Dos juicios, dos crisis del poder
La política española encara una semana que mostrará a las claras dos formas de degradación del poder. Pero conviene no caer en equidistancias cómodas, no todos los casos son iguales ni tienen la misma gravedad institucional. La coincidencia del juicio del caso Kitchen y el de la trama de las mascarillas sitúan al PP y al PSOE bajo presión simultánea, pero lo hace en planos distintos. El caso de las mascarillas responde a un patrón reconocible de comisiones, contratos inflados y redes de influencia en un contexto de emergencia grave como el de la pandemia, con un alto coste político si se confirman los hechos. Pero el caso Kitchen no trata solo de corrupción sino del presunto uso del aparato del Estado para interferir en una investigación judicial y proteger intereses partidistas.
[–>[–>[–>De la respuesta que se encuentre sobre quién mando neutralizar a Luis Bárcenas, dependerá si se trató de una operación descontrolada o de una cadena de mando que alcanzaba niveles políticos. Y esa diferencia es decisiva porque si se confirma lo segundo, estaríamos ante un uso estructural de las instituciones para sabotear el funcionamiento del Estado de derecho. La idea de que todos están en el banquillo y todos son equivalentes simplifica una realidad más incómoda. No es lo mismo aprovecharse del Estado que ponerlo al servicio de una estrategia de encubrimiento. No es lo mismo la corrupción oportunista que la instrumentalización de las propias estructuras encargadas de perseguirla. Sin embargo, el PP y el PSOE tienen incentivos evidentes para diluir responsabilidades en un «y tú más» que amortigüe el golpe propio trasladándolo al adversario. Es una estrategia eficaz a corto plazo, pero profundamente corrosiva a medio.
[–> [–>[–>Con las elecciones andaluzas a la vuelta, esta coincidencia judicial introduce un factor de volatilidad evidente. El PSOE afronta el desgaste del caso Ábalos en plena precampaña. Pero el PP tampoco logra desprenderse de la sombra de Kitchen, que reactiva su relación pasada con el uso del poder y la gestión de sus propias crisis internas. La clave estará en cómo procese el electorado esta asimetría, si se impone la percepción de que todos los partidos actúan de forma similar, el resultado será un nuevo impulso a los que capitalizan el descontento. Pero lo que está en juego va más allá de un resultado electoral, y la sensación de deterioro institucional será difícil de revertir. Especialmente si lo que se dirime es la integridad de las reglas del juego como en la Kitchen. No solo empieza una semana judicial intensa, sino una prueba de carga sobre nuestra democracia.
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