CONCIERTO ROSALÍA BARCELONA | Rosalía maravilla en el Palau Sant Jordi con la inventiva, la mística y la fiesta del ‘Lux tour’
El concierto más observado, examinado y diseccionado, en los medios y en las redes, canción a canción y secuencia a secuencia, se hizo carne este lunes en el Palau Sant Jordi y, aunque el efecto sorpresa ya no es lo que era, por mucho que se supiera del ‘show’ y de su narrativa, dio igual: ‘Lux’ nos enredó en sus largas gasas, sus vestidos de tul y sus imágenes goyescas, su mística, su poética y su sentido de la diversión.
[–>[–>[–>El primero de los cuatro conciertos de Rosalía en Barcelona, relevo de los otros cuatro que ofreció en Madrid y cierre de su paso por España, reafirmó todo lo se había dicho de su noción refinada y exploradora del arte musical y escénico. Popular y elevada a la vez, invocando la delicadeza desde la primera canción, ‘Sexo, violencia y llantas’, que interpretó (con media hora de retraso) saliendo de una caja, como una obra de arte, inspirada por la bailarina de Edgar Degas.
[–> [–>[–>El primero de los cuatro actos tembló con las disrupciones electrónicas de ‘Reliquia’, ‘Porcelana’ y ‘Divinize, sujeta a los ángulos de la Heritage Orchestra (dirigida por la cubana Yudania Gómez y situada en el centro de la pista), abiertas a los graves más retumbantes. Las dinámicas coreográficas de la compañía francesa (La)Horde apuntaron a mostrar las costuras y las bambalinas del espectáculo, montando y desmontando e integrando el trajín en el ‘show’.
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Actuar en su ciudad
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La voz de Rosalía sonó con toda su precisión y sentimiento, y solo se quebró cuando tomó la palabra y confesó que había tenido “el corazón a mil” por cantar en su ciudad. Se expresó todo el tiempo en catalán (lengua a la que se tradujeron los textos de las canciones en la pantalla) y recordó a Peret, que no se ponía nervioso precisamente cuando cantaba en casa. “Barcelona, t’estimo amb bogeria”, proclamó, y aseguró que actuar en tu ciudad es la “experiencia más intensa y gratificante que puedes vivir, pero también la que más te impone”.
[–>[–>[–>Pero el ‘Lux tour’ ya venía rodado, un mes después de su ‘première’ en Lyon, y todo fluyó con sus múltiples capas y perfiles, de la secuencia de éxtasis místico de ‘Mio Cristo piange diamanti’ al aquelarre de ‘Berghain’, con su deriva en modo ‘rave’. El álbum ‘El mal querer’ (2018) es el gran damnificado de esta gira, pero ‘Motomami’ (2022) asomó con fuerza en el segundo acto con asaltos regenerados, casando los ‘beats’ y la orquesta, en ‘Saoko’ y ‘La combi Versace’. Aullidos en el Sant Jordi, también a cuenta de la sinuosa repesca de ‘La fama’.
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Espiritualidad y fiesta
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En el corazón del concierto, un contraste agudo: la cadencia de la procesión de Semana Santa, camino de la saeta ‘El redentor’, apuntando a la pasión de Cristo, en la única cita al primer álbum, ‘Los ángeles’ (que nos recordó que la religiosidad no es una novedad en Rosalía) y, de ahí, al ‘cover’ de ‘Can’t take my eyes off you’ (la cantante, enmarcada en un cuadro museístico), y al momento frívolo de la noche, el confesionario. La actriz Yolanda Ramos fue la ‘partenaire’ en esa escena de desahogo a propósito de cierto “perla de cuidado”. Y, en efecto, ‘La perla’ tomó el relevo con su cadencia de vals a la mexicana.
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[–>‘Lux’, el concierto, es todo esto, recogimiento y algarabía con su pizca de mala uva, y un piano blanco con el que su largo cómplice el mallorquín Llorenç Barceló la acompañó en ‘Sauvignon blanc’ (“¡Visca el Taller de Músics!”, exclamó recordando el origen de su amistad), y diatribas dirigidas a lo más alto (la trepidante ‘Dios es un stalker’) y cadencias del sur en ‘La rumba del perdón’. Esta la cantó Rosalía en la pista, rodeada por la orquesta.
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En ese punto, el concierto ya era suyo. Una Rosalía relajada y deslenguada (“¡boti, boti, boti, fill de puta qui no boti!”) desató el trance en ‘CUUUUuuuuuute’ bajo la humareda de un botafumeiro. Deleite general con ‘Bizcochito’, ‘Despechá’, la sátira ‘Novia robot’…, y, cerrando, ‘Magnolias’, pieza de un poder sobrecogedor, el que Rosalía imaginó su funeral, arrodillándose en la imagen más piadosa. Otra escena de altos vuelos que, como todas las anteriores, no pudo ser inmortalizada por los profesionales del fotoperiodismo, lastimosamente excluidos en estas memorables noches del ‘Lux tour’.
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