Idea para predicación
Es evidente que, como ha dicho Eduardo Mendoza, España está menos crispada que las tertulias. En estas y en ciertos programas la crispación y el odio son la materia prima, sin la que no tendrían audiencia y los tertulianos se tendrían que buscar por ahí su triste vida de cabreadores. La fabricación de celos entre parejas (uno en la escena y otro lejos) de cierto programa, buscando el clímax en el estallido, la ruptura, las lágrimas, mueve ya a la compasión por su grado de indignidad. Naturalmente, siendo ese el modelo propuesto desde el magnético altar que aún es la tele, con el añadido de alta rentabilidad para sus actores, a nadie debería extrañar su éxito. Pero el problema está en que la gresca emocional tiene un público amplio. El Papa, en su encuentro con los jóvenes, bien podría anatematizar esas prácticas en nombre del mandato del amor cristiano, que incluye al enemigo (Mateo, 5.44).
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