«El panorama se ha ensombrecido bruscamente»
Según el Fondo Monetario Internacional, la guerra en Medio Oriente ha empeorado una economía mundial que iba mejor de lo esperado. Esa es la idea principal del informe Perspectivas de la economía mundial: que el shock bélico de Donald Trump en Irán … Ha desacelerado el crecimiento y ha hecho subir los precios nuevamente.
Antes de la guerra, el FMI pensó que podía mejorar su previsión para 2026. Después del conflicto ha hecho todo lo contrario, la ha rebajado. Ahora estima que la economía mundial crecerá un 3,1% en 2026 y un 3,2% en 2027. En enero esperaba algo mejor para este año. Sin la guerra, la previsión de crecimiento para 2026 habría aumentado al 3,4%. Es decir, el golpe del conflicto ha restado tres décimas respecto a aquel escenario anterior, más favorable.
El otro gran efecto de esa guerra es la inflación. El FMI ahora espera que La inflación global sube al 4,4% en 2026 y caer al 3,7% en 2027. Por tanto, el problema no es sólo que el crecimiento se esté desacelerando. También están volviendo a subir los precios en un momento en que muchas economías aún no habían superado por completo la anterior crisis inflacionaria.
El impacto alcanzará, aunque de forma más moderada, a la economía española. Los analistas del FMI entienden que España perderá tres décimas de crecimiento en los próximos dos años por lo que su PIB avanzará un 2,1% este año, frente al 2,3% que pronosticó en enero, y un 1,8% en 2027, frente al 1,9% original. La inflación, por su parte, aumentará hasta el 3% este año y se mantendrá en el 2,3% en 2027, retrasando el objetivo de devolver la evolución de los precios al nivel de equilibrio del 2% hasta 2028 como muy pronto.
El Fondo deja muy claro que la guerra ha roto una tendencia que era relativamente positiva. El informe dice que el El panorama mundial “se ha oscurecido repentinamente” y que la guerra «ha interrumpido lo que había sido una trayectoria de crecimiento sostenido». La economía mundial siguió creciendo con cierta solidez, pero la guerra ha cortado ese rumbo.
Tres vías de contagio
El FMI señala tres formas principales en las que la guerra en Irán daña la economía. El primero es la energía. El aumento del petróleo y el gas también provoca que aumenten muchos otros costos, como el transporte, los alimentos, los fertilizantes, la calefacción y la producción industrial. La segunda es la inflación de segunda vuelta, porque si empresas y trabajadores reaccionan a este aumento con más aumentos de precios y salarios, el problema se alarga. El tercero es financiero, ya que hay más miedo en los mercados, mayores primas de riesgo, más fuga hacia activos seguros y crédito más caro.
Por eso el informe concede tanta importancia al estrecho de Ormuz y a la energía, ya que el cierre de esa ruta y los daños a instalaciones críticas en una región central para el petróleo y el gas pueden provocar, afirma, una crisis energética «de una dimensión sin precedentes». Ésa es una de las frases más contundentes del documento presentado en Washington el 14 de abril.
El informe también explica que el escenario central es todavía relativamente moderado, pero depende de una condición importante: que la guerra sea limitada como quiere Trump y que los disturbios se desvanezcan hacia mediados de 2026. Por eso el FMI no habla esta vez de un escenario base normal, sino de una previsión de referencia basada en la idea de que el conflicto no irá mucho más lejos, debido a las indicaciones que da Trump de que prefiere la vía negociadora.
En un escenario adverso, con energía más cara y durante más tiempo, El crecimiento global caería al 2,5% en 2026 y la inflación subiría al 5,4%. En un escenario aún peor, con más daños a la infraestructura energética, la economía mundial crecería sólo alrededor del 2% y la inflación superaría el 6% en 2027. En pocas palabras: si la guerra se prolonga o se expande, la desaceleración económica podría ser mucho más grave.
Otra idea importante del informe es que el golpe no será igual para todos. A nivel global, la reducción de expectativas parece limitada. Pero el FMI insiste en que los países más afectados serán los más frágiles, especialmente los importadores de energía y materias primas dentro del grupo de economías emergentes y en desarrollo. Para ellos, el recorte del crecimiento en 2026 es mayor que para las economías avanzadas. Por tanto, el promedio mundial oculta daños mucho más severos en los países más vulnerables.
El texto añade algo importante: que incluso algunos exportadores de energía pueden resultar perjudicados. No sólo por el precio, sino también por cierres de producción, daños en infraestructuras, restricciones a las exportaciones y caída del turismo o de la actividad. La guerra introduce costos que afectan a casi todos.
También vale la pena destacar de dónde venía la economía antes del conflicto. El FMI recuerda que, antes de la guerra, la actividad mostraba sorprendentemente una tendencia ascendente. En el cuarto trimestre de 2025, el crecimiento global anualizado fue del 3,9%. China aguantaba gracias a sus exportaciones, Alemania apoyaba la actividad con más gasto fiscal y Estados Unidos seguía mostrando fortaleza, aunque con signos de menor dinamismo en el empleo. Esto refuerza la idea central del informe: el problema no fue una caída previa de la economía mundial, sino el impacto de la guerra en una economía que aún resistía.
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