La caída de Saddam Hussein que cambió al mundo
La imagen dio la vuelta al mundo: una estatua de Saddam Hussein derribada en el centro de Bagdad simbolizaba el fin de un régimen… y el comienzo de una nueva era marcada por la incertidumbre.
La amenaza que lo cambió todo
Tras los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos impuso una nueva doctrina de seguridad basada en la prevención. La administración de George W. Bush afirma que Irak posee armas de destrucción masiva y mantiene vínculos con el terrorismo internacional, lo que según Washington representa un riesgo inminente. La guerra se presenta como una acción necesaria para evitar un peligro mayor, aunque las pruebas nunca han sido concluyentes. Tres líderes, una decisión global La intervención en Irak se centra en una alianza clave: Estados Unidos, Reino Unido y España. Tony Blair y José María Aznar apoyan la estrategia de Bush, organizando su apoyo en la famosa cumbre de las Azores. Los tres defienden la intervención como una acción para defender la seguridad internacional, consolidando una coalición que marcaría la política exterior de sus países.
Guerra sin consenso
Sin el apoyo explícito de la ONU, la invasión generó una fuerte respuesta internacional. Millones de personas están saliendo a las calles en todo el mundo, liderando una de las mayores movilizaciones globales contra la guerra. Gobiernos, organizaciones internacionales y amplios sectores de la opinión pública han cuestionado tanto la legalidad como la legitimidad del conflicto. España: división política y cambio de rumbo En España, la guerra provocó una profunda división política y social. Mientras José María Aznar defendía la intervención y la existencia de armas de destrucción masiva, José Luis Rodríguez Zapatero, entonces líder de la oposición, la rechazaba categóricamente, calificándola de ilegal e inmoral. Tras llegar al gobierno en 2004, Zapatero cumplió su promesa electoral y ordenó la retirada de las tropas españolas de Irak, lo que marcó un cambio radical en la política exterior del país.
El fin de una dieta… y el comienzo de la duda
La caída de Bagdad culminó con la captura de Saddam Hussein unos meses después, escondido en un sótano. Es juzgado y condenado a muerte, poniendo simbólicamente fin a su régimen. Sin embargo, las armas de destrucción masiva nunca aparecieron. Tiempo después, Aznar reconoce su inexistencia, pero sostiene que la decisión de intervenir fue acertada. Así, el conflicto dejó tras de sí no sólo un país devastado, sino también un debate que sigue abierto sobre sus verdaderas motivaciones y consecuencias.
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