Hay chicas en pueblos que inventan su mito con un andar
Natalia Moreno ha cambiado el celuloide por el papel, siempre a la caza de una historia. A su dilatada trayectoria como directora, guionista y productora, se le suma ahora la novela «Madonna no nació en Wisconsin». Obra que la trae a Asturias en doble presentación. La primera será hoy en el Toma 3 de Gijón a las 19 horas, en conversación con la escritora Sofía Castañón, la segunda, en Oviedo, mañana miércoles en Kafka & Co a las siete de la tarde, donde dialogará con la poeta Patricia Suárez.
[–>[–>[–>¿Ha querido hacer una crónica social de las mujeres en los 80 encajando en un perfil de luchadora?
[–> [–>[–>No me interesaba hacer una crónica ni un monumento. Me interesaba una chica concreta intentando existir como puede en sus circunstancias de vida. Los 80 están ahí, claro, pero como entorno y escenario. No quería heroínas, quería verdad. Y la verdad casi nunca es épica, es contradictoria, torpe, a veces ridícula y otras muy luminosa. Quería mujeres humanas.
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Hay madonnas de pueblo con todo su glamour
[–>[–>[–>Sí, y a mí me encantan. Porque el glamour no tiene que ver con el brillo ni con la fama, tiene que ver con la intensidad con la que alguien decide mirarse y plantarse en el mundo. Hay chicas en pueblos pequeños que inventan su propio mito con cuatro cosas, con una cinta en el pelo, con una canción, con una forma de andar. Eso es poder.
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Para todo ello ha elegido un lenguaje no exento de contundencia
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[–>Necesitaba un lenguaje que no pidiera permiso. Que fuera directo, a veces incómodo, pero también poético. Me interesa una escritura que roce el cuerpo, que no se quede solo en la cabeza. La contundencia no es una pose, es una forma de no edulcorar lo que duele, lo que incomoda o lo que arde.
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El arte de contar una historia tiene similitudes en cine y literatura
[–>[–>[–>Sí, pero también diferencias muy profundas. En el cine el cuerpo está delante de ti, en la literatura tienes que convocarlo con palabras. En el cine trabajas con lo visible, en la literatura con lo invisible. A mí me gusta pensar que escribo como si estuviera rodando algo que no se puede filmar, la respiración, el deseo, un aroma, lo que alguien no dice.
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¿Se hace mucho cine social en España y de calidad?
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Se hace cine muy valiente en España, pero a veces cuando decimos «cine social» parece que lo estamos encerrando en una etiqueta. A mí me interesa el cine que incomoda, que no te dice qué pensar, que te deja un poco descolocado. Ese cine existe, y a mí me gusta.
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¿Teme a los recortes económicos y a la censura?
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No puedo estar a favor de la censura, en ninguna de sus formas. La creación necesita riesgo, incomodidad y libertad para equivocarse. Sin eso, se convierte en propaganda, en show o en algo inofensivo, que es otra forma de desaparecer. Pero además, quién es ahí el todo poderoso que decide censurar y el qué? El arte y la cultura son expresiones y deberían serlo con libertad.
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¿Y los recortes?
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Los recortes, claro, dificultan el trabajo y precarizan, pero lo que más me inquieta es esa censura más silenciosa que se instala dentro, cuando una empieza a medir lo que dice para no molestar demasiado. Ahí es donde veo a veces retroceso. Ahí es donde intento estar alerta, porque el verdadero peligro es dejar de decir lo que importa antes incluso de que nadie te lo prohiba.
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