Las confiterías de Avilés se adaptan a los celiacos y traspasan fronteras para cumplir con la dulce tradición de la Pascua
En la confitería Grao de Sabugo, en Avilés, su propietaria, Paula Menéndez, es celiaca y «no puede ser que los que no pueden tomar gluten se queden sin bollo de Pascua en estas fechas», manifiesta. Poder seguir un protocolo sanitario para evitar que los productos se contaminen es «muy complicado desde nuestros propios obradores«. Por esa razón, «colaboro con obradores exclusivos sin gluten y se manejan solo en Sabugo para evitar confusiones», explica refiriéndose al otro obrador que tiene en Villalegre.
[–>[–>[–>Bollos sin gluten en la repostería Grao. / Luisma Murias / LNE
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Menéndez lo tiene todo pensado, pues «no solo el bollo como tal es apto para celíacos, sino que las monas también lo son«, añade. Pero más allá de todos los productos sin gluten, bien protegidos cada uno en su propia bolsa, cuenta con el bollo de Pascua tradicional y monas que «se van adaptando a lo que los clientes quieren», con figuras de una Nintendo Switch o la portada de la famosa película de las «Guerreras K-pop».
[–> [–>[–>Sin embargo, «modificar la receta es algo muy complicado», sostiene Margo Rodríguez, de la confitería La Colosal: «El bollo mantecado es una tradición que trae prosperidad y suerte, un símbolo gastronómico muy fuerte de Avilés». Y aunque haya cierta dificultad en adaptarlo a otro tipo de necesidades alimentarias, «los seguimos haciendo de todos los tamaños que quiera el cliente«. En su establecimiento «han venido bastantes personas pidiendo el bollo más pequeño, de 400 gramos», mientras que «el más grande que tenemos encargado es de cinco pisos», asegura.
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Margo Rodríguez, de la pastelería La Colosal, posa con su bollo de Pascua. / Luisma Murias / LNE
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La campaña del bollo de Pascua «cada vez empieza antes», afirma Paula Menéndez, a lo que Margo Rodríguez añade que «es muy bonito ver cómo la gente sigue apreciando esta tradición que incluso empieza a cruzar fronteras«. Desde la confitería Vidal, su gerente, Emilio Vidal, dice que «hay muchos bollos que van a cruzar fronteras y se van para otras partes de España», haciendo referencia a cuánto está creciendo esta tradición fuera de Avilés.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>En su caso, «apenas se hacen bollos de seis pisos, pero siempre nos solíamos encontrar gente que quería superar al otro padrino que se había hecho con uno de cinco», apunta. Y en cuanto a la innovación dentro de este postre avilesino, es rotundo: «El bollo es el bollo y no se presta a ello, hay que respetar la tradición. Como mucho, nosotros los hacemos bañados en chocolate, pero ya venimos haciéndolo de hace tiempo».
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Emilio Vidal, de la pastelería Vidal, posa junto a los bollos untados con mantequilla que preparan en su establecimiento. / Luisma Murias / LNE
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En el último empujón para el día de Pascua, las confiterías avilesinas están «a tope». Y aunque muchos «han encargado con bastante antelación y nos ayuda a distribuir el trabajo por días«, según Vidal, siempre hay clientes de última hora que se encargan de comprar aquellos bollos que se van haciendo a diario.
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