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Trump abre una nueva crisis en la OTAN y amaga con una salida que sería el fin de la organización

Trump abre una nueva crisis en la OTAN y amaga con una salida que sería el fin de la organización
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  • Publishedabril 4, 2026



Archivo: El presidente estadounidense Donald J. Trump le da la mano al secretario general de la OTAN, Mark Rutte.

– Europa Press/Contacto/Aaron Schwartz – Pool vía CN

MADRID 4 Abr. (EUROPA PRESS) –

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a sacudir los cimientos de la OTAN con renovados ataques a sus aliados por la falta de implicación en la guerra de Irán, en particular para garantizar la libre navegación por el Estrecho de Ormuz, lo que ha llevado a Washington a afirmar que contempla la retirada del bloque militar, una declaración que con sólo formularse ya supone un duro golpe a los cimientos de la organización basada en la disuasión militar.

Después de tensar al máximo la relación con sus socios de la OTAN por sus reivindicaciones sobre Groenlandia, el presidente norteamericano ha vuelto a hacer saltar las alarmas esta semana con una andanada de ataques a los aliados por no sumarse a la ofensiva contra Irán, un acoso que ha culminado con palabras mayores como la salida de la organización que Estados Unidos fundó en 1949 para montar un bloque militar contra la Unión Soviética.

Los desacuerdos entre Estados Unidos y las potencias europeas sobre la estrategia a seguir en Ormuz, un paso clave para el comercio mundial de petróleo, llevaron a Trump a lanzar repetidos ataques contra estos países, a los que calificó de «cobardes» y tachó de ingratos. Según su versión, Washington sí realiza en Irán trabajos que benefician principalmente a otros países, que le desagradan por no aportar medios militares a una misión naval «menor», ya que, según Trump, la Armada iraní está diezmada por semanas de continuos ataques.

Así, el presidente norteamericano exigió a los socios que saquen «su propio petróleo» de la conflictiva región del Golfo sin la ayuda de Estados Unidos. Ante esto, la alternativa liderada por Francia y Reino Unido pasa por una ‘hoja de ruta’ diplomática y política que logre reabrir el paso que ‘de facto’ mantiene bloqueado a Teherán.

Aunque Trump insiste en que no necesita la ayuda de la OTAN para la campaña en Irán y el control del estrecho, cree que la organización militar debe estar presente en circunstancias como ésta. Todo ello a pesar de que la OTAN es por definición una alianza defensiva y poco amiga de las aventuras militares que puedan iniciar sus miembros.

El papel de la OTAN quedó limitado en las guerras de Irak o Afganistán iniciadas por Estados Unidos durante el mandato de George Bush, países en los que posteriormente estuvo desplegada en misiones para proporcionar seguridad y ayudar a las autoridades locales a controlar el territorio y facilitar la reconstrucción del país.

Dejando a un lado los debates teóricos, el jefe de la Casa Blanca subraya la debilidad de los aliados por no implicarse y subraya que la Alianza Atlántica «es un tigre de papel» sin los estadounidenses. Eso sí, yendo un paso más allá, pidió a los aliados que «aprendan a defenderse». «Estados Unidos ya no estará allí para ayudarlos», advirtió en un mensaje con consecuencias mucho más profundas para la organización, que basa su fuerza en su capacidad de disuasión y en la cláusula de defensa mutua consagrada en el artículo 5.

AMENAZA DE SALIR DE LA OTAN

El clímax llegó, sin embargo, unos días después cuando volvió a atacar a la OTAN en una entrevista en la que aseguró que está «más que considerando» la salida de Washington del bloque en medio de la ristra de críticas por no apoyar al Ejército estadounidense en la guerra de Irán.

De esta forma, Trump añadió presión al mensaje ya expresado por el secretario de Estado, Marco Rubio, de que la Casa Blanca tendrá que «reevaluar el valor de la OTAN» después de que varios países hayan limitado el uso que permiten a Estados Unidos hacer de sus bases, en el caso de España pero también de Italia o Alemania. En un discurso más matizado, pero esencialmente igual, el jefe de la diplomacia estadounidense subrayó que habría que estudiar si la OTAN «sigue cumpliendo su propósito, o si ahora se ha convertido en una calle de sentido único», en referencia a que Washington «está en condiciones de defender Europa», «pero cuando necesitamos la ayuda de nuestros aliados, nos niegan los derechos de base y de sobrevuelo».

