ESTADOS UNIDOS | Pam Bondi, ascenso y caída de la fiscal leal de Trump
Pam Bondi parecía hecha a medida para el universo de Donald Trump: leal, combativa y siempre dispuesta a defender al presidente. Por eso su salida del Departamento de Justicia, después de haber sido colocada por el republicano al frente de la Fiscalía General, viene a ilustrar como, en el trumpismo, la fidelidad ayuda a llegar, pero no siempre sirve para quedarse.
[–>[–>[–>Trump habría decidido apartarla por dos motivos principales: su gestión del caso Epstein y la sensación de que no actuó con la dureza suficiente contra quienes él considera sus enemigos políticos. La destitución rompe además la imagen de disciplina que la Casa Blanca quería proyectar en este segundo mandato, a diferencia del primero, donde los despidos fueron algo recurrente.
[–> [–>[–>El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, destituye a la fiscal general Pam Bondi / SAUL LOEB / AFP
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Donaciones e intereses cruzados
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La relación entre Bondi y Trump viene de lejos. En 2013, cuando ella era fiscal general de Florida, su oficina estudiaba sumarse a una investigación sobre la Universidad Trump por fraude. En ese contexto, Bondi pidió una donación de 25.000 dólares para su campaña. Poco después, el caso no siguió adelante. Ella siempre negó que hubiera vínculo entre ambas cosas, pero el episodio dejó una sombra de conflicto de intereses que nunca desapareció del todo.
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Con los años, la cercanía se estrechó. Bondi participó en la defensa de Trump en sus procesos de impeachment y también se integró en el aparato legal que trató de revertir la derrota electoral de 2020 frente a Joe Biden. No era una aliada circunstancial. Era una figura de confianza dentro del trumpismo más duro.
[–>[–>[–>Conservadora de combate
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Bondi fue la primera mujer en ocupar la fiscalía general de Florida, cargo que desempeñó entre 2011 y 2019. Allí construyó un perfil marcadamente conservador: se opuso al matrimonio homosexual, defendió políticas duras contra las drogas y el tráfico de menores y se alineó con otras batallas clásicas de la derecha estadounidense, como el intento de desmontar la reforma sanitaria de Barack Obama.
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Tras dejar el cargo, pasó al sector privado y trabajó en una firma de lobi vinculada al entorno de Trump, con clientes como Qatar, Uber, Amazon y General Motors. Más tarde dirigió el área legal del America First Policy Institute, un influyente laboratorio de ideas ultraconservador muy próximo al proyecto político del republicano.
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[–>Contra los enemigos de Trump
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Su llegada al gabinete de Trump se produjo después de que la primera opción del presidente para ocupar el cargo, Matt Gaetz, fuera desestimado debido a escándalos sexuales. En el Senado, Bondi fue confirmada en medio de fuertes dudas demócratas sobre la independencia del Departamento de Justicia. Ella prometió que la política no tendría ningún papel en sus decisiones, aunque en la práctica no fue exactamente así.
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Durante su etapa al frente de Justicia, quedó asociada a la percepción de una politización creciente del departamento. Trump expresó en público su frustración porque, a su juicio, no se estaba haciendo lo suficiente contra nombres como James Comey, Letitia James o Adam Schiff. Bondi se convirtió así en el rostro de una institución cada vez más sometida a la lógica de la revancha política.
[–>[–>[–>El manejo del caso Epstein
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El golpe decisivo llegó con el caso Jeffrey Epstein. Bondi aseguró en una entrevista que tenía sobre su mesa una supuesta lista de clientes del financiero. Después se aclaró que esa lista no existía. El error dañó su credibilidad y encendió aún más a las bases MAGA, obsesionadas con la publicación total de los archivos.
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La situación empeoró cuando el Departamento de Justicia entregó a voces de la extrema derecha documentación presentada como reveladora y gran parte del material resultó ser ya conocido. Desde entonces, Bondi quedó atrapada entre la presión política, el enfado de la base trumpista y las críticas por el deterioro de la independencia judicial.
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Su caída resume bien su trayectoria. Bondi dedicó años a demostrar lealtad a Trump, a blindarle en momentos críticos y a actuar como una pieza fiable de su maquinaria política. Pero en un sistema gobernado por la utilidad inmediata, ni siquiera eso basta. Su ascenso explicó cómo funciona el poder de Trump. Su salida lo confirma.
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