracias al suelo volcánico. Permaneció inactivo durante más de 400 años hasta que una explosión lo reactivó en 2010, y desde entonces ha entrado en erupción muchas veces. Bajo el volcán hay pueblos enteros inquietantemente vacíos después de que unos 30.000 residentes fueran realojados en nuevas aldeas ante el peligro de erupción. Algunos no quisieron marcharse y permanecen, desafiantes, en las faldas del volcán. Una advertencia: está completamente prohibido ascender al Sinabung.

Japón, fuego bajo la calma del archipiélago

Japón es un país en erupción. Aquí la tierra se mueve, está viva: son frecuentes los terremotos, temblores, volcanes que escupen lava o que permanecen dormidos esperando el momento de dar señales de vida, así como otras manifestaciones de la actividad sísmica, como son los baños termales (onsen), muchos de ellos al aire libre, como en la isla de Hokkaido.

En Japón hay más de 200 volcanes, muchos de ellos activos y situados sobre el llamado “cinturón de fuego del Pacífico”. Entre los más emblemáticos, sin duda, el monte Fuji (inactivo desde 1707), icono y punto más alto del país, situado cerca de Tokio.

El Sakurajima, en la isla de Kyūshū, es uno de los volcanes más activos del mundo. Se puede tomar un ferri hasta la vertiente oeste de este coloso, donde está el centro de visitantes del volcán. Caminando un poco desde allí, se pueden ver formaciones de lava. También es posible hacer un circuito guiado por los lugares más significativos del volcán, entre ellos la puerta enterrada del santuario de Kurokame, que quedó casi sepultada durante la gran erupción de 1914. Resulta impactante pensar que todo un santuario pudiera quedar cubierto de lava y ceniza. No se puede ascender hasta el borde del volcán, pero hay un observatorio a medio camino de la cumbre desde la costa, a una distancia prudencial de los humos tóxicos. El Sakurajima lanza cenizas casi a diario. En la ciudad de Kagoshima es común ver los coches cubiertos de polvo volcánico. El hermano menor del Sakurajima es el monte Takachiho, una montaña espectacular, sobre todo para los amantes del senderismo. Y en Kyūshū está también el volcán Aso, con un parque nacional que se cierra periódicamente debido a las nubes de gas tóxico que emanan de su gigantesco cráter.

Costa Rica, aventura entre volcanes y selva tropical

Uno de los países que ha hecho de los volcanes uno de sus principales reclamos turísticos es Costa Rica. La cordillera de Guanacaste y la Cordillera Central están cubiertas de gigantes que escupen vapor y chispas, salpicando el paisaje de fuentes termales e invitando a los más osados a escalar sus cráteres y cimas.

Desde el volcán Arenal, que domina el horizonte de La Fortuna, hasta el volcán Irazú, en el Valle Central, hay multitud de cimas con vistas increíbles y que son destinos perfectos para un día de aventura. En el país hay cinco volcanes activos con erupciones recientes: Poás, Arenal, Rincón de la Vieja, Irazú y Turrialba.

El parque nacional Volcán Poás tiene un impresionante lago turquesa, igual que el volcán Irazú, al que se puede subir a pie para observar el lago del cráter. El más popular tal vez sea el Arenal, con sus piscinas de agua calentada por el volcán y sus lagos en las faldas del monte. Pero es el parque nacional Rincón de la Vieja donde mejor se puede observar la actividad volcánica en vivo. Este volcán es uno de los más activos, con erupciones recientes y potentes, como la de 2023. Está prohibido acercarse al cráter, pero en el parque nacional que lo rodea se puede observar la actividad volcánica en pozas de lodo burbujeantes, fumarolas y manantiales termales. Un buen recorrido es el sendero Las Pailas, de 3,5 kilómetros, que pasa junto a fumarolas multicolores, manantiales tibios y pozas de lodo humeantes.

La Palma, el volcán que cambió una isla

Aunque los fenómenos volcánicos se pueden observar en todas las islas Canarias, La Palma centra el interés de los llamados turistas de volcanes, sobre todo por ser ejemplo de cómo los volcanes pueden transformar de repente un territorio.

El 19 de septiembre de 2021, la tierra empezó a regurgitar en la zona del parque nacional de Cumbre Vieja, en el sur de la isla. La erupción duró 85 días (la más larga registrada en la isla) y sepultó carreteras y desplazó a miles de residentes. Hoy, algunos palmeros han convertido este desastre natural en una nueva oportunidad y ofrecen caminatas guiadas para ver el Tajogaite.

Cumbre Vieja es una dorsal volcánica que recorre la isla de norte a sur y es el escenario de su actividad volcánica más reciente. La erupción de 2021 dejó un nuevo paisaje volcánico: la lava avanzó más de seis kilómetros hacia el oeste hasta verterse en el océano, arrasándolo todo a su paso. Engulló miles de edificios y formó un nuevo delta.

Una posible excursión para conocer los paisajes volcánicos de La Palma es el paseo por el borde del cráter del volcán San Antonio. El recorrido dura unos 20 minutos y, en días despejados, la vista alcanza hasta La Gomera y El Hierro.



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