RESPUESTA DE LOS ALIADOS

Ante estas amenazas, los líderes europeos han tratado de mantener la calma y no reaccionar exageradamente ante las posiciones extravagantes y a veces incoherentes del líder estadounidense. El presidente francés, Emmanuel Macron, pidió así «estar a la altura» de los compromisos en la OTAN y advirtió a Trump que este tipo de cuestionamientos por sí solos «vacía» la organización de su contenido.

El presidente francés destacó que alianzas como la OTAN «vale lo que no se dice» y destacó que el principal pilar del bloque es «la confianza que hay detrás». «Cuando firmas un acuerdo, cuando entras en una alianza, cuando crees que es importante defender la seguridad de tus aliados, debes estar a la altura de los compromisos asumidos», afirmó.

En la misma línea, el primer ministro polaco, Donald Tusk, advirtió que las amenazas de Trump junto con otras decisiones como la relajación de las sanciones al petróleo ruso son el «plan soñado» del presidente ruso Vladimir Putin, en definitiva la principal amenaza a la seguridad de la zona euroatlántica.

En nombre de Alemania, el ministro de Asuntos Exteriores, Johann Wadephul, ha reconocido «preocupación» por las palabras del presidente estadounidense sobre una posible retirada. Sin embargo, Berlín, uno de los socios más fieles del vínculo transatlántico, cree que una salida de la Alianza «aún puede evitarse» y que el «compromiso y la determinación» de los aliados deben hacer reconsiderar a Washington.

Esta crisis abierta por Trump se convierte en una de las más críticas, porque afecta la raíz misma de la organización, pero es solo una de las disputas que el magnate estadounidense ha tenido con el bloque militar desde que está al frente de la nación que lidera la OTAN. Nunca ha sido un gran partidario de la OTAN, como presume, pero se lleva la medalla de haber conseguido firmar un nuevo compromiso de gasto militar para que los aliados dediquen el 5% de su PIB al presupuesto de defensa.

Tras meses de lucha, el líder llevó la tradicional presión de Washington a sus aliados para que elevaran el gasto a un nuevo nivel y logró en la cumbre de La Haya la ansiada cifra que los 32 aliados, España con matices, acordaron alcanzar dentro de una década.

En este contexto, con los vínculos con Europa seriamente erosionados, la figura del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que en algunos países del continente es criticado por seguir sistemáticamente las tesis de Trump, se perfila como una figura fundamental, pero que en la práctica tiene la clave para rebajar sus exigencias o incluso, en última instancia, conseguir que las deje en suspenso.

Frente a la estrategia de confrontación y negociación continua de Trump, el ex primer ministro holandés ha conseguido, llevando al máximo la técnica del apaciguamiento y coincidiendo con Washington en prácticamente todas sus exigencias, desactivar paulatinamente algunos de los ultimátums lanzados por la Casa Blanca. En este sentido, y defendiendo a la organización como una plataforma donde los aliados deben resolver tensiones, Rutte logró un preacuerdo con Trump sobre Groenlandia que en la práctica supone mantener abiertos los canales diplomáticos con Dinamarca y las autoridades de la isla para modernizar las relaciones y buscar formas de ampliar la cooperación en materia de seguridad sin poner en duda la soberanía danesa sobre el territorio ártico.

En este contexto, y inmerso en una nueva misión imposible, Rutte viajará la próxima semana a Washington para reunirse con Trump en busca de aliviar las tensiones entre Estados Unidos y sus aliados. La OTAN afirma que la reunión estaba prevista desde hacía tiempo, pero lo cierto es que no podría ser más propicia para dejar de lado las amenazas y sofocar, al menos de momento, la nueva crisis abierta por Trump.



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