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La muerte digna de Noelia Castillo

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  • Publishedabril 4, 2026


Como tantas personas sensibles, me sentí hondamente conmovido al conocer la historia de Noelia Castillo y su reciente final a través de la prestación de eutanasia. Tal parece que Noelia nunca obtuvo en su joven vida el afecto y apoyo familiar que precisaba y merecía. En realidad, únicamente el Estado, mediante la Sanidad pública, al ayudarla a morir en paz, fue piadoso con ella. Todos los demás, incluido su padre, representado por la organización ultracatólica «Abogados Cristianos» (sic), así como los reiterados pronunciamientos admonitorios de los farisaicos profesionales del amor al prójimo, deseaban militantemente la prolongación de sus indecibles sufrimientos. De modo que únicamente la Administración sanitaria catalana, respaldada por los tribunales ordinarios, el Tribunal Constitucional y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, mostró la debida piedad con Noelia. Ello no es en absoluto extraño: nuestra Constitución proclama «la dignidad de la persona» (art. 10.1), y Noelia pidió y recibió de los poderes públicos el trato digno que su terrible situación demandaba. ¿Obró mal éticamente Noelia? ¿Debía haber soportado indefinidamente sus padecimientos con total estoicismo? Muchos bárbaros, ajenos a la civilización de la dignidad, opinan que sí porque desconocen el sentimiento de la compasión, justamente la esencia de la caridad cristiana. Se trata, en realidad, de apóstoles de la violencia implacable sobre la conciencia libre de los seres humanos. Por su sobrevaloración sacrificial del dolor, huelen nauseabundamente a aberración y a despotismo.



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