Hungría, ante el adiós del «aparato Orbán» o su perpetuidad
Los alrededor de ocho millones de electores húngaros están llamados este domingo a las urnas para unas elecciones legislativas con las que Bruselas anhela ver apeado del poder al gran azote interno de la Unión Europea (UE), el ultranacionalista Víktor Orbán, mientras que los superpoderosos Donald Trump, Vladímir Putin o incluso Xi Jingping aspiran a su perpetuidad. Son ya 16 años los que lleva en el poder de forma ininterrumpida, parapetado en mayorías parlamentarias que ha aprovechado para tejer su «democracia iliberal». Es el estandarte de la ultraderecha europea e incluso global.
[–>[–>[–>Otro conservador, Péter Magyar, casi veinte años más joven y escindido de las filas de Fidesz, el partido de Orbán, aglutina las esperanzas opositoras de dar carpetazo al largo periodo de dominio ultra. Orbán tiene a su favor al Kremlin, la Casa Blanca y un aparato electoral afín al partido en el poder.
[–> [–>[–>«Si le echamos, el lunes despertaremos todos en una Europa mejor», afirma Janos, de 28 años, veterinario, y asistente con su novia y dos primos adolescentes en el ‘Rendszerbonto Nagykoncert’, o ‘System Breaker Concert’, el concierto que concentró en vísperas electorales a unos cien mil jóvenes ante la emblemática y abarrotada Plaza de los Héroes de Budapest.
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Un momento del multitudinario concierto antigubernamental celebrado en Budapest. / Attila Husejnow / Zuma Press / Europa Press
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Oficialmente, la macro fiesta no formaba parte de la campaña de Maygiar. Pero las consignas más coreadas en el rompedor concierto, de nueve horas de duración y con unos 50 artistas sobre el escenario, iban del «Ruszkik haza», «Rusos fuera», en alusión a alianza entre Orbán y Moscú, a «Mocskos Fidesz», «Fidesz, sois basura».
[–>[–>[–>Janos y su grupo bailaban alrededor de la montañita de cervezas, refrescos y bolsas de patatas fritas atesoradas para aguantar hasta la medianoche. Algo más apartado del despliegue de decibelios asistía gente menos joven, como Tomasz, un abogado recién llegado a la capital que había seguido por streaming el inicio del concierto en el tren que le trajo desde Austria. «Si hay relevo, regreso a mi país. Si no, me quedo en Viena«, comentó.
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Decisivo voto del campo
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«¿Quién es esta gente? Esta no es Hungría. Debemos proteger nuestro país de esta gente», contraatacaba desde redes sociales Balász Orbán, asesor político «de cabecera» del primer ministro. Las imágenes transmitidas desde el entorno de Fidesz no eran las de jóvenes festejando, sino de las montañas de basura dejadas en la hermosa Plaza de los Héroes y alrededores residenciales.
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[–>Magyar no asistió a la fiesta. Empleó las últimas 48 horas de campaña en apurar su gira por poblaciones más remotas del sur y este. Ciudades y pueblos como Debrecen, a un centenar de kilómetros de la frontera ucraniana. Orbán si programó el gran mitin final en Budapest, ante el Parlamento nacional. Será su último cartucho, según sus opositores.
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«La campaña ha estado marcada por informaciones que han desenmascarado las servitudes de Orbán hacia Moscú o las acciones del espionaje para dejar fuera de juego a Magyar», explica el escritor húngaro Ákos Tóth, autor de ‘Crónica de la toma de control de los medios independientes en Hungría’, publicado en Alemania. Alude al goteo de relevaciones de estas semanas del The Washington Post y los pocos medios críticos húngaros que resisten a la «ley tenaza» instaurada por Orbán.
[–>[–>[–>Salieron a relucir comprometedoras conversaciones del ministro de Exteriores, Peter Szijjarto, filtrando a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, lo que acontece a puerta cerrada en Bruselas. O de Orbán poniéndose literalmente al servicio de Putin para organizar una cumbre con EEUU que no prosperó en Budapest. El objetivo era poner fin a la guerra de Ucrania a espaldas de Kiev.
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Para el primer ministro, que más que esconder sus vínculos con los superpoderosos los exhibe, a Magyar lo aúpa una conspiración de los «burócratas de Bruselas». Ese fue el mensaje dejado hace unos días por el vicepresidente de EEUU, JD Vance, de visita en Budapest para trasladar presencialmente el apoyo de la Casa Blanca a Orbán. Trump es parte esencial del círculo de aliados en los que se encuentra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, asimismo en apuros en su país por la guerra lanzada contra Irán con efectos incalculables sobre Líbano y a escala global.
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De los sondeos a las urnas
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Los ojos de medio mundo están pendientes de las urnas húngaras. Los sondeos favorecen a Magyar, pero el sistema electoral, más las sospechas de compra de votos y otras irregularidades, además del alto número de indecisos, añaden incertidumbre. De los 199 escaños del Parlamento, solo 93 surgen del repartido proporcional entre las listas de los partidos, mientras que los 106 restantes se adjudican al candidato más votado en cada distrito electoral. El voto rural en los bastiones de Orbán sale así favorecido, en detrimento del urbano, donde según los analistas Magyar triunfa.
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No es muy realista imaginar que los húngaros decidan su voto pensando en los anhelos de Bruselas o las superpotencias. Es un país de menos de diez millones de habitantes, que ingresó en la OTAN en 1999 y cinco años después en la UE, cuya población sufre las consecuencias de su debilidad económica, un crecimiento muy flojo y una maraña de corrupción tejida por Orbán, su familia, amigos o simplemente aliados por interés.
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«Con Orbán se nos tiene en cuenta. Hungría tiene una capacidad para hacer valer sus intereses sobre Bruselas. Sin Orbán, ya estaríamos metidos en la guerra o invadidos por asilados o ucranianos», asegura Micha Santor, voluntario de Fidesz en el centro de Budapest. Reproduce el mensaje implícito de un cartel omnipresente en la capital: el de del rostro de Volodímir Zelenski junto al de Magyar. Según Orbán, una victoria opositora dejará a Hungría al servicio de los eurócratas, empeñados en seguir engrasando al presidente de Ucrania y a «la maquinaria de una guerra que nos perjudica», según Santor.
